Chuy, el de las bicis bonitas: su normal obsesión, su extraña relación

Lina Palafox/ Fotos: Nancy Cisneros/puc.com.mx

Él es Chuy y su primera bici fue una Raleigh. Se la dio su papá cuando apenas tenía 14 años. Acto seguido, la cambió por una BMX Diamond Back, lo que ocasionó una buena reprenda de su padre, quien entre apasionado y frustrado, le explicó el valor de las cosas antiguas, evento que cambiaría su vida de ahí en adelante.

Su afición por las bicicletas, recuerda, inició a los 11 años, cuando las bicis en general “excepto las de montaña porque esas sí nunca me han gustado”, le llamaban más que la atención, ya que eran aquellas cosas por las que ahorraba  el dinero que le daban sus papás y, conforme fue creciendo, trabajó para poder comprar.

A los 15, el gusto por las bicis empezaba a convertirse en pasión. Investigaba el valor de las bicis, su historia, las marcas de sus refacciones, y fue ahí cuando afloró el amor  por el ciclismo y las bicis vintage.

Su primer trabajo le dio la oportunidad de comprarse una Shwinn... Y lo que empezó por gusto, se volvió algo incontrolable. De hecho, las bicis ya no caben en su cuarto.

Tampoco es que sean tantísimas, hemos sabido de casos más extremos, que tras el auge del ciclismo en Guadalajara, aprovecharon para echar rienda a su obsesión por estos móviles de dos ruedas... que ni tan móviles, pues al acumularlos, se vuelven objetos de poco uso, transformando su función de transporte en una especie de objetos fetichizados. Pero para él, tener tanta bici y refacciones, ya representa un lío, y si no pregúntenle a los que viven con él...

Y así es el caso de Chuy, en que las bicicletas, sus bicicletas, son una especie de fetiche, sobre las que tiene una filia que incluso predomina sobre sus relaciones interpersonales.
Sus seis bicicletas ahora viven con él. Bueno, ahora cinco, desafortunadamente nos enteramos que días después de la entrevista le robaron una, la de ruta, impecable, bien tratada, con muy buenas refacciones... y así se fue. Una especie de secuestro para él, pues fue como perder a una de sus chicas.

Aún así existe la posibilidad de que, como en algunos casos ha sucedido, la encuentre en el Baratillo, lugar que frecuenta a menudo para comprar y vender refacciones de bicicletas.

Hacer relaciones con los vendedores de refacciones clásicas ha sido, de hecho, uno de sus hobbies favoritos en los últimos años. Comprar las piezas, tratarlas, y venderlas es su siguiente paso, el cual consolidará con la apertura de su tienda El Engrane, en la que ofrecerá refacciones y bicicletas vintage “tope de gama” a precios accesibles, es decir, tendrá marcas como Colnago, Cinelli, Campagnolo, Magistroni, Somec, Atom, Stronlight, Villiers, Benotto, Sinz, entre otras.

Y sí, tiene otros hobbies, hace otras cosas y las hace bien, como por ejemplo ilustrar y cocinar. Esto último nos consta, ya que hemos sido testigos de sus exquisitas crepas y pizzas, las cuales ofrece en el Tea Room Darjeerling. Sin embargo, confiesa que “el gusto” por las bicis fue el que se le salió de control, acumulando partes y más partes con un alto valor (por la marca, antigüedad y buen trato)... pero bueno, al menos ahora enfocó esa obsesión en algo que quizás se vuelva redituable y así pueda vivir de lo que ama.

Hasta ahora ha armado doce bicicletas, “para mí, armar una es depositar todo mi afecto en ella y reflejar en cada una la personalidad de su dueño”. Es difícil desprenderme de ellas cuando las entrego, pero es algo que ya me estoy acostumbrando a hacer. No obstante, hay una bici de la que no ha podido separarse: su fixie, armada con un cuadro Windsor de pista que llenó con calcomanías.

¿Una ducha con la bicicleta?
En las siguientes fotografías, Chuy se animó a posar para nosotros, replicando unas de sus pasiones más extrañas. Bañar (se con) su bicicleta. Cuenta que ha llegado a limpiarlas -o echarse sus regaderazos con ellas- hasta tres veces por semana, pues disfruta tocarlas, quitarles la grasa entre las coyunturas y dejarlas relucientes para salir con ellas.

“...Cuando no tenía novia, me gustaba mucho salir del trabajo, bañarme con mi bicicleta y luego salir a pasiar con ella al camellón de Chapultepec.”

Extraña obsesión, ¿no?... Pero como Chuy, hay muchos aficionados, apasionados y obsesivos de la bicicleta. Quizás no se hable mucho de las extrañas relaciones que cada uno tenga con su propia compañera de dos ruedas... pero lo que ninguno podemos negar es que la bici ha pasado a formar parte de la vida de muchos, compartirla no es nada fácil, de hecho algunos se niegan rotundamente a que otro pueda siquiera ponerle el trasero encima.

¿Qué es una bici para Chuy? Responde que “es un lujo de un mecanismo simple”, es su depósito de afecto, es la compañera que le gusta salir a lucir a la calle y le permite sentirse orgulloso cuando otros le preguntan asombrados “¿de quién es esa bici?” y él responde: “MÍA”.
... porque cuando sale a rodar con ella, él se siente pleno.


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