Académicos
se reunieron con integrantes de #YoSoy132 GDL, y los alentaron a pasar
de un movimiento de marchas, a uno de acciones de vida cotidiana.
FOTO: Carlos Ibarra / Mural
FOTO: Carlos Ibarra / Mural
El dia de ayer viernes 13 de julio los académicos Jorge Rocha
(ITESO), Jorge Gastòn (UdG), Juan Larosa (ITESO) y Carmen Dìaz (ITESO)
integrantes de #yosoy132academicosGDL se reunieron con integrantes de
#yosoy132GDL que al final de la charla eran más de 50 a pesar de la
lluvia que cayó en la zona centro de GDL y platicaron sobre lo que sigue
del movimiento, dudas y retos.
Para escuchar da click aquí: reunion-yosoy132-academicos-gdl-yosoy132-academicos-gdl
Articulo de la revista Gatopardo mencionado por Juan Larosa en la charla:
La cuna se mueve sola
Después de la sorprendente irrupción del movimiento estudiantil
#YoSoy132 —que entre otras cosas cimbró la elección presidencial—,
muchos malpensados se preguntan quién está detrás de todo esto. La
respuesta la tienen sus integrantes: todo el mundo quiere mecer la cuna,
pero la cuna se mueve sola, y nadie sabe con certeza adónde va (y eso
está bien).
POR GUILLERMO OSORNO / FOTOS DE ANA LORENZANA/http://www.gatopardo.com
Se supone que el registro de los participantes para esta segunda
asamblea interuniversitaria del movimiento #YoSoy132 sería de 8 a 10 de
la mañana, pero a las 10:30 del lunes 11 de junio, el trámite estaba
atrasado en la Universidad Iberoamericana. Uno de los problemas más
comentados en la entrada del estacionamiento 1 era la endemoniada
dificultad para llegar en transporte público hasta Santa Fe —en realidad
también es difícil llegar en transporte privado: Santa Fe, en la punta
poniente de la ciudad, es un enjambre de modernos edificios, sin espacio
público, hostil al peatón y ahogado por la falta de vías de acceso—.
Una chica que venía de Cuautitlán Izcalli, exactamente en el otro
extremo de la mancha urbana de una de las ciudades más extensas del
mundo, se quejaba porque, encima de todo, el metro se descompuso en la
mañana. Había llegado de milagro.
Era la primera vez que muchos estudiantes, como esta chica de
Cuautitlán Izcalli, venían a la Ibero, la universidad privada donde
inició el movimiento estudiantil, exactamente un mes antes. El
movimiento mismo se había convertido en una oportunidad única para que
los alumnos de universidades públicas y privadas se vieran la cara por
primera vez. Y ésta, que ha sido una de las características más
interesantes del #YoSoy132, también es una que provoca encontronazos.
El diseño arquitectónico de la Ibero daba cuenta del extrañamiento.
Hay diez entradas para autos y un solo acceso para peatones. Ese lunes
no había clases porque la universidad estaba de vacaciones, así que el
estacionamiento 1 se veía casi vacío. A diferencia de cualquier
universidad pública donde la gente entra y sale con libertad, aquí había
que entregar una credencial en la puerta del estacionamiento, para el
control de la seguridad interna, y caminar por una laguna de asfalto
hasta donde estaba la mesa de registro de la asamblea
interuniversitaria. A partir de allí, sólo se permitía la entrada a los
voceros, así como a algunos observadores y visitantes de distintos
estados de la República.
Pero el verdadero problema de esa mañana era más grave: la amenaza de
que esa asamblea fuera tomada por las organizaciones estudiantiles más
radicales que no habían sido parte inicial del movimiento y de que todo
el esfuerzo hecho y las ganancias políticas obtenidas se fueran por el
caño de la confrontación y la parálisis de las asambleas. En un mes de
vida, el movimiento había logrado cambiar los términos de la elección
para la Presidencia de la República. Antes, el candidato del Partido
Revolucionario Institucional (PRI), apoyado por las principales cadenas
de televisión, parecía imbatible; todo indicaba que el país viviría una
restauración del partido que lo había gobernado por setenta y un años.
Un mes después, el camino del PRI hacia la Presidencia se veía más
arduo. Los estudiantes también habían hecho un comentario muy pertinente
sobre la utilidad pública de la información, el papel distorsionador de
la televisión y otros medios de comunicación y, en general, sobre la
calidad de la democracia mexicana. Sin embargo, muchos comenzaban a
preguntarse: además de hacer protestas y marchas, ¿qué más había que
hacer de cara a las elecciones? ¿Sobrevivirá el movimiento #YoSoy132
después de los comicios del 1 de julio? Y si la respuesta era
afirmativa, ¿cómo iba a asegurar su vida futura?
Durante semanas, hubo un órgano de dirección informal, llamado la
Coordinadora, al que fueron a llegar los primeros estudiantes de
universidades públicas y privadas, muchos de ellos voluntarios que, a
título personal, apoyaban a los alumnos de la Universidad Iberoamericana
que el 11 de mayo habían abucheado al candidato del PRI, Enrique Peña
Nieto, durante su visita a la universidad. (Otra consecuencia del
movimiento: que los políticos no pueden ser impunes. El abucheo a Peña
Nieto se encendió luego de que defendió la intervención de la fuerza
pública para dispersar una manifestación en el pueblo de Atenco, en mayo
de 2006, cuando él era gobernador del Estado de México. Esa
intervención provocó dos muertos y decenas de mujeres violadas.)
Acusados por la dirigencia del PRI de ser porros e infiltrados, los
estudiantes de la Ibero hicieron luego un video, que circuló en YouTube,
en el que ciento treinta y uno de ellos mostraban su credencial de la
universidad. Era un mensaje a los dirigentes del partido, pero también a
los medios de comunicación que habían hecho eco de las acusaciones de
los priistas o que minimizaron la importancia de aquella protesta. Les
llamaban “medios de dudosa neutralidad”.
Los días siguientes hubo un par de marchas precisamente dirigidas
contra los medios. Unos estudiantes acudieron a la Ibero para caminar
hacia las oficinas de Televisa, que tiene su corporativo en Santa Fe.
Otros acudieron al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), que
está en San Ángel, donde hay otras oficinas de Televisa, los estudios
donde se graban las telenovelas de la cadena. Aunque resultó muy extraño
ver a estos estudiantes, que generalmente no se movilizan, caminar por
calles donde nunca había habido una manifestación, aquel gesto contagió a
más personas que se fueron sumando al movimiento.
A un alumno del Tecnológico de Monterrey se le ocurrió hacer, en
Twitter, el hashtag#YoSoy132, que sirvió como sombrilla para la
organización. Naturalmente, se creó un liderazgo estudiantil que se
juntó en una comisión, a la que luego se llamó Coordinadora. Ese grupo
organizaba reuniones en distintos parques y jardines de la ciudad. Allí
se trataba de llegar a una agenda común. Eran reuniones en las que
confluían estudiantes de distintos puntos del DF, de escuelas públicas y
privadas, de ideologías opuestas, de capacidades intelectuales
diferentes, con y sin internet en casa, con o sin smartphones. Para
muchos, fue también un bautizo en las deliberaciones eternas, en las que
cada quien sentía que debía plantear un tema, aunque ya se hubiera
expresado por otra persona o aunque no tuviera nada que ver con el
asunto que se debatía.
Después de largas asambleas, los estudiantes de la Ibero y la
comisión que representaba a las demás universidades convocaron a una
concentración en la plaza que rodea a la Estela de Luz, en el Paseo de
la Reforma, el polémico monumento que conmemora el Bicentenario de la
Independencia, inaugurado recientemente después de un enorme retraso y
en medio de un escándalo por su elevado costo. Era la primera vez que
alguien organizaba una protesta allí.
En aquella concentración de la tarde del miércoles 23 de mayo, las
coordenadas ideológicas estaban ya más o menos trazadas: era un
movimiento pacífico y apartidista que exigía equidad en la cobertura
informativa, se manifestaba en contra del duopolio de la televisión en
México (Televisa controla 70% de la audiencia y su competencia, TV
Azteca, el resto) y quería que el siguiente debate presidencial del 10
de junio se pasara por cadena nacional. Las televisoras habían desdeñado
el primer debate, el del 6 de mayo. TV Azteca decidió transmitir un
partido de futbol en su canal de mayor audiencia, a la misma hora que el
debate. “Si quieren debate, véanlo por Televisa, si no, vean el futbol
por Azteca. Yo les paso los ratings al día siguiente”, escribió en su
cuenta de Twitter Ricardo Salinas, presidente del Grupo Salinas.
Por último, el movimiento se presentaba con una posición ambigua
frente el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto. Aunque todo el mundo lo
interpretaba, de hecho, como un asunto anti-Peña —bastaba con escuchar
las consignas callejeras—, ese día trataron de ser cautos en este punto.
Originalmente, los organizadores tampoco querían detener el tráfico y
planeaban caminar por la acera hasta el monumento del Ángel de la
Independencia, unas cuadras más adelante. Pero la manifestación terminó
desbordándose por el arroyo de los vehículos. Unos llegaron al Ángel y
regresaron a la Estela de Luz. Otros siguieron caminando hasta los
estudios de Televisa Chapultepec —desde donde se transmiten los
noticieros— y unos más se desbordaron hasta el Zócalo de la ciudad de
México.
A la marcha en la Estela de Luz le siguieron otras reuniones, una en el Monumento a la Revolución, a cielo abierto, y otra en la Biblioteca Vasconcelos, una biblioteca pública del centro de la capital. Gran parte de las discusiones de esos días se centraron en una pregunta: ¿deberían declararse abiertamente como un movimiento contra el candidato del PRI, no contra su persona, sino contra todo lo que representaba? Otro eje de discusión fue la organización misma de #YoSoy132. Pensaban que era necesario crear una estructura que les diera legitimidad y que les permitiera sobrevivir la elección del 1 de julio.
La gente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se
había incorporado de manera informal. Pero ellos no tenían la
representación de sus escuelas. Aquella Coordinadora se planteó,
entonces, un dilema adicional. Debían exterminarse a sí mismos. La única
manera de seguir haciendo política universitaria era convocar a una
asamblea general, en la que estuvieran los representantes de las
universidades legítimamente escogidos. Se pensaba que, sin la
representación de la UNAM, el movimiento no estaba completo.


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