Darío Pereira/La Jornada Jalisco
A un año de que abrió la Escuela de Operadores del
Transporte Púbico, 200 conductores del servicio en la Zona Metropolitana
de Guadalajara (ZMG) han atendido la capacitación con la finalidad de
mejorar el trato con el usuario y hacer más llevaderas sus condiciones
laborales.
La idea surgió tras el primer congreso de transporte realizado en
2010 y la escuela se materializó a iniciativa del Frente Unido de
Subrogatarios y Concesionarios del Estado de Jalisco (FUSCEJ) en
colaboración con instituciones de gobierno, educativas y organizaciones
civiles –quienes imparten los módulos temáticos–. Hasta el momento son
cuatro generaciones las que han concluido el seminario y la quinta está
por iniciar los estudios.
Por ahora, las rutas 622 y 616 son las que cuentan con mayor número
de operadores que han finalizado la capacitación –cerca del 50%–, que se
toma de forma voluntaria, gratuita y tiene una duración de tres meses.
El curso está conformado por bloques temáticos de cinco horas en los
que se abordan temas como la dignificación de su labor, el trabajo con
la sociedad, el marco legal del transporte, primeros auxilios,
sensibilización a grupos vulnerables, alimentación y nutrición, primeros
auxilios, mecánica básica o manejo del estrés, entre otros tópicos.
A decir de José de Jesús Gutiérrez, jefe del Departamento de Clínicas
de la Salud Mental de la Universidad de Guadalajara (UdeG), este último
punto es uno de los principales problemas a los que se ven expuestos
los operadores en su labor cotidiana, dado que el esquema bajo el que
trabajan, les genera alteraciones de sueño y alimentación, que llegan a
provocar trastornos de ansiedad, angustia y depresión.
Al respecto, Gustavo Macías, director de la Escuela de Operadores del
Transporte Público, aseguró que en el curso el módulo correspondiente
al manejo del estrés es impartido por el Centro Estatal Contra las
Adicciones (Cecaj) y se aborda desde un enfoque orientado a la
prevención, pues en el sector se ha detectado la relación entre el
estrés y el abuso de estupefacientes.
Aunque en el programa no se contempla el ofrecer atención psicológica
a los conductores por estas causas, Macías aseguró que existen los
convenios necesarios para que –si el operador así lo solicita- pueda
ser redirigido a los servicios públicos de salud.
Mal generalizado
Y aunque las condiciones de trabajo a las que se encuentran expuestos
los operadores del transporte hacen su labor un caldo de cultivo para
la generación de estrés, el grueso de la población –principalmente de
las grandes ciudades– se enfrenta de forma cotidiana a múltiples
factores que provocan alteraciones de esta clase.
A nivel nacional, existen reportes que señalan que entre un 25 y 30%
de las consultas en servicios médicos de primer nivel se relacionan con
trastornos de ansiedad, angustia y depresión, y a decir de Gutiérrez,
las cifras en el estado son muy similares.
Incluso en algunos sectores de la población se alcanzan niveles
alarmantes, como es el caso de los policías o los profesores de
educación básica, entre estos últimos la prevalencia de estos trastornos
alcanza hasta un 70%.
A pesar de que en la entidad se cuentan con servicios públicos de
salud que tienen áreas especializadas en el tratamiento de estos
problemas –como el IMSS, el ISSSTE o la Secretaría de Salud Jalisco a
través del Instituto Jalisciense de Salud Mental (Salme)– su capacidad
de atención se ve superada.
“En la cuestión de la salud mental estamos en una situación crítica
por falta de inversión para infraestructura y contratación de personal”,
expresó Gutiérrez.
Explicó que en estas instituciones es común que se otorguen citas
demasiado espaciadas –de meses, incluso– lo que ocasiona una atención de
baja calidad y que los usuarios deserten de sus tratamientos


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