24.9.14

De un día sin auto a una ciudad sin autos

 Diego Petersen/El informador

A Marta, por su ingreso al INSEN

Ayer, día mundial sin auto, muchos tapatíos, incluyendo a algunos funcionarios “nominados”, es decir cucados por ciudadanos activistas, dejaron su auto en casa. La experiencia es sin duda interesante, que los funcionarios se bajen de las camionetas para que entiendan por qué cuando los ciudadanos de a pie, literal, se quejan del transporte público, del estado de las banquetas y de la falta de respeto a los ciclistas es real y que, no es una cosa de los “güeritos del ITESO” desquehacerados o de “opositodos”, sino una necesidad urgente para la ciudad.

Tras casi 60 años de impulsar la movilidad automotriz como eje del desarrollo (el primero que decidió, por razones distintas, ensanchar las calles para que cupieran más coches fue el gobernador González Gallo) hoy Guadalajara se ha convertido en una ciudad donde moverse es cada día más complejo, más caro y más estresante.

Ejercicios como el de ayer valen la pena sí y sólo sí sirven para crear conciencia de que se puede vivir sin automóvil, pero que, para que eso suceda, se requiere cambiar radicalmente el esquema de gasto y de prioridades del Gobierno y los municipios, pero sobre todo un cambio radical de mentalidad para dejar de ver la movilidad como un asunto de flujo de autos, que hoy por hoy es lo único que les preocupa, para entenderlo como un tema de uso del espacio público.

Las ciudades que han logrado mejores resultados son aquellas que han podido cambiar el chip para establecer, por ley, que primero va el peatón, luego la bicicleta, después el transporte público y al final el auto, y por lo tanto las inversiones públicas deben seguir ese mismo orden. En la Zona Metropolitana de Guadalajara, con todo lo que se va a invertir en la Línea 3 del Tren Ligero durante el sexenio, 18 mil millones de pesos, podemos apostar que a la postre entre lo que inviertan los ayuntamientos y los gobiernos estatal y federal el gasto sexenal en obras viales superará con creces esa cifra y que el gasto en obras para peatones y bicicletas, con todo y el esfuerzo del ayuntamiento tapatío por arreglar banquetas y el sistema de bici pública, no llegará al 20 por ciento del gasto para automóviles.

Si de verdad queremos avanzar en la movilidad no motorizada hay que pasar del rollo a los hechos. Ahí van tres propuestas: 1) Restablecer un impuesto de uso al automóvil, llámese tenencia o impuesto ecológico (para que se oiga más bonito) y que todo lo recaudado vaya obligatoriamente a otras formas de movilidad. 2) Hacer una ley, con sus respectivos reglamentos municipales, sobre los derechos del peatón y banquetas donde se establezca, entre otras cosas, el ancho mínimo, las formas de acceso automotriz, el abatimiento de canceles, arbolado, mobiliario urbano sobre las baquetas, etcétera. Y finalmente, 3) Crear un fondo de inversión a partir del impuesto predial para la renovación de todas las baquetas de la ciudad.

Y ahora sí ¡que viva Zapata!, perdón, ¡que vivas a pata!

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