España es el cuarto país europeo con mayor siniestralidad ciclista. Esa frase, sin matices, fue el titular sobre las dos ruedas de la semana pasada. La directora de la DGT, María Seguí, muy precavida, se apresuró a pedir cautela y no caer en alarmismos a la hora de valorar los accidentes a pedales. Empezó bien pero acabó mal. La conclusión de su intervención abogaba por promover un uso seguro de la bicicleta y la manera de conseguirlo pasaba por la cohabitación con los vehículos y la ampliación del uso del casco.
Lo dejó caer. De los casi 3.500 accidentes ciclistas que ocurrieron en 2011, 67 acabaron en tragedia. El número impacta pero los detalles son más chocantes todavía: casi todos ellos ocurrieron en carretera, donde es obligatorio el uso del casco. Sin embargo, en la ciudad, donde el uso de la bicicleta no ha dejado de crecer en los últimos años y el casco no es obligatorio, los accidentes mortales a pedales han disminuido. ¿Por qué la directora plantea el casco como solución si el problema es otro? ¿No habrá leído informes al respecto o existirá un lobby de casqueros?
Cuando vas en bici el debate del casco es cotidiano. Desde tu abuela hasta tus amigos no ciclistas, velan por tu seguridad
y te cuestionan sobre las medidas de protección que utilizas al
circular sobre dos ruedas. Son afirmaciones emocionales. Cuando se
analiza la realidad de la movilidad ciclista el sentido del casco pierde
consistencia. “Investigaciones, tanto independientes como
gubernamentales, realizadas en el mundo determinan que la obligatoriedad
del casco para ciclistas disminuye el uso de la bicicleta, mientras que
el mayor factor de seguridad para el ciclista es tener muchos ciclistas
pedaleando y darles mayor visibilidad”, expresa Conbici, coordinadora en defensa de la bici, su opinión en un comunicado.
Ningún país europeo obliga a usar el casco en sus capitales. A pesar de que en algunos, como Dinamarca, el uso de la bici roza el 40%,
el casco nunca ha estado relacionado con la seguridad del ciclista.
Defender esa idea roza la perversidad. Al reclamar mayor protección al
usuario, se transmite la idea de que la inseguridad es culpa suya
por no ir preparado. Ese tipo de observaciones obvian que en la mayoría
de accidentes mortales en bici hay un automóvil a motor implicado. Se
traspasa la problemática al pedaleante sin citar, ni de pasada, la
velocidad y el volumen de los coches. A medida que aumenta la velocidad a la que circula un vehículo, crecen su potencial dañino.
Según un estudio de la OCDE, por cada kilómetro/hora que aumenta la
velocidad, la accidentalidad se incrementa en un 2%. La DGT lo sabe. En
su informe sobre la estrategia de movilidad urbana lo constataban: “sabemos que a partir de 70 km/h un atropello es habitualmente una muerte segura,
mientras que a 50 km/h el riesgo de muerte se reduce al 75%. A 30 km/h
se pueden evitar tres de cada cuatro atropellos”, publicaban. Si la
directora Seguí tiene esta información, ¿por qué implica el casco con la
seguridad y no hace hincapié en las calles tranquilas o las ciclovías?
Probablemente, pocos de los responsables de movilidad urbana van en
bici. Seguramente no escucharan con la atención debida a los ciclistas
que cada día circulan entre los coches y que conocen a la perfección los
puntos negros y la problemática de la ciudad. El argumento del casco ha
sido utilizado por países con escasa tradición ciclista. Haciendo caso omiso a los estudios científicos escritos al respecto, Australia obligó a sus ciclistas urbanos a plantarse el casco
cada vez que hacían un recorrido por la ciudad. El resultado ha sido
una disminución de la movilidad a pedales y aún no ha quedado muy claro
la mejora de la seguridad.
Teniendo estudios, ciclistas experimentados y países que han
experimentado con el casco, sorprende que la doña María Seguí suelte
este tipo de declaraciones. Esperemos que se quede en una mera frase. La
mejor manera de aumentar la seguridad ciclista es sacando más bicis a
la calle, limitando la presencia de coches y un estricto control de la
velocidad en las ciudades. Siento decirles que la prima de riesgo no va a descender porque nos pongamos el casco.

No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada