Mirar para atrás sin perder el equilibrio

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Es tan sólo una de las habilidades que es necesario desarrollar para andar en bicicleta. Mirar hacia atrás para posicionarse, mirar atrás para comprobar que el camino está expedito, que no nos sigue nadie que nos pueda violentar o simplemente para comprobar cómo avanzamos. Hacerlo sin perder la dirección, sin perder el control de la bicicleta es una de las primeras cosas que me enseñó mi padre.

Antes hay que saber mantener una trayectoria sin hacer extraños, seguir una línea recta mirando al horizonte, trazar una curva con anticipación, frenar a tiempo, corregir una trayectoria, soltar una mano o las dos, indicar los giros, salvar un obstáculo inesperado… pero una de las maniobras más difíciles es la de volverse en la bicicleta sin irse al carajo.


Hay muchas cosas que hoy en día muchos padres no van a poder enseñar a sus hijos simplemente porque ellos tampoco saben hacerlas, porque no las han hecho nunca o porque no le han dado la importancia suficiente para seguir haciéndolas.

Andar en bici adecuadamente debería ser una enseñanza obligatoria en nuestra sociedad actual, igual que debería serlo aprender a nadar con seguridad y muy por delante de aprender a esquiar.


Sin embargo, hoy prestamos más atención a otras cosas mucho más triviales y menos útiles para nuestros chavales. Y así nos va.

Creemos que es más importante afianzar otra serie de valores y habilidades, que aquellas que les van a hacer más seguros, más autónomos, más independientes y más conscientes de los riesgos que pueden asumir. Andar en bicicleta con soltura es sin duda una de éstas.

En vez de eso, preferimos proponer otros modos mucho más complicados, más caros y más difíciles de alcanzar (cuando no imposibles) para tratar de animar a la gente a que ande en bicicleta porque, en el fondo, nos parece bien que lo hagan. Y así proyectamos redes de vías exclusivas para ello, con intersecciones peligrosas, giros imposibles y soluciones de continuidad inverosímiles y nos quedamos tan tranquilos mandando por allí a nuestra gente, como zombis, aferrados a sus manillares, rígidos, agarrotados, inseguros.

Y es sólo porque no sabemos andar en bici. Con y sin tráfico, en la ciudad y en la carretera. Y no es que lo hayamos olvidado. Es que nunca lo hemos sabido. Porque no nos hemos puesto a ello. Porque dejamos la bicicleta cuando era un juguete y ahora no nos atrevemos a manejarla como un vehículo. Porque nos da miedo. Y somos capaces de inventarnos un mundo paralelo para conseguirlo. Porque no sospechamos que adquirir estas habilidades es mucho más fácil que tratar de cambiarlo todo.

No pasa nada. Todo se aprende.