Pintando lo desteñido. La era preferencial.



Bernardo Herrera / http://desmesura.org
Contar una historia comenzando desde el final, es pasar por alto los momentos de duda, certeza y hallazgo que a lo largo de un camino se van encontrando. Experiencias que dan sentido a un todo.

Partiendo de lo elemental, una cita textual: ¿Qué es un Carril Preferencial ciclista? Aquel en que el ciclista y el automovilista comparten la vialidad, ambos transitando como vehículos que son pero con PRIORIDAD al ciclista quien tiene el derecho a circular por el centro del carril ocupándolo por completo, lo que obliga al automovilista a rebasar con un cambio completo de carril, además de mantener como velocidad máxima los 30Km/hr. De este modo y por medio de señalética tanto horizontal (pintada en el piso) como vertical (colgada en postes) el ciclista se hace más visible y se pacifica el tránsito vehicular. [1]

 
Reunirse, salir a la calle, expresar sentires e ideas que parecen no encontrar eco en la lógica cotidiana de una estructura política incapaz no es para nada algo nuevo y exclusivo de nuestra ciudad, país o región. Por el contrario, es un tema ya normalizado pero no por lo mismo menos importante de atender.

Justo así comenzó a gestarse una idea a principios de abril de este año: dos amigos, vecinos del barrio San Felipe de Jesús, medio en broma, medio en serio, se plantearon trazar una ruta ciclista que conectara sus casas en principio. Crecieron la aspiración y pensaron no sólo en sus calles, si no en unas cuantas cuadras más. La semilla estaba en sus manos, tocaba buscar nuevos agricultores, y estos fueron apareciendo con tal naturalidad que las ‘cuantas cuadras mas’ se tornaron en 49 y el barrio San Felipe de Jesús se conectaría con Oblatos, San Andrés, Tetlán y San Jacinto.

En el proceso de gestación, llegaron retos que supieron resolverse con diálogo en asambleas, revisión a normas técnicas internacionales, estudios de caso de vías ciclistas de otras ciudades, consejería de actores clave –colectivos promotores al uso de la bicicleta-, conteos de flujo ciclista, paseos nocturnos, proyecciones de cortos y material audiovisual referentes al tema, volanteo a vecinos, procuración de fondos y constante revisión a pronósticos del clima. Acciones que pulieron el proceso de principio a fin.

La creación de espacios para el tránsito digno y seguro de ciclistas en una ciudad como Guadalajara, con un considerable número de usuarios, hecha con recursos, referencias y alientos salidos desde la propia ciudadanía ha comenzado a convertirse en algo habitual de años a la fecha.

El Carril Preferencial elaborado el pasado sábado 9 de noviembre en avenida Javier Mina desde su cruce con Presa Laurel hasta Belisario Domínguez (para referencia las estaciones de la Linea 2 del Tren Ligero Tetlán y Belisario Domínguez) representó una reunión más de voluntades, bajo el entendido de que las posibilidades urbanas imaginadas por ellas son mayores a las respuestas que el Estado ha podido brindar en materia de infraestructura no motorizada.

El Carril Preferencial es el derecho ejercido -brocha y rodillo en mano- a ser reconocidos como parte del variopinto ecosistema callejero que pareciera no querer ser visto por una clase política más dispuesta a alimentar modelos de ciudad insostenibles –en presupuesto y espacio territorial- que apostar por la siembra de nuevas costumbres y comportamientos sociales incluyentes.

Guadalajara y su Área Metropolitana padecen el ser comprendidas como un ‘entorno urbano’ que no es lo mismo que una ‘ciudad’. La ciudad no es y nunca será un ente estático, regido por planeaciones de escritorio y lógicas pactadas por cúpulas corporativas e inmobiliarias, y si es por el contrario un movimiento constante que toma sentido desde sus barrios, escuelas, familias y ciudadanos para quienes es válido imaginar otras formas de gestión e interacción humano/urbanas. Es válido y necesario saberse agricultor en tierra fértil. Es actuar en real democracia.

Avenida Javier Mina, representa una de las principales arterías de Guadalajara, atraviesa gran cantidad de barrios habitacionales y comerciales y forma parte del eje Juárez-Vallarta el cual desahoga una enorme cantidad de viajes desde las entrañas de la ciudad hasta municipios del interior del estado. Es decir, una obra para usuarios ciclistas a lo largo de esta línea no es para nada una casualidad. [2]
Experiencias como la de Ciudad de México, en donde se ha demostrado que en avenidas principales con algún tipo de vía ciclista visible para todas las formas de tráfico, el número de usuarios ciclistas se ha incrementado drásticamente [3], llevan a concluir que la petición por tener una ciudad ‘ciclo-incluyente’ no es para nada nueva exclusiva y estéril. Son las formas en que esto se procura desde fuera del aparato del Estado las que siguen y seguirán evolucionando al grado de ser majestuosas.

Instalar nuevas realidades que sean vistas, entendidas y respetadas por el ciudadano y las instituciones representa un reto que varios individuos y colectivos han asumido con eficacia, creatividad y hasta cierta normalidad, pero la urgencia que tienen en saldar su deuda las instancias municipales y estatales es preocupante. Los vacíos creados por sus omisiones son responsabilidad exclusiva de ellos y esto no debe dejar de ser observado en la opinión pública.

Lo que antes del sábado fue desteñido y pertenecía –estructuralmente- a la maquina automovilista, ahora es arena de convivencia compartida y espacio de ejercicio de ciudadanía que ira transformando la vida y usos diarios a lo largo de esos 6 kms., 49 cuadras, 5 barrios y a todxs quienes optan por transitar a escala humana. La preferencia solo ha comenzado.

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