12.9.14

Un paseo… ¿en moto?


El éxito y la reivindicación que vive el uso de la bici traen envidias entre usuarios de otros medios de transporte –algunos meramente de entretenimiento y cuyo uso es poco deseable en términos del impacto urbano que causan- que ahora emulan el proceso político que significó la visibilización de la bicicleta. Pero no es lo mismo Juana que Chana.

Felipe Reyes/masgdl.com

Hace unos 7 años, poco más o poco menos, nuestra ciudad comenzó a acostumbrarse a las dinámicas urbanas que los paseos ciclistas comenzaron a normalizar.

El mal llamado movimiento ciclista; que es más, una serie de organizaciones buscando consolidar una movilidad urbana sustentable para la ciudad, que solo “ciclistas”; logró en aquel entonces evidenciar lo que sucedía en la calle: el ejercicio del secuestro diario a que es sometida por la presencia de automotores y las diferencias entre un recorrido en auto y uno en bicicleta.


Los paseos nos llevaron a cuestionarnos sobre ¿Qué ciudad queremos tener? ¿De quién es la calle? ¿Puede una bicicleta transitar con seguridad en el espacio vial?

La provocación que lograron y las cuestiones fundamentales de sus planteamientos han sido esenciales para construir la idea de la ciudad que queremos tener. Si bien algunos se salieron de control por un tiempo y no en todos los casos prevaleció el orden, la inmensa mayoría lograron su objetivo; posicionar a la bici como alternativa real para transportarse en la ciudad.

No en beneficio de un “club de ciclistas” o de alguna “tribu urbana” sino en beneficio de una sociedad que enfrenta serios problemas de movilidad y en la que casi cualquiera puede utilizar una bici e ir paulatinamente convirtiéndose en parte de la solución. Se reivindicó el derecho de la gente a hacer uso de su ciudad, y la tendencia actual a generar condiciones de equidad y respeto para todos.

Pero el éxito y la reivindicación que vive el uso de la bici traen envidias entre usuarios de otros medios de transporte –algunos meramente de entretenimiento y cuyo uso es poco deseable en términos del impacto urbano que causan- que ahora emulan el proceso político que significó la visibilización de la bicicleta. Pero no es lo mismo Juana que Chana.

SI bien es respetable el gusto y los modos de cada quien, los paseos en motocicletas que hemos visto recientemente en la ciudad son la antítesis ideológica de los paseos ciclistas. En primer lugar suelen ser sectarios y elitistas con acceso restringido a integrantes de la tribu urbana correspondiente. El mero acto de pasear sobre el vehículo que provoca más emisiones por litro de combustible y más ruido en la ciudad descubre el escaso interés que sus organizadores tienen para con la ciudad y con los demás. La proliferación de motocicletas en las ciudades ha demostrado ser nociva en términos de movilidad, además de incrementar significativamente la accidentalidad de nuestras calles.

Los paseos ciclistas han cuidado minuciosamente la seguridad de los participantes manteniendo a la masa ciclista unida y bloqueando el paso en semáforos para mantener esa unión indispensable, ¿Qué argumento justifica que los motociclistas hagan lo mismo? Son vehículos con motor, con alta capacidad de aceleración y que para circular requieren tener placas y cumplir con el reglamento de movilidad ¿porqué permitimos que copien la dinámica? Alguien debería levantarles una infracción y explicarles que lo que hacen es ridículo.

Si bien prohibir las motocicletas sería demasiado, si es obligación del estado desincentivar su uso y buscar alternativas que minimicen su impacto urbano.
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