Por Carlos López Zaragoza/ http://mexico.transeunte.org
Cuentan que hace relativamente poco tiempo había un chico que no
tenía bicicleta. Se llama Pablo Güitrón. El papá de Pablo, en cambio,
tenía una de montaña, aunque casi no la usaba. Un buen día, Andrés
Gómez, un amigo de Pablo, lo invitó a dar un paseo en bici, entonces
Pablo tomó la de su papá y fue.
Cuentan que la pedaleada le gustó tanto a Pablo que le propuso a
Andrés ir todos los días juntos en bici a la universidad donde
estudiaban, el Tec de Monterrey campus Guadalajara. Se quedaron de ver
en un punto intermedio y a partir de ahí se acompañaron en el zigzagueo
entre los coches varados en el tráfico hasta llegar al campus.
Cuentan que, al llegar, el personal de seguridad los recibió con un
enfriador a casi cero grados Kelvin: “No pueden pasar con las
bicicletas”. “¡¿Qué?! ¡¿Por qué no?! ¿Cómo vamos a dejar nuestras bicis
fuera del campus? ¿Por qué todo el mundo puede meter su coche y yo no
puedo meter mi bici?”. El guardia tuvo que consultar con su jefe qué
hacer en ese caso y les dejaron pasar las bicis pero solo para
estacionarlas junto a la caseta de vigilancia, es decir, pegadas a la
calle, muy lejos de los edificios donde iban a tomar clases.
Los enfriadores se llaman así porque normalmente enfrían el ánimo de
quien los recibe, pero en algunas personas provocan el efecto opuesto,
los calientan. Afortunadamente, este fue el caso. Pablo pidió una cita
con el director del campus y le expuso la situación. Le pidió poder
circular en bici por el campus y que hubiera un ciclopuerto más grande.
El director accedió, pero puso como condición que la mitad del costo
fuera aportada por los alumnos. Pablo y Andrés hicieron la coperacha de
cinco mil pesos y consiguieron su primer objetivo, se destinó un lugar
céntrico de estacionamiento a las bicis. El Tec de Monterrey campus
Guadalajara pasó de tener la capacidad de recibir ordenadamente cinco
bicis a poder recibir quince. Como era de esperarse, los quince lugares
de estacionamiento se llenaron rápidamente. Todo esto ocurrió en octubre
y septiembre de 2008.
En enero de 2009 se abrió la convocatoria para abrir nuevos grupos
estudiantiles en el campus y Pablo, junto con algunos amigos, fundaron
“BiciTec”, que suena casi como “bistec”, pero no importa. Adoptaron como
lema, “No somos cien bicis más, somos cien autos menos”.
Como quince lugares de estacionamiento son muy pocos para cubrir la
demanda que genera una población de 7 mil 500 estudiantes, Pablo y los
demás de BiciTec se dedicaron a tomar fotos a las bicis dentro del
campus encadenadas a bancas, postes, árboles, etcétera y luego pidieron
una nueva cita con el director del campus. Le mostraron las fotos y le
dijeron que el ciclopuerto ya no era suficiente. Pidieron una nueva
ampliación, que se les concedió. De quince lugares para recibir bicis se
pasó de golpe a tener treinta… y los treinta se llenaron rápido. En
esta ocasión ya no les pidieron colaboración económica a los
estudiantes.
BiciTec se dedicó a organizar paseos ciclistas, rifas de bicis,
conferencias, etcétera, hasta que un profesor, el que esto escribe, se
decidió a ir en bici a clases, al menos de vez en cuando. La primera vez
que hice el trayecto de Av. Santa Margarita pensé que era terriblemente
peligroso circular en bici por ahí. Pero observé que hacía poco habían
pintado una línea en el piso para indicar el recorrido de una carrera y
que los lo automovilistas de modo natural tendían a asumirla como un
limitante a su espacio para circular. Entonces se me ocurrió pintar la
línea de una ciclovía.
Yo conocía poco y mal a un obscuro personaje apodado “El Negro”, que
formaba parte de una no menos obscura organización llamada “Ciudad para
Todos”. El Negro ya me había invitado a asistir a las reuniones de
Ciudad para Todos, pero yo le había dado largas. Con la idea de la
ciclovía ya cocinada en mi cabeza, me presenté por primera vez a una de
las reuniones semanales que sostiene dicho grupo, y les expuse mi idea
de la ciclovía, la cual, en general fue bien recibida, pero Yorch, puso
el dedo en la llaga y me dijo que la iniciativa debía ser de los
estudiantes del Tec, pues ellos serían los primeros beneficiados. Joy,
por su parte, me dijo que le encantaba el proyecto y que me apoyaba en
lo que hiciera falta. Yorch provocó que yo buscará a BiciTec, y así
conocí a Pablo. Le conté la idea y también le gustó. Pablo, Joy, Karla,
Aranza, Adán, Eloy y yo estuvimos pintando letreros de madera durante
tres meses en el garage de la casa de Karla. También hicimos todo tipo
de pruebas para ver cómo pintar la línea. Ciudad para Todos hizo “boteo”
en los paseos ciclistas nocturnos para conseguir recursos para comprar
material. El Intenso, otro de Ciudad para Todos, consiguió prestada una
máquina para pintar y eso fue lo que precipitó todo. El resultado de ese
glorioso día de desobediencia civil, el 10 de enero de 2011, se llamó
“Ciclovía ciudadana” y quedó capturado en este video.
Felipeno, también de Ciudad para Todos, tuvo una idea genial: que
todas las entrevistas y declaraciones a la prensa que surgieran por la
“Ciclovía ciudadana” las diera Pablo. Así aparecería un nuevo actor en
la ciudad en el concierto de los grupos ciclistas y los que saben todo
del urbanismo que las autoridades ignoran o fingen ignorar. BiciTec
salió de las paredes del campus universitario.
La ciclovía ciudadana puso en el candelero de los medios locales a
Pablo, a BiciTec y a Ciudad para Todos durante unas semanas. En general
se habló muy bien de la iniciativa, aunque hubo voces discordantes. Nos
mandó llamar el director del campus, que ya conocía bien a Pablo. De la
reunión salió el acuerdo de volver a duplicar el número de ciclopuertos,
que con la aparición de la ciclovía para llegar al campus se había
vuelto insuficiente de la noche a la mañana. Ahora los ciclopuertos se
colocarían repartidos por todo el campus, cerca de las entradas a los
edificios. El total de lugares para estacionarse creció a 70… Y se
volvió a llenar.
La ciclovía de Santa Margarita fue oficializada por la Secretaría de
Vialidad y Transporte de Jalisco (SVT), la dotó de señalización formal y
repintó nuestra hermosa línea no tan recta. Posteriormente el municipio
de Zapopan, donde están el campus del Tec y Av. Santa Margarita repintó
la ciclovía todavía mejor: ahora es dos franjas verdes de 2.5
kilómetros de largo cada una, con su señalización vertical y horizontal.
Pablo terminó sus estudios pero antes le pasó la estafeta del
liderazgo del grupo a Edgar Quintana, quien le inyectó nuevo dinamismo.
Muchos estudiantes pidieron ser parte de BiciTec. A principios de este
semestre iniciaron el proyecto “Ciclocampus”, que consiste en un sistema
de bicis públicas para trasladarse dentro de los terrenos del campus.
El número de ciclopuertos se volvió a elevar, en esta ocasión hasta los
actuales 170 lugares para estacionar bicis… que ya se van viendo llenos
de nuevo.
Recientemente, los encargados de la planta física del campus
reportaron que por primera vez, desde que tienen registro, no aumentó el
número promedio de autos que ingresan al campus cada día. Atribuyen
esto a las mejoras en los horarios, rutas del “Expreso Tec” -el
transporte escolar- y a la cantidad de alumnos que está decidiendo
llegar en bici al campus gracias a las acciones de Bistec, perdón, de
BiciTec.
La última gran acción de BiciTec fue una valla humana para evitar que
la ciclovía sea invadida en horas pico, es decir, en la hora de entrada
a clase de 7:00 y de 8:30. Ahí estuvieron seis días, desde las 6:30
hasta las 6:55 para salir disparados a clase de 7:00. Ponían conos, y
con sus chalecos reflejantes y sus banderines se dedicaron a hacer el
trabajo que los policías viales dejaron abandonado. Ahí estuvieron:
Elton, Ernesto, Jesuar, Moisés, Thelma, Helen, Maribel, Andre, Luis,
“Amphybio”, Dany, Juan Camilo, Quique, Raúl, Gaby, Sonia, Orlando,
Guenda, Edgar y los hermanos y papás de algunos de ellos. Si omito algún
nombre, por favor perdónenme.
La viralización de esta acción en las redes sociales atrajo la
atención de los medios masivos de comunicación. Llegaron la radio, la
tele y los periódicos. A la SVT no le quedó de otra que aplaudir la
tenacidad de los chicos y conceder lo que se pedía. Ahora la ciclovía
está permanentemente vigilada por agentes viales que multan a mansalva
en lo que los automovilistas se acostumbran a respetar la ciclovía. La
SVT también dotó la ciclovía con semáforos con fase ciclista y con nueva
señalización. Se le pusieron boyas en lugares estratégicos. Aquí el
álbum en Facebook de la “Valla humana, protegiendo la ciclovía“.
¿Y qué sacar de todo esto? Yo diría que la principal lección
aprendida es que las cosas se hacen cuando hay alguien hermosamente
necio que une sus fuerzas con las de otros. Quiero que pongan una
estatua que represente a Pablo Güitrón sobre su bici en el Tec de
Monterrey, campus La Perla.


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