Ciclismo y Salud

Por Eva Montero, psicóloga del Deporte
Vía www.arueda.com
Los beneficios de dar pedales para la mente y el cuerpo.

El ciclismo es un deporte óptimo para mejorar nuestra salud, a pesar de la imagen...
Que el deporte es salud te lo dirá cualquier médico, eso es bien sabido. Previene enfermedades tan graves como el infarto de miocardio, reduce la hipertensión, mejora la diabetes, incluso es beneficioso para las enfermedades respiratorias (asma, bronquitis, etc.). También, por supuesto, es fundamental como tratamiento y prevención de la obesidad. Pero ¿vale todo tipo de deporte? ¿Para cualquier persona? Cualquier deporte practicado de forma habitual y moderada (no la alta competición) mejora la salud, por norma general, al reducir la tasa cardiaca en reposo. Pero según la persona y sus circunstancias, un tipo de deporte suele estar más recomendado que otro, ya que en algunos casos puede resultar también perjudicial.

El ciclismo es fundamentalmente un ejercicio aeróbico, aunque los profesionales tienen muchos momentos anaeróbicos

Anaeróbico versus aeróbico
Los deportes suelen clasificarse en dos categorías en función del consumo de oxígeno que realizamos cuando lo practicamos: aeróbicos y anaeróbicos. Aeróbico significa con oxígeno y anaeróbico sin oxígeno. Al realizar un ejercicio físico intenso, la frecuencia cardiaca se dispara, el oxígeno no llega a los músculos y en su lugar se utilizan fosfato de creatina y glucosa para proporcionar la energía necesaria (ejercicio anaeróbico). En cambio, si el ejercicio es menos intenso y prolongado en el tiempo, la frecuencia cardiaca aumenta progresivamente y la energía se produce utilizando como combustible el oxígeno que llega a los músculos transportado por la sangre (ejercicio aeróbico).

Puede considerarse que deportes como las artes marciales, saltos y levantamiento de pesas (entre otros) son de tipo anaeróbico, mientras que el ciclismo y las carreras de fondo son aeróbicos. Seguramente muchos de vosotros sabréis lo que es el umbral anaeróbico, el punto en el que precisamente se pasa del ejercicio aeróbico al anaeróbico, donde el cuerpo suele resistir sólo unos pocos minutos. Esto ocurre en ciclismo, por ejemplo, en un esprint y en una rampa empinada. Por tanto, el ciclismo no es exclusivamente aeróbico como tampoco es exclusivamente anaeróbico un arte marcial, en donde hay un tiempo de espera antes de acometer un golpe en un combate.

El ciclismo puede practicarse durante todos los meses del año

Es decir, ninguna actividad deportiva suele ser es exclusivamente anaeróbica o aeróbica, pero se define así en función de cómo el cuerpo obtiene su energía la mayor parte del tiempo que se practica dicho deporte. En el caso del ciclismo de competición habrá más episodios de anaerobia, en el caso del cicloturismo, por lo general, mucho menos.

Deporte aeróbico, estrés y corazón
El estrés produce una movilización de las defensas del organismo que perciben una amenaza y producen grasa como “gasolina” para un escape o una huida. Como dicho escape o huida no se produce, esa grasa (colesterol) no se consume y se acumula en las paredes de las venas, estrechándolas y dificultando el paso de la sangre, pudiendo llegar a provocar lo que se conoce como la cardiopatía isquémica, principal causa de mortalidad en los países industrializados, cuyas manifestaciones más comunes son el infarto, la angina de pecho, la muerte súbita y la insuficiencia coronaria.

El deporte reduce nuestro nivel de estrés siempre y cuando no suponga una competición continua

El deporte reduce nuestro nivel de estrés siempre y cuando no suponga una competición continua. En ciclismo, un “pique” de vez en cuando viene bien para activarnos y soltar la adrenalina generada en otros ambientes (trabajo, familia…) pero estar continuamente “en guardia” por si salta alguno de nuestros compañeros del club y responder a todos los ataques puede ser más perjudicial que beneficioso, pues al final generamos más estrés en lugar de reducirlo. Los episodios anaeróbicos dentro del ciclismo son sanos (es como la reacción de escape o huída) siempre y cuando no se produzcan en exceso, ya que se recupera peor y produce cansancio antes de tiempo, dificultando nuestra progresión física y mental. Para saber si estamos utilizando la adecuada proporción de ejercicio aeróbico y anaeróbico, podemos anotar en una libreta estas consideraciones al volver de cada salida:
  • Fecha
  • Grado de cansancio (0-10)
  • Grado de satisfacción (0-10)
  • Veces que sobrepasé el umbral anaeróbico
El deporte aeróbico quema más grasa, bajando el colesterol y reduciendo la posibilidad de la cardiopatía isquémica.


Es importante comparar entre una salida y la siguiente, pues aunque quedemos satisfechos a pesar de terminar muy cansados, podemos pagar el esfuerzo en la siguiente ocasión. La fecha también cuenta por los días de descanso entre una salida y otra. Lo importante es conocer la relación entre estas tres medidas para saber cuántas veces como máximo podemos sobrepasar el umbral sin acabar agotados.

Por otro lado, el deporte aeróbico quema más grasa, bajando el colesterol y reduciendo la posibilidad de la cardiopatía isquémica. De hecho, a personas que han sufrido un trastorno cardiovascular o que padecen de hipertensión se les recomienda realizar ejercicio físico o deporte, siempre aeróbico. Lo mismo ocurre con las personas que padecen ansiedad, se les recomienda actividades físicas de tipo aeróbico para reducir sus niveles ansiógenos. Lo veremos en el siguiente artículo.


Eva Montero es psicóloga del Deporte
emonterodo@cop.es