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Guadalajara, pueblo bicicletero

Salvador Novo describió, a finales del siglo XX, a la sociedad tapatía sobre dos ruedas; actualmente los ciudadanos tratan de rescatar el uso del biciclo

Informador/22-04-12

“En ninguna parte que yo conozca hay más bicicletas que en Guadalajara”, consignaba un sorprendido Salvador Novo a finales del siglo XX.

En los muros del Museo de la Ciudad de Guadalajara se lee un relato del poeta y cronista mexicano en el que describe el uso de frecuente y generalizado de la bicicleta en Guadalajara. Se exhibe al lado de fotografías históricas, como el Parque Agua Azul, aún con su lago.

Estáticos, con la piel y ropas a blanco y negro, un pelotón de ciclistas encabezados por los tapatíos Ixca Farías y Luis Pérez Verdía presumen la tradición del pueblo bicicletero que refería Novo, tradición que muchos no han perdido y que otros tantos buscan recuperar en la ciudad.

Este 19 de abril se conmemoró el Día Internacional de la Bicicleta. En Guadalajara, el uso del velocípedo ha tomado un nuevo significado desde que en 2004 se instauró la Vía Recreactiva. Todos los domingos, cerca de 200 mil usuarios se montan en sus bicicletas y salen a recorrer las calles de la ciudad. Los ciclistas deportivos y los de ocio; los ciclistas fashion y los que pasean con su ropa de domingo; los que van solos o en grupo: las historias ciclistas siguen aumentando en Guadalajara.

Martín y Boby

Martín y Boby pasean por la Vía Recreactiva y causan sensación. Las miradas de los ciclistas que los rebasan no pueden evitar fijarse en este curioso par, y es que Boby es un perrito French Poodle que va muy bien montado entre el manubrio y la tijera de la bicicleta de su amo.  

Dice Martín Ávalos, de 52 años, que a Boby le gusta mucho pasear en bici los domingos. Al principio, Martín lo jalaba con una correa pero lo lastimaba ligeramente con la llanta delantera. Hasta que un día lo subió y “solito se acomodó (…) A veces lo corro un ratito, una cuadra allá por los Arcos”, dice Martín, “nada más una vuelta y lo vuelvo a subir. Si no, se cansa mucho”.

Martín se desplaza en bicicleta desde los 11 años. Todos los días se monta en ella para ir de su casa, en el barrio Analco, hasta a su trabajo en una tortillería en el Parián, lo que le toma cerca de 25 minutos.

Y aunque sí tiene un automóvil, a Martín le parece más práctico tomar el biciclo. “El auto vino hasta después, pero ya me acostumbré a andar en bicicleta. Siento que es menos conflictivo y más en las horas pico”. Cuando el tráfico está muy pesado, Martín prefiere circular cuidadosamente por la banqueta. “A veces sí me da miedo, pero nunca he tenido un accidente”, dice.

“Pienso que se le está dando más promoción a la bici para que la usemos más, porque es bueno usarla. Para mí es bueno. Siento que a lo mejor más delante ya no la voy a poder usar, pero mientras pueda, ahí sigo”.

Mundo Fixie

“Uno llega a las fixies  por diferentes razones, y la estética es una de ellas”, dice Adrián García, un arquitecto de 30 años que después de mucho tiempo de ser un ciclista regular, probó la experiencia de las bicicletas fijas y ya no quiso abandonarla. Las llantas ultra delgadas, la ausencia de cables y la ligereza de estas bicicletas, atraen de inmediato la atención de los ciclistas urbanos más aventureros.

Sucede que en las bicicletas de piñón fijo, también conocidas como fixies (Fixed Gear en inglés), no existe un punto muerto, lo que significa que siempre que las ruedas estén en movimiento los pedales estarán girando. Para frenar, por tanto, se debe imprimir una fuerza inversa al sentido de la marcha.

“Hay una relación directa con el desplazamiento”, explica Adrián, “el cual es controlado al cien por ciento con la fuerza que tienes en tus piernas, ya sea para acelerar o para desacelerar”.

La moda de las fixies  es relativamente reciente en Guadalajara, asegura César Chávez, un joven de 21 años originario de Tijuana que, al llegar a la ciudad, se sorprendió de la dificultad de encontrar aquí las piezas para su bicicleta fija.

Y sin embargo, cada vez hay más ciclistas que optan por este tipo de bici. Existen ya algunas tiendas especializadas —como la boutique 33 (Justo Sierra casi Chapultepec), donde trabaja César— así como distintas agrupaciones como Fijalajara (http://www.facebook.com/fijalajara), dedicadas a organizar rallies, carreras, paseos y otras actividades dirigidas a la pequeña hermandad tapatía de las bicicletas fijas.

“Cuando vas por la calle y te encuentras a un fijo, te saluda aunque no te conozca, porque sabes que eres fixie”, dice César Chávez, visiblemente orgulloso de pertenecer a este selecto grupo.

Chica en bicicleta

Ahtziri González monta sobre una bicicleta Murray, color azul metálico, que muchos años atrás compró y utilizó su papá. Es una bici muy sencilla, pero la joven de 20 años planea enchularla en los próximos días: quiere comprarle unas salpicaderas, una canasta, un timbre, luces delantera y trasera, una parrilla y un espejo.

También buscará un casco para su protección personal, porque sus padres insisten. No tanto para sus trayectos a la escuela, ya que ir el Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingeniería —donde estudia para ser químico farmacobiólogo— está muy cerca de su casa en la colonia Olímpica. Pero todas las tardes esta chica pedalea cuesta arriba hacia su trabajo, en un pequeño restaurante ubicado cerca del Centro Magno.

“Utilizo la banqueta, porque me da miedo andar por la calle”, confiesa Ahtziri, quien regularmente intenta tomar el pequeño tramo de ciclovía de la Avenida Washington, “aunque sea nomás un pedacito”.

Ahtziri no tiene un auto propio, y casi siempre prefiere pedalear que subirse al transporte público: “haces ejercicio y es más rápido que andar en camiones”, dice la estudiante, quien hasta la fecha no ha tenido ningún accidente vial, excepto por algunas caídas leves.

Además de transportarse y asistir todos los domingos a la Vía Recreactiva, a Ahtziri le gustaría salir a rodar en los paseos nocturnos. Quizá alguno de estos miércoles.

Ciclista intrépido

“A mí lo que me gusta es moverme, no tanto andar en bici”, afirma Javier de la Torre, quien en el momento en que se dio cuenta que en auto ya no podía circular con igual rapidez por la ciudad, optó definitivamente por la bicicleta.

Esto fue algunos años antes del boom ciclista en Guadalajara. Desde 1999, el diseñador de 36 años pedalea en todos sus trayectos: desde su casa en la colonia Americana, hasta el ITESO donde es profesor; de su oficina en Avenida México, a visitar a sus clientes a donde quiera que sea necesario.

Su mayor beneficio: la velocidad; pero también “es divertido, te da mucha libertad y es muy económico” dice Javier. Además, “si no anduviera en bicicleta sería muy sedentario, entonces pago mi gimnasio y mi transporte al mismo tiempo”.

Narra Javier que en los inicios de su experiencia como ciclista urbano en Guadalajara, “era muy joven y tenía mucha pierna, y no tenía idea de donde me estaba metiendo (…) Después empezaron los rallies en Guadalajara (2009) y toda mi forma de pedalear cambió”.  Las cosas que antes no hacía por precaución, como circular entre los autos y camiones, empezaron a ser más cotidianas: “de vivir junto a la banqueta de repente toda la calle se hizo mi ciclovía”.

Además de participar y ganar en numerosas ocasiones los ‘rallies en rila’ que organizan distintos grupos ciclistas en Guadalajara, Javier se ha hecho cargo del Bici Póker, una carrera en la que además de la velocidad, influye el factor del azar. El ciclista va reuniendo cartas en los puntos de chequeo, y según la combinación se restan minutos del tiempo final.

En 13 años de moverse en bicicleta por Guadalajara, Javier ha visto una gran evolución en cuanto a cultura vial. Dice el diseñador que antes era impensable que un auto diera el paso a un ciclista, y desde que empezó la Vía RecreActiva, sorprendentemente los carros empezaron a respetar mucho más.

“Supongo que lo que me dicen a mí mis tías, se lo dicen a otras gentes que andan en bici: ‘cuando veo un ciclista en la calle yo lo cuido porque creo que eres tú’. Entonces si hay muchas tías de estas de todos los ciclistas de la ciudad, eso ayuda un poquito”.

Irma triciclista

Durante su niñez, Irma Martín nunca aprendió a andar en bici: “No nos dejaba mi papá, más que nada por la idea de que las mujeres no teníamos que andar en bicicleta”.

Lo anterior no le ha impedido ser una usuaria asidua de la Vía Recreactiva: todos los domingos desde hace cerca de dos años, Irma se monta en su triciclo y recorre las calles de la ciudad.

“Me encanta caminar por Vallarta y ver todas esas casas preciosas que hay; los árboles, la gente conviviendo, el estar en una calle sin que haya carros. Llego hasta la Minerva y disfruto mucho el aire fresco. Por lo regular me vengo desde temprano; el ejercicio me hace mucho bien”.

Fue su hijo quien, un buen día, llegó a casa con este triciclo, el cual fue producto de un cambalache con sus amigos quienes se quedaron con una bicicleta vieja. Lo pintó con rayas blancas y negras, estilo cebra, y se lo regaló a su mamá.

Pero Irma sólo lo utiliza en los paseos dominicales. Durante el resto de la semana Irma debe moverse en camión, a pesar de los fastidios que le provocan los crecientes embotellamientos. “No me animaría a agarrar el triciclo en días normales porque los automovilistas no nos respetan”, dice, “me da mucho miedo que se le vienen a uno encima”.

Solamente los domingos, Irma utiliza la ciclovía de Federalismo para llegar a su casa, ubicada cerca de la estación del tren de Mexicaltzingo. Y así prefiere continuar: haciendo del triciclo su gran disfrute del fin de semana.

Yair y el Bici Polo

Antes de ingresar a la escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara, Yair Ademar probó suerte en la carrera de sociología, ubicada en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, cerca de la Normal.

“Se me hacía estúpido y muy incómodo ir al CUCSH en carro y buscar estacionamiento durante más tiempo del que tardaba en el trayecto”, recuerda el joven de 19 años, quien a partir de entonces decidió adoptar a la bicicleta como su vehículo cotidiano. “Empecé a agarrar una bici que me encontré en mi casa: un amigo la dejó y yo me la llevaba. Me empezó a gustar, y luego conocí a todos los de las bicis”.

En un día normal, Yair va de su casa –ubicada en Santa Tere— a su escuela –ahora en el Centro histórico— y de regreso. Por las tardes el pedaleo se dirige hacia Ciudad del Sol, donde el joven toma clases de pintura, y más tarde, vuelve a bajar para ir a la Alianza Francesa.

Además de utilizar la bici con fines prácticos, Yair es miembro regular del grupo de Bici Polo Tapatío (http://bicipolotapatio.blogspot.mx/), el cual se reúne todos los martes y jueves para practicar esta variante del polo que se disputa sobre bicicletas en lugar de caballos.

Son tres jugadores por equipo sin un portero fijo, que deben golpear una pelota con un palo llamado mallet para marcar goles en una cancha de 20 por 40 metros. En Guadalajara está ubicada en la unidad deportiva Héroes de Chapultepec, en Nicolás Romero y Jaime Nuno.

 “Es algo informal: jugamos partidos, no entrenamos”, aclara Yair, quien durante cerca de ocho años tuvo la experiencia de ser deportista de alto rendimiento en el hockey y bicicleta de montaña.

Viajero en dos ruedas

Jesús Ochoa utiliza la bicicleta en la ciudad de manera variable: casi todos los domingos y para algunos trayectos cortos en las inmediaciones del Centro histórico, donde tiene su casa.

Pero una o dos veces al año este ingeniero civil de 55 años, se propone pedalear hasta Ajijic. Son aproximadamente 50 kilómetros hasta Chapala, y otros 15 km hasta el pintoresco pueblito junto al lago.

“Para hacerlo, me mentalizo y entreno: dos o tres meses antes empiezo a recorrer toda la Vía (Recreactiva) a manera de precalentamiento, y luego le voy aumentando. Después me voy al Parque Metropolitano y empiezo con tres vueltas mínimo, y cuando logro cinco o seis siento que los músculos están listos para el arranque”, narra Jesús.

Cuando llega el día, Jesús toma la bicicleta –a veces solo, a veces acompañado— y empieza a pedalear. “Bajo la del Tapatío, voy llegando al aeropuerto y si me siento bien, le doy otro poquito. Pero si siento un tironcito me voy de reversa, porque no me gusta arriesgar a tener un tirón más fuerte”.

Jesús utiliza la bici desde que era un niño. La que tiene actualmente es una sencilla bicicleta de montaña: “es normalona, no tiene nada de especial”, dice él.

Con ella le gusta asistir a la Vía Recreactiva, que en su opinión es de las pocas cosas buenas que han hecho los políticos: “Antes estas calles estaban abandonadas  los domingos, con escaso tráfico. Ahora se aprovecha para las familias pensando en que hay una cantidad de población muy grande que no puede ir a paseos fuera de la ciudad. Haces ejercicio y disfrutas la ciudad. Está muy bien”.

VIAJE
El día D

El 19 de abril de 1943, el químico suizo Albert Hofmann consumió la primera dosis controlada de Dietilamida de Ácido Lisérgico (LSD) y, bajo su influencia, salió a pedalear por Basilea. Por ello, la fecha de esta primera experiencia psicodélica sucedida hace 69 años, se celebra también como el Día de la Bicicleta.

Conmemoración
“Bicycle Day”

Fue en Los Ángeles, California, a mediados de la década de los ochenta cuando se empezó a conmemorar el “Bicycle Day” para celebrar a este medio de transporte no motorizado que entre sus múltiples ventajas, otorga una visión alternativa. Un vehículo que no sólo sirve como medio de transporte, sino que conduce a una vida más sana y permite que su usuario sea mayor partícipe de su entorno.

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