Ciudad que exaspera

JORGE GÓMEZ NAREDO/La Jornada Jalisco/29-03-10

Vivo en una ciudad donde las banquetas son consideradas, por casi todos, como estacionamientos de autos; donde la gente que va en coche no sabe, a ciencia exacta, para qué sirve la palanca que está atrás del volante y que se le conoce como “direccional”; donde cruzar una calle se convierte en una odisea llena de peligros. 

Vivo en una ciudad donde la gente, cuando montas en una bicicleta, te dice: “pero cuídate, porque todos manejan como locos” (incluyendo, claro está, al que te lo dice); una ciudad asesina, que ha dejado muertos por doquier causados por el transporte público, y también por el privado. Vivo en una ciudad que exaspera, que encabrona, que pone a uno lleno de rabia y de ira, que deja, todos los días, ánimos de coraje, y también multitud de jirones color impotencia.


Esta ciudad es como una selva, que no se reconoce como selva, y sí en cambio se asume decididamente como “civilizada”: una metrópoli de turismo y de grandes eventos, de ferias con libros y festivales con películas, de cantos en auditorios recién estrenados y teatros inconclusos que sirven de cafés, de justas deportivas y esperanzas de internacionalización. Esta ciudad sí, de cierta manera, es civilizada. Pero también salvaje, también ilógica, también estúpidamente absurda. O inmensamente absurda. Como se le quiera ver.

Como se le quiera vivir.

Tres en uno
A veces soy peatón, muy pocas veces me visto de automovilista y la mayoría del día mis traslados son en bicicleta. Soy todos a la vez: el débil, el un poco menos débil y el poderoso. El auto en esta ciudad salvaje es el que rige y manda: es fuerte, es máquina y es modernidad; se le permite todo, o casi todo. Una amplia mayoría de quienes habitan esta ciudad sueñan con tener un auto, y si ya lo tienen, sueñan con tener otro mejor, y si tienen ya otro mejor, sueñan con poseer más autos, y más lujosos, más grandes, más llenos de prestigio. Y es que el auto da prestigio, da clase y visibilidad. El auto como deidad, como deseo perpetuo. Y también como aspiración económica y social.

La bicicleta es anticuada para unos y moderna para otros, es de los pobretones y de los “alternos”. Desde hace algunos años la bicicleta se ha puesto de moda entre la “gente bien” que ha visitado países europeos y se ha maravillado con esas latitudes, con el progreso de allá y con las facilidades que da el confort y la movilidad eficaz. Hay quienes dejan sus autos (más o menos lujosos) en sus casas y mejor se ponen bicicleteros. Pero también están los que siempre han andado en bicicleta, los condenados a la calidad de peatón y a ser usuario sempiternos del transporte público, los que nunca han viajado al extranjero y tienen bicicletas que precisan inmensos esfuerzos físicos para pedalearlas, que no son de aluminio, y menos de carbón, que son de fierro, fierro pesado: fierro barato, fierro de pobre. En eso de andar en bicicleta, sin duda, también hay raleas y divisiones, “gente bien” y gente pobre, ricos y jodidos, fashions y obreros.

Al final de todos está el más débil, el más endeble: el peatón. Y también aquí hay diferencias: el peatón que siempre es peatón y el peatón que nomás lo es para cruzar la calle que separa el estacionamiento donde deja su auto de la oficina o el lugar de solaz. A los peatones de siempre les va mal: suelen bajar las aceras (lugares dedicados para su movilidad) porque un auto está ahí tapándoles el paso. Se arriesgan a ser atropellados, a quedarse ahí, tirados en el pavimento, sin vida: cadáveres. También los peatones se cuidan de las bicis que toman las banquetas como suyas y las hacen una especie de etapa del Tour de France. Y es que la vida de peatón no es fácil: se complica en esta ciudad civilizada, en esta metrópoli de festivales con películas y ferias con libros.

Sin saber…
Cuando dio la vuelta, no supo qué pasó. Jamás sabrá el qué, el cómo y el por qué. Y es que las ruedas del camión eran muy pesadas, muy asesinas. Él quedó tirado en el pavimento, junto a su bicicleta: una bicicleta de obrero. La cabeza, su cabeza, ya no pensaba. Ya estaba hecha silencio. Ya no hubo vida. A unos cuantos metros del “percance” salió de una unidad de la Cruz Verde una ambulancia. Los paramédicos, al llegar, simple y llanamente dijeron: “no va más”. Pocos minutos después arribó una camioneta blanca que llevaba pintado un logotipo con las letras “IJCF”. El chofer del minibús estuvo preso unos días: después quedó libre y ahora pasa decenas de veces al día por ese lugar, el lugar donde él, que iba en bicicleta, quedó tirado en el pavimento, sin vida, sin recuerdos, sin saber a ciencia exacta el qué, el cómo y el por qué.
¿Nos extraviamos?, ¿cuándo?

Esta ciudad es agresiva. Es agresiva con los peatones y con los ciclistas. Y también con los usuarios del transporte público, un transporte decadente, caro y asesino. Pero la culpa no solamente es de los choferes de este servicio. También están los automovilistas particulares: el transporte privado. Son las doce del día. Arriba el sol, abajo mucho calor, un calor que anuncia más calor. La ciudad se muestra en toda su cotidianidad. Viandantes esperan que el semáforo se ponga en rojo. Y el rojo llega. Al cruzar por la esquina, esquivan automóviles que están encima de las rayas blancas (antes amarillas). Y es que los espacios de los peatones son violentados constantemente por los automovilistas: banquetas tapadas por autos, cruces peatonales obstruidos por autos, autos por dondequiera, siendo reyes, siendo majestades y siendo amos: quienes mandan, quienes ordenan y deciden. Esto es siempre: se repite miles de veces en esta ciudad. Todos los días. Todos los meses. Todos los años. ¿En qué hemos fallado?, ¿qué nos salió mal?, ¿dónde nos extraviamos?

Domingos
Ella monta su bicicleta. Él también. Todos acá van en bicicleta. Es domingo, día en que la gente se viste de ciclista en varias avenidas de la ciudad. Solamente se viste. Y es que existe entre los que habitan esta ciudad una especie de conciencia de automovilista, que no se quita si uno es peatón o ciclista, que permanece siempre. La Vía RecreActiva provoca que los automovilistas, un día a la semana, se pongan bicicleteros y reproduzcan sus conductas cotidianas, pero ahora montados en una bicicleta. Los peatones son los débiles. Los condenados a ser obstruidos, ahora no por un auto: ahora por una bicicleta. Sí, los domingos, por las mañanas, suele ser el momento de la bicicleta, la entronización de este vehículo, pero no es el momento de la movilidad, ni de la unión de distintos medios de comunicación en una vialidad incluyente.

Él, que espera; él, que es paciente
Él espera el camión en el mismo lugar, todos los días, a la misma hora: deja pasar uno, deja pasar otro, van cinco, van diez. Por fin, después de varias decenas de minutos, llega el suyo. Una grúa, bastante primitiva, baja y lo alza a él y a su inseparable asiento: su silla de ruedas. Al terminar el trayecto, la misma operación: ruidos de la grúa, automovilistas haciendo pitar sus cláxones enfurecidos, iracundos, como si les robaran la vida. Él baja. Está en la banqueta. Se conduce a la esquina y desciende por una rampa hecha para él y sube por una rampa hecha para él. Después viene otra rampa, y ésta está obstruida: una camioneta modelo reciente. ¿Qué hacer? Rodear, ir a otra rampa, bajar, ascender por otra, bajar, subir, camino obstruido, ir más allá, bajar, obstruido, ir más allá, subir, bajar. Hasta que por fin llega a donde va. Él espera, ha aprendido a ser paciente, a contar el tiempo de distinta manera, más pausadamente. Es la civilización tapatía: es la ciudad que tenemos. La que encabrona, que pone a uno lleno de rabia y de ira, que deja, todos los días, ánimos de coraje, y también multitud de jirones color impotencia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Increible manera de ver la ciudad. Sin duda, hay de todo en un dia, en una ciudad. Soy de Culiacan y pasan cosas similares, sumando la inmensa violencia que vivimos, las actitudes prepotentes y agresivas de las personas. Es una lastima que le malgaste tanto tiempo haciendo corajes y mentando madres.
Me gusto mucho la nota, gracias.

Anónimo dijo...

Tienen serios problemas con el layout de su blog. Los comentarios son en texto negro sobre fondo negro.