13.6.14

Ser mujer y cicloviajera (reflexiones y guía para planificar tu viaje)


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Ser mujer y animarse a viajar, a ser nómade, a quebrar un poco esas reglas que dicen cómo una señorita debe ser en la vida o lo que tiene que lograr. Somos muchas las viajeras que a dedo, en kombi, en bus o en bici se animan a traspasar fronteras: porque el viajar es apto para ambos sexos.
El éxito o el “fracaso” (por llamarlo de alguna manera, porque creo que nunca se fracasa en la vida ni en ninguna experiencia) de una travesía de meses, depende de muchos factores: cuán seguras estemos en cuanto a la decisión que hayamos tomado, si el medio que elegimos para viajar está acorde a lo que nosotras queremos y si nos sentimos cómodas, si estamos a gusto con esa versión aventurera de nosotras mismas. Pero una de las cosas con las que nunca voy a estar de acuerdo es a flaquear por las opiniones ajenas: “que vos sos mujer, que qué miedo, que cómo vas a hacer un viaje tan largo si en tu vida te subiste a una bici, que sos débil, que no vas a poder hacer ni una subida…” y podemos seguir enumerando.
Todos esos palos sobre la rueda los viví en carne propia y me debilitaron hasta el punto de ponerme en duda: sí, es cierto, hace años que no me subo a una bici, ¿lo lograré? y de un momento a otro hay dos voces que te están hablando al unísono, sin llegar a un acuerdo, mareándote, debilitando tu “sí, quiero”, tan real y sincero.
Tu sueño de viajar, de conocer el mundo, de cruzar la puerta y salir al ruedo no pueden ser menoscabados por nadie, ni siquiera por vos misma. Soy partidaria de que todas podemos hacer nuestras ilusiones bien reales si nos animamos, si dejamos de lado los manuales de cómo deberíamos ser, si nos volvemos transparentes y de una buena vez por todas nos miramos al espejo y decidimos ser quienes queremos ser. Sin vueltas, sin pretextos.
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Nunca pensé que mi vida iba a dar semejante vuelco, aunque si hablamos de sinceridad, confieso que lo sospechaba. Admiraba aquellas mujeres que sin ton ni son, hundían sus deseos en la realidad y de pronto, la magia hacía estragos con su mundillo de papel.
Hubo un momento en el que todos los días, sin piedad, me despertaba angustiada, creyendo que tenía que vivir una rutina citadina durante el resto de mis días. ¿Por qué? ¿Qué expectativas de quién tengo que satisfacer? Si oírme era el pasaporte para cruzar fronteras, entonces no había otra respuesta.
No fue fácil al principio. Los días de viento en la desolada estepa patagónica eran todo un desafío. Pensé muchas veces qué hago acá, pero nunca corrí la mirada del sueño de escribir mi propia historia, de vivir por mí misma, de “ponerme los pantalones” siendo mujer. Muchos creían que iba a decaer, pero ¿cómo podían opinar si ni siquiera conocían sus propios límites? Arbitrariamente decidían bajar pulgares, sin motivo ni pudor.
Una tarde la Ruta 40 me vio llorar: el viento me iba a volver demente. Me sentía sola, a pesar de que no lo estaba. Me sentía demasiado frágil, quizás por la sencilla razón de ser mujer. Pero esa mujer, después de unos cuántos días, cuando entendió que la ruta era como la vida misma, tan sube y baja, tan blanca, negra y gris, sonrió. Bajó sus defensas para entregarse al camino, donde iba a crecer más de lo que ella alguna vez imaginó.
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Ser cicloviajera es todo un desafío físico y emocional. Pero en el momento en el que uno fluye con el movimiento de las ruedas, ya está. Es como si fuese un amor a primera vista. Tuve que bajarme de la bicicleta para caminar muchísimas veces, tuve que frenar por lo agitada que me sentía, tuve que pasar por mis propios procesos y decir sí, seré más débil pero puedo, porque en ese sentido, soy fuerte.
Unir Tierra del Fuego con Jujuy en dos ruedas, siendo dos puntos separados por miles de kilómetros, es un reto para cualquiera. Ni qué decir de querer llegar a Alaska o dar la vuelta al mundo. ¿Pero quién dice que no lo puedas hacer?
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“Para mi viajar en bicicleta siendo mujer significa observar el funcionamiento de mi mente y de mi cuerpo frente a los desafíos que el camino me presenta. Significa conocerme más a fondo, ver en el espejo de agua helada del río que corre mansamente mi cara llena de polvo de ruta y encontrar reflejado el coraje para sumergirme. Coraje que la sociedad estigmatiza con la idea de que la mujer no lo tiene y lo impregna en nosotras desde pequeñas. Significa decirme a mí misma que soy capaz y que lloriquear no hace nada más fácil, en cambio las actitudes sí. Los pensamientos sí son capaces de tornar todo más fácil. Significa estar feliz por vivenciar mi potencial emocional y físico de ser un ser vivo dentro del medio ambiente y ver cómo este medio me afecta y cómo reacciono a todo lo que ocurre a mi alrededor” Ana Vivian | Pedarilhos

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“Como cicloviajera y como mujer no creo que haya nada que nos diferencie de los hombres, al contrario creo que es una actividad que cuando la compartimos y lo hacemos con pasión como cualquier otra, lo que hace es acercarnos y comunicarnos de mejor manera. Ojalá encuentren en la bici lo mismo que yo: la mejor terapia física y espiritual, sola o acompañada, siempre será la mejor forma que encontré de cambiar mi vida a una mejor vida María Jimena Maciel | Dos ruedas por mi gente

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“Desde hace 4 meses mi vida transcurre sobre una bicicleta. Eso significa que paso el 90% del día al aire libre, con frío, lluvia, calor o viento. Que me despierto cuando el sol comienza a calentar y duermo bajo millones de estrellas. Que como cual si estuviera a punto de morir y nunca sé en qué día estoy ni qué hora es. Que voy lento y sin apuro. Que me mata la ansiedad por ver qué me espera al final de una subida y no puedo dejar de cantar, gritar y sonreír desvergonzadamente en cada bajada. Significa que la vida me sorprende a cada kilómetro y en cada bocanada de aire, tan sólo por el increíble hecho de existir. Entonces cuando me pregunto qué se siente ser mujer y cicloviajera, sólo se me ocurre decir que se siente bien, que se siente muy bien. Porque los limites se los crea uno mismo y nunca vas a saber de todo lo que sos capaz hasta que no lo intentás. Siempre habrá infinidad de miedos, angustias e incertidumbres por superar, pero para mí el único y verdadero sacrificio es pasarte la vida en la triste comodidad de la resignación. Lo demás simplemente es aprender a creer en vos Marisol López | Pedaleando Ruta 40

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“Preparar mis alforjas y ponerles los accesorios es preparar el gran viaje. Si bien mi familia y mis amigos se preocupan por hacerlo sola, les hago entender que para mi es la felicidad, es lo que disfruto y lo que me da paz. Me encanta en verano salir muy temprano para ver el amanecer y ver cómo el cielo lentamente se tiñe de colores, es un espectáculo maravilloso, como también sentir el canto de los pájaros y los aromas que la naturaleza nos regala. Mis viajes son de 200 a 400km y al viajar sola tengo que ser previsora: averiguo hoteles y voy por rutas transitadas. Nada debe quedar librado al azar: asesorarse con la ropa, las herramientas a llevar, la alimentación y el agua. Es importante realizar además actividad física: hago indoor, musculación y complemento con yoga. Soy una mujer grande y ello no debe ser un impedimento: tengo muchas sendas todavía por recorrer Susana Seifert

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“Mirar fotos y no creer haber estado ahí. Las miro y las vuelvo a mirar… ya les quité el color. Tus alforjas van llenas pero acá no valen ni maquillajes, ni planchita, ni collares, hasta la humedad es bienvenida. Nada de todo eso podría hacerte lucir una sonrisa más bella que la que llevás en cada vuelta de pedal. Hay infinitas llegadas y se siente el cansancio del último respiro en cada una. Sentís el frío a medida que ascendes en la montaña con los cinco sentidos prendidos; los olores, los sonidos y los colores parecen tener la combinación justa. Acampás y te levantás mirando un lago. Llegás cansada al atardecer después de haber pedaleado todo el día. Entrás a pequeños pueblos donde te observan porque vas haciendo rendir hasta el último cm de elástico para sujetar lo que casi perdés por el ripio. En cuanto te paraste a mirar a tu alrededor escuchás preguntas como: ¿Hasta dónde vas? ¡Wow! ¿Y sola? ¿Y no tenés miedo? ¡Qué corajuda! ¿Y acampás? Y reírme con cara de FELICIDAD TOTAL porque les explico que algunas somos felices así con los pies sobre pedales y el sol en plena ruta” Lara Strack | Alas a pedal

Consejos para planificar tu viaje

 Cuerpo:
  • Fundamental llevar una crema hidratante. Sí, lo sé: ponerse crema todos los días es algo que no muchas mujeres hacen, pero es un hábito que todas deberíamos tener y más aún las cicloviajeras. Pasamos tanto tiempo al aire libre que la piel necesita una buena dosis de hidratación. A la hora de comprar una es importante que tenga vitamina C (mejora la elasticidad de la piel) y E (la protege y colabora con la regeneración celular).
  • No puede faltar en la alforja protector solar pero hay un tema que es fundamental saber: ninguno lo hace por más de 6 horas. Una buena manera para no olvidarse es ponérselo en cada parada que hagamos para descansar o sino cada 2 horas. Antes de comprarlo es importante que se lea en la etiqueta para qué tipo de piel es, de esta manera evitaremos sarpullidos o efectos adversos que lastimarían la piel. Elegí uno que tenga como mínimo un factor de protección solar 50 (cuanto más claro es tu color de piel, más alta deberá ser la protección) y aplicalo en todas las partes del cuerpo que estén expuestas al sol: cara, cuello, pecho, brazos, piernas. Lugares sensibles donde sí o sí nos tenemos que poner (y que solemos olvidar): en las orejas y detrás de ellas, nuca, detrás de las rodillas y en el empeine (en el caso de que estemos usando ojotas para pedalear).
  • Crema de cacao: los labios son piel y también hay que cuidarlos porque es lo primero que se seca y agrieta.
  • Tomar agua, mucha agua. Antes que cualquier crema, lo fundamental es hidratarse de esta manera.
  • Una de las cosas que puede suceder es que te paspes (y sí, pasando tanto tiempo arriba de la bicicleta es algo probable). Mi médica me recomendó usar para esos casos Macril, una pomada que es antibacteriana, antimicótica y antiinflamatoria. Consultá con un especialista previamente. Sólo se consigue con receta médica.
  • Visitar al oftalmólogo y consultarle el uso de lágrimas para lubricar y humectar los ojos, de esta manera con unas gotitas diarias evitaríamos que se nos sequen.

Higiene:
  • Para esos días que no tenés un lugar donde bañarte, las toallitas húmedas son salvadoras. Es aconsejable que sean inodoras y se pueden usar para la limpieza durante la menstruación en los días que estás en la ruta. Son únicamente para uso externo.
  • Durante la menstruación cambiar con frecuencia las toallitas o los tampones. Esto es fundamental para la higiene porque si los dejamos más tiempo que el recomendado impedimos la salida de las bacterias y el desecho del cuerpo. Sé que es algo “asqueroso” y si estamos en un pueblo o en una ciudad todo es más fácil, pero la realidad es que si nos encontramos en el medio de la ruta habrá que hacer una parada técnica detrás de una roca o en algún lugar que encontremos para hacer estos cambios.
  • Una opción para esos días es la copa menstrual (que nunca probé) y que es un sustituto a los métodos de higiene femenina. Más información en este link.
  • Tengo mucho pelo así que si no llevo crema de enjuague estoy en problemas. Eso más el shampoo lo compro en los supermercados (prefiero el 2 en 1 porque ocupa menos espacio en la alforja). Hay momentos en el viaje que las distancias entre pueblo y pueblo son muy cortas, entonces no es necesario llevar tanto y con sobrecitos es suficiente. Otra opción: recargar los envases en las casas de familia donde uno para. Para el jabón hacemos 2×1: el blanco funciona para bañarnos y para lavar la ropa.
  • Desodorante no, antitranspirante sí. Con el primero sólo olemos bien y suelen tener una fragancia que esconde el olor, es decir que no evitan la transpiración sino que la esconden. El segundo sí impide la secreción del sudor porque tapona las glándulas de transpiración, con lo cual su efectividad y duración es mayor. No soy fiel a ninguna marca así que esto es algo muy personal de cada una. Sí prefiero los sprays porque también permiten vaporizar la ropa.

Indumentaria y accesorios:
  • Qué ropa llevo: 1 gorro de lana 1 bufanda 1 par de guantes de ciclista 1 par de guantes de lana 2 remeras de secado rápido 2 remeras de ciclista 1 buzo 1 buzo polar 1 campera rompevientos 1 campera impermeable 1 campera softshell 2 badanas 1 pantalón desmontable 5 bombachas 2 corpiños (uno común y otro deportivo) 1 calza 1 short 1 malla o bikini 2 pares de medias de algodón 2 pares de medias de lana 1 zapatillas de trekking 1 zapatillas de recambio 1 sandalias con abrojo 1 babucha (para dormir) 2 remeras para el día a día 1 calcitas para el día a día 1 pollera larga. El secreto para la ruta: vestirse como una cebolla (en decir, en capas). El secreto para guardar la ropa: adentro de bolsas de plástico o ziploc (es más ordenado, ocupa menos espacio y si se llega a filtrar agua adentro de la alforja nada se moja).
  • A veces hace mucho calor en la ruta y dan ganas de sacarse las zapatillas y pedalear con ojotas. Para estos casos llevar unas “crocs” o unas sandalias con abrojo.
  • El corpiño ideal para llevar en una travesía es el deportivo.
  • Las badanas no sólo las usan los hombres, también es una de las prendas más importantes para las cicloviajeras. Son calzas que tienen en la parte de la cola una especie de colchón que protege la zona en donde se genera la mayor fricción y rozamiento con la bicicleta. Algunos recomiendan no usar ropa interior y otros sí. Yo probé las dos opciones y resultó ser mucho más cómodo no usar ya que se evitan roces y posibles irritaciones dado porque estas calzas suelen quedar muy pegadas al cuerpo. ¿Te preguntás qué pasa con la higiene en este caso? La tela de esas calcitas mantiene la transpiración y la humedad lejos del cuerpo. Es aconsejable llevar como mínimo 2 mudas.
  • Si tenés problemas de vista como miopía o astigmatismo, conviene ir a un oculista y que te hagas unos anteojos de sol con la graduación que estés necesitando (deben incluir filtros UVA y UVB). En mi caso como no me gustan los lentes de ciclista, me compré los más ruteros que encontré y que están cerrados en los costados para que no entre tierra ni polvo en los ojos.
  • En la ruta no estamos modelando ni mucho menos, por lo tanto los must u obligatorios son: el casco siempre puesto y una pechera reflectiva que se usa en días de mucho tráfico o niebla. Un accesorio que me resultó muy útil son los guantes de ciclista para evitar que se formen callos en las manos y poder estar arriba de la bici más cómoda (a veces las manos transpiran y el contacto con el manubrio termina siendo muy molesto).

 La bici:
  •  Las bicicletas tienen tallas que están relacionas con la altura de tu entrepierna. Visitá bicicleterías para ver cuál es la más cómoda para vos.
  • Los asientos para las mujeres suelen ser más anchos en la parte trasera y de punta corta para que los huesos de la pelvis estén bien apoyados. Usar uno inadecuado puede provocar dolor e irritaciones. La altura del asiento debe permitir que estando el pedal abajo, la pierna quede casi estirada y podamos tocar el suelo con la punta del pie.
  • La altura ideal del manubrio es entre 2 y 10cm por encima del asiento. La idea es sentirnos cómodas mientras pedaleamos. El freno y los cambios deben estar colocados de forma que no tengamos que mover la muñeca cada vez que queramos frenar o cambiar de marcha.

 Para tener en cuenta:
  • Para los dolores menstruales, llevar en el botiquín el calmante farmacológico que solés tomar para estos casos. Si querés optar por lo natural, el té de perejil es una opción. Es un mito suspender la actividad física durante esos días porque ayuda a combatir la tensión menstrual, mejora la circulación y ayuda a retener menos líquidos, pero como siempre, depende de cada mujer.
  • Si estás cansada o si no te sentís del todo bien, frená. Nadie te apura, nadie te dice que ese día tenés la obligación de pedalear y la verdad es que un día más o un día menos, no cambia nada.
  • La mayoría de las mujeres pedalean a una menor velocidad que los hombres y la cadencia (que serian las revoluciones o vueltas que da el pedal en el lapso de 1 minuto) son diferentes. Por esta razón si vas acompañada, establecé con tu compañero de viaje un código que ambos entiendan en el caso de que vos necesites parar. En nuestro caso elegimos que si por algún motivo uno estaba más adelante y el de atrás requería frenar, cruzaba de carril y pedaleaba por la banquina en sentido contrario al tránsito. Viendo esto, el compañero retrocedía (para esto es importante llevar un espejo retrovisor como accesorio en la bici).
  • Elongar antes y después de pedalear para evitar lesiones. Esto mejora la flexibilidad y la postura.
  • Por seguridad llevé un gas pimienta que nunca usé.
  • Tema pelo: no hay nada más fastidioso que te moleste mientras pedaleás. Trenzas o una colita con dos gomitas (una arriba y otra abajo para que sostenga todo el pelo) es lo más cómodo que hay.
  • Tema depilación: llevo maquinita de depilar y pincita.
  • Aros, anillos y pulseras: es muy personal pero yo prefiero sacármelos para evitar que se dañen y sobre todo, prevenir roces o pequeños accidentes.
Animarse es más simple de lo que parece y lo importante es disfrutar de esos momentos únicos de viajar en bicicleta. ¡Buena ruta muchachas! 

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