La tragedia del 22 Abril, hace 15 años y aùn no hay justicia


Para muchos, el 22 de abril aún no termina, comenta Rosa María Alcanzar López

RAUL TORRES / La Jornada Jalisco/ 22 Abril 09

Conocer quién es el verdadero responsable de las explosiones del 22 de abril puede sonar a justicia para algunos, pero la verdadera justicia sería que nadie en la ciudad olvidara lo que sucedió, dice Rosa María Alcanzar López, una de las sobrevivientes de aquel miércoles de Pascua de 1992.

A simple vista parece que nada grave le hubiera pasado, pero las dos varillas que lleva en la espalda para sostener la columna y los fuertes dolores en las piernas cada que hace frío o llueve, hablan del daño que sufrió cuando su auto voló más de una cuadra para después quedar sepultado entre los escombros.

Aunque se considera afortunada porque logró salir viva de aquel día, la voz se le quiebra en ciertos momentos al relatar su historia, sobre todo cuando recuerda el trato que recibió de algunas autoridades que, aprovechándose del estado en que muchas víctimas se encontraban, organizaron actos públicos para tomarse la foto y aparentar que algo hacían algo por los afectados.

Eran poco más de las 10 de la mañana cuando Rosa María salió de casa de su hermana, en la calle Violeta, del sector Reforma; iba en su auto hacia una tienda cercana; su hijo, que entonces tenía dos años, no quiso acompañarla y se quedó en casa de su tía; a las 10:15 llegó a la esquina con José Luis Verdía y en ese momento el colector estalló.

“Pensé que había chocado, me golpeé contra el volante y el parabrisas, creo que me desmayé, después sólo me acuerdo del dolor, cuando me estaban sacando”.

Esta parte de la historia la conoce de voz de las personas que la rescataron de entre los escombros: “un señor que tenía un taller cerca de la calle Nicolás Bravo (una cuadra más adelante de donde ella intentaba dar vuelta) que vio caer el carro (un Caprice modelo 80) y después cómo lo aplastaban los escombros”.

“Parecía zona de guerra, los colectores de Gante y Violeta ya habían explotado, nadie sabía lo que estaba pasando, me dolían las piernas y la espalda, no podía moverlas, me tuvieron que poner en una tabla para llevarme en una camioneta particular a la Clínica 1 del Seguro Social, pero ya no había lugar y me mandaron a la Clínica 89”.

Así comenzó algo que hasta hoy no termina, asegura; “para muchos, el 22 de abril sigue sucediendo, hay quienes están enfermos a partir de ese día, quienes murieron después a consecuencia de lo que les pasó ese día, a muchos les amputaron piernas o brazos después”.

El diagnóstico para Rosa María fue el de fractura de clavícula, varias vértebras rotas y aplastamiento de dos discos lumbares, lesiones que tardaron tres años en sanar.

Caos, antes y después

En su opinión, las autoridades nunca supieron qué hacer, aunque –asegura– sabían perfectamente que una explosión de esa magnitud era probable.

“Una semana antes del 22 de abril mantuvieron acordonada la zona, pero nunca dijeron lo que estaba ocurriendo; la gente abría las llaves de su casa y salía olor a combustible, de las alcantarillas salía gas. Pero el 22 por la mañana quitaron todo y en las noticias dijeron que no había riesgo de nada. Después estallaron 18 kilómetros de calle”.

Recuerda que aquel día no supo de su familia hasta las 9 de la noche, porque nadie sabía qué estaba sucediendo y cómo controlar la situación; según su relato, las evacuaciones posteriores generaron más pánico entre las personas, pues ninguna autoridad podía organizarlas.

“A mi madre la sacaron de su casa y le dijeron que fuera en una dirección, pero de repente mucha gente venía hacia el lado opuesto; cuando preguntó qué debía hacer, uno de los de Protección Civil le dijo que tomara un camión y saliera de la ciudad porque ni ellos sabían qué estaba pasando”.

Rosa María piensa que en estos 15 años se han movido muchos intereses, y muchas personas que realmente necesitan la ayuda no la han obtenido; expresa que aún está pendiente el tema de saber realmente cuántas personas murieron, pues el mismo 22 de abril, el entonces gobernador, Guillermo Cosío Vidaurri, ordenó la entrada de trascabos antes de que llegara el presidente Carlos Salinas.

“No es creíble que en 18 kilómetros de calle sólo murieran 200 personas; durante la misa para recordar el primer año se pidió que quienes hubieran perdido un familiar colocaran una cruz en la calle y el Ayuntamiento pasó inmediatamente quitándolas”.

Son muchas las irregularidades a lo largo de 15 años, muchas las personas que sufrieron, mucha la represión, pero –continúa la maestra– esto no debe olvidarse y verse como un hecho aislado, que sucedió sólo en un sector de la ciudad. “Si hubiera pasado en otro lugar, donde la gente tuviera dinero, las consecuencias hubieran sido otras”, concluye.


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