José Luis Íñiguez Durán. Restaurador de bicicletas

José Luis, coleccionista y restaurador de bicicletas, será un día como cualquier otro.

José Luis tiene un taller de bicicletas en la colonia La Huerta, en Oblatos.

Publico

Para José Luis, coleccionista y restaurador de bicicletas, será un día como cualquier otro. Hace años dejó de usar cotidianamente el automóvil; ahora sólo se mueve en bicicleta. “Es mi medio de transporte. Voy a todos lados en él”.

Todos en su casa prefieren la bicicleta. “Yo tengo dos carros y cuando comencé a usar uno subí de peso”, asegura. Para él la bicicleta es como una amiga, una terapia antiestrés y una importante fuente de salud personal. Las bicicletas, dice, son mucho que dos llantas y un pedazo de metal.

José Luis va “a donde apunta la llanta”. La falta de ciclovías no es un problema: “Ya tengo maña andando en la calle”. Aún así cree que hace falta un carril: “Los camioneros son muy puercos, no respetan al peatón”.

Tiene 60 bicis. Hace catorce años comenzó a coleccionar y al mismo tiempo se volvió un restaurador. Su pasión comenzó a los diez años. “Mi primer bici me la robaron. Si no hubiera pasado eso, no estuviera obsesionado con ellas”, afirma. Fue una Diamond Bike rodado 24. Comenzó su colección con bicicletas Vagabundos. “Las troné y sólo me quede con una”, recuerda.

Es el más chico de cuatro hermanos. Tres hombres y una mujer. El gusto por las bicicletas es familiar. Sus hermanos René y Abraham Tenoch corrían ciclismo de montaña; “René participó en Denver, Colorado”. Su papá les inculcó el gusto por el deporte y la pasión por las bicis.

A los 18 años, José Luis practicaba el bicicross. Durante tres años hizo acrobacias con la bicicleta. Un accidente lo frenó a continuar y su mamá lo castigó con tres meses de no usar la bicicleta.

Entre su colección tiene de montaña, crucero, europeas, Chapulinas, Vagabundos y cinco choppers. Dos son las favoritas: una Schwinn, que bautizó como Sting Ray, y otra Stiletto, que llama Jia, ambas chopper. La Stiletto está arreglada como una moto, le puso respaldo, caja de herramientas y faros, menciona con una sonrisa en el rostro.

José Luis tiene un taller de bicicletas, Chelis Bike, en la colonia La Huerta, en Oblatos. Su especialidad es la pintura, aunque ha realizado todo tipo de trabajos: restauraciones, reparaciones y armado. Su mejor trabajo fue una bicicleta que le regaló a su hermano Abraham. Tardó tres meses en pintarla. “Le hice 1,600 figuras de un centímetro”, presume. El diseño fue una bici Louis Vuitton, como la marca de bolsas femeninas. “Es mi mejor trabajo, a todos lados que la llevo me la chulean y me preguntan en cuánto sale”. Los precios de las bicicletas que José crea varían entre los dos mil pesos y los ocho mil.

Tiene 28 años y todos los sábados se pasea por Guadalajara, en un recorrido que inicia en Javier Mina hacia Periférico poniente y de regreso a Puerto Melaque. Hoy, en el Día Mundial sin Auto, José Luis pasará un día como cualquier otro: entre bicicletas.

Itzel Martínez Thomas