26.9.14

Peatones y banquetas

 Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

No soy de los que cree que hacer leyes soluciona los problemas, pero en el caso de las banquetas y de los derechos del peatón el vacío es tal que hay que comenzar por reconocer al peatón como la base de la movilidad, y por lo tanto dejar claros sus derechos sobre otras formas de transporte así como establecer, de una vez, quién es el responsable de las banquetas.

La banqueta es el punto de transición entre la propiedad pública y la privada, es el área que todos los ciudadanos cedemos para convertirlo en espacio público. El problema es que no está claro si al ser cedido como espacio público éste es responsabilidad del ayuntamiento ni si su construcción, mantenimiento y vigilancia es responsabilidad de la autoridad municipal o del propietario o inquilino del inmueble. Hasta ahora, en la ambigüedad, la banqueta es tierra de nadie y se nota.
 
Es pues urgente una nueva reglamentación sobre banquetas que defina cosas tan específicas como el ancho mínimo que deben tener, los materiales que se pueden usar para su construcción (hoy cada quien pone lo que se le antoja), la forma de acceso de las cocheras, abatimiento de canceles, etcétera. Es decir todo aquello que tenga que ver con asegurar que los propietarios no pondrán obstáculos para caminar en una baqueta segura. La otra parte tiene que ver con reglamentar el uso público de las banquetas, esto es desde el mobiliario para servicios públicos, postes, botes de basura, iluminación, anuncios, comercio ambulante y todas esas cosas que el ayuntamiento no sabe dónde poner y las echa a la banqueta sin pensar en los efectos que tiene sobre el peatón. Los principales enemigos del peatón son hoy por hoy los ayuntamientos.

Teniendo claro eso lo que sigue es asegurar la construcción y el mantenimiento adecuado de las banquetas y eso puede ser a través del predial. Es el ayuntamiento el que tiene que asegurar el buen estado de las banquetas y asegurar los recursos. Para eso tiene el impuesto predial, que en todo el mundo es la base para el mantenimiento y desarrollo del espacio público y en México un impuesto que se cobra mal y se usa peor. Con una buena administración del predial, cobrando lo que se debe y a todos por parejo, habrá suficiente dinero para ello.

Además de reglamentar las banquetas tenemos que hacer una ley que proteja al peatón de los automovilistas, los motociclistas, los ciclistas, pero sobre todo de las decisiones arbitrarias de los funcionarios en turno. El peatón debe tener derecho de paso, a nivel, sobre cualquier otra forma de movilidad; la señalética debe estar adecuada al peatón, las calles balizadas, las banquetas iluminadas, el paso asegurado (aunque los coches tengan que esperar). La invasión de las banquetas debe ser tan penado o más que el exceso de velocidad (por el simple hecho de que pone en peligro la vida) y los policías de tránsito cariñosamente llamados “cuicos”, deben entender que su función principal no es multar, ni siquiera agilizar el tránsito, sino proteger la vida empezando por los peatones.

Caminar debe ser un placer, no un peligro.

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