12.11.14

«La bicicleta de Iván Ilich»: ¿Alternativas EN la educación o alternativa radical A LA educación?


 


 
por
Arturo Gutiérrez Luna/ http://www.margencero.com




«¿Cuál es la idea de hablar de progreso a un mundo que se sume en la rigidez de la muerte?».
Walter Benjamin


Introducción

La reflexión de Iván Ilich sobre la educación crea una atmósfera de comunidad a la que se atiene en todo momento. Le importa la educación que haga el día justo para todos, la vida justa en la comunidad. Por ello revisa críticamente el fundamento de la educación capitalista y desmorona sus premisas más arraigadas e imbuidas en la gente y asimismo destrona a las motivaciones rapaces pero encubiertas. Su pensamiento educativo no intenta reformar la educación sino demoler sus certezas, atacar sus ilusiones, confrontar sus engaños. Lo que resulta es una alternativa radical a la educación que se propone como una herramienta para construir multiformes saberes desde otros fundamentos. Esos fundamentos tienen que ver con la valoración de las acciones.

Discusión

Cuando Ilich habla de educación lo hace críticamente desde la economía de la educación. Esto es importante, pues señala su crítica a la educación capitalista pero desde la economía. Ilich considera el costo de educar que el capitalismo provoca. Resulta un grotesco fracaso. Postula que la propia sociedad debe cobrar conciencia de las limitaciones radicales de la cultura económica capitalista al prometer educar, pero para entregar exactamente lo contrario.

El trabajo de análisis sobre la educación de Ilich parte de considerar los cambios radicales que se presentan en las prácticas educativas que están desbordando la premisa que orienta los trabajos de la educación capitalista. Eso hace que el enfrentamiento a sus postulados sea la interacción habitual que este pensador desprofesionalizado sugiere.
Aprender de, con, otros lo que importa a cada edad, a su generación. Esto implica disponerse a la persecución de las ideas, convertirse en explorador de sistemas de pensamiento y participante en sus discusiones. Este aspecto también lo desarrollaría en Némesis médica (Ilich, 1975).
«Durante los seis años últimos, han cambiado las actitudes de los estudiantes hacia sus maestros. Esto sucedió bastante repentinamente alrededor de 1968 cuando los estudiantes admitieron abiertamente entre ellos lo que siempre habían sabido: que aprendían de los libros, los compañeros, la rápida preparación para los exámenes y algún raro momento personal con un profesor, pero no del sistema derivado del plan de estudios. Desde entonces, muchos estudiantes se han hecho conscientemente refractarios al profesor como administrador de procedimientos de enseñanza. El profesor se dio cuenta de que había perdido su carácter respetable, excepto en las raras ocasiones en que dejaba su papel de burócrata» (Ilich, 1975, 39).
Aprender por cuanto se trata de una experiencia transformadora de su propia vida. Aprender transforma incluso las determinaciones constitutivas de la circunstancia de la gente. Hacerlo en común supone una revolución que propende a la libertad. Aprender juntos construye experiencias de libertad.
Aprender por su cuenta resulta en la cuestión determinante de los esfuerzos del hombre que aprende. Incluso al grado de establecer un cambio de paradigma en la educación capitalista. Ello tiene que ver con aprendizaje que importa, aquel que vale la pena intentar, porque este aprendizaje se aplica directamente en el mundo que rodea a la persona. Es educación alternativa que se conquista porque se quiere impactar en la circunstancia del hombre.
«El alcanzar objetivos sociales eficazmente depende del grado en que esos dos modos de producción se complementan o se obstaculizan uno al otro. Llegar a conocer verdaderamente un ambiente físico y social dado y controlarlo depende de la educación de la gente y de la oportunidad y motivación que tenga para aprender por su cuenta» (Ilich, 1975, 80).
¿Qué quieres aprender? ¿Hasta dónde pretendes profundizar? En estas circunstancias, los trabajos deben darse desde el esfuerzo propio comprometido con su experiencia de libertad.
Las preguntas profundas y sutiles de Ilich todavía retumban a carcajadas entre las páginas de sus detractores y críticos:
«¿Se realiza la equidad cuando se dispone de igual número de pesos para la educación del rico y del pobre? ¿O es necesario que esos dólares se gasten en realidad de igual modo? ¿O requiere la equidad que los pobres obtengan la misma “educación” aunque tenga que gastarse mucho más en ellos para lograr resultados iguales?» (Ilich, 1975, 95).
La ironía cala en los huesos al considerar las inversiones inauditas de dinero inequitativamente distribuido en el ámbito de la educación. Ilich se ríe, a carcajada limpia y franca, se ríe ante las posibilidades reales de hacer algo con la educación.
¿Por qué se asume esta perspectiva? ¿Cómo puede ser posible que alguien distinto a sí mismo determine los propios sueños?:
«Algunos hombres pueden fijar, especificar y evaluar las metas personales de otros» (Ilich, 1970).
¿Tal cosa es lo que conviene? La perspectiva de Ilich asume el riesgo de la pregunta crucial de la educación. Si no aprendo, nos aprendemos, nada es de fiar. Instigador de iluminaciones, Ilich ataca el fondo del problema educativo; lo asume como confrontación a la práctica de una esclavitud que suplanta a los hombres.
«Lo crucial del pensamiento de Iván Illich es ese mirar desde otro lado todo lo que se encierra bajo el mito del progreso, desvelando su incapacidad para dar solución a los problemas que plantea. El mito del progreso parte de la base de que es posible satisfacer `todas' las necesidades humanas desde estructuras heterónomas, en las que el individuo no tiene ninguna necesidad de participar, mediante la aplicación de la ciencia y la técnica propias del sistema industrial, de forma que estas necesidades podrán ser universalmente resueltas, independientemente de su dimensión y consumo de recursos, gracias a la capacidad de organización e innovación propias de la ciencia» (Hernández Aja, 2002).
Es pertinente enunciar algunas de las coordenadas de la revolución educativa en la que se inscribe su reflexión. Por un lado, la máscara del mito del progreso. La sombra del mito del progreso invade muchas áreas de nuestra vida. Las invade, las inunda y devasta, incluso al grado de arrancar prácticas vernáculas que sí abonaban al enriquecimiento de la vida del individuo.
Por el otro, al denunciar el engaño del mito del progreso se desmonta también el mito de la educación. El pensamiento de Ilich es crítico acerca del presente y futuro de la educación.
Es así que la respuesta radical a la educación en Ilich implique al individuo a su comunidad, a ti, a nosotros y a todos. De esta forma, las redes y las tramas ocupan un papel protagónico en las alternativas radical a la educación, pues cambian la educación en experiencia de aprendizaje.
«Educación para todos significa educación por parte de todos. Cultura popular significa que moviliza a toda la población. ¿No es el mayor fruto del trabajo la educación que se deriva de él y la oportunidad de enseñarlo a otros?» (Ilich, 1970).
Nos interesa la experiencia de aprendizaje por parte de todos, en todos, con todos. Eso es aprender en comunidad. Aprender desde lo que descubro que otro me comparte y a su vez yo me propongo retribuir.
Educar como quien retribuye. Aprender como si se quisiera entregar una retribución. En todo caso, al educar se trata de valorar la oportunidad de interactuar, de conversar, de enriquecerse mutuamente, entretanto que se aprende. Deja de ser un proceso educativo ineficaz para convertirse en una experiencia de aprendizaje.
«Estructuras que permitan a cada hombre definirse él mismo aprendiendo y contribuyendo al aprendizaje de otros» (Ilich, 1970).
Contra sus detractores, Ilich yergue un pensamiento anticapitalista, crítico y apuesta por crear otras prácticas educativas libertarias. Libertarias en el sentido de que se trata de prácticas educativas que liberan a sus protagonistas. Quien se educa, a sí mismo se edifica. Quien se educa, a sí mismo se liberta.
Se cuestiona Ilich al modo más crudo posible:
«¿Qué debería aprender alguien?¿Con qué tipos de cosas y personas podían querer ponerse en contacto los que buscan aprender a fin de aprender?» (Ilich, 1970).
Es una experiencia de libertad en uno mismo y llega a compartirse con los otros al construir comunidad. De esta manera llega Ilich a propugnar por la constitución de comunidades de aprendizaje, horizontales, plurales, improductivas, sin embargo útiles.
Es una experiencia de la libertad en la medida en que se hace contra la tradición, la apatía, el olvido o el mismo ninguneo. La exclusión es así enfrentada. La exclusión se cancela cuando otro confluye en una atmósfera estimulante a ambos.
Así, la experiencia de aprendizaje se constituye en aventura de la crítica, del pensamiento y la autonomía.
«La era de las profesiones será recordada como un tiempo en el que la política aplastaba, en el que los votantes, guiados por profesores, confiaban a tecnócratas el poder de legislar necesidades, la autoridad de decidir quién necesita qué, y sufrieron que oligarquías monopolísticas determinaran los medios con los que debían satisfacerse esas necesidades» (Illich, 1979).
Con Ilich aprendemos que el aprendizaje puede y debe ser autárquico. La autarquía juega aquí un papel relevante porque propicia el entendimiento con base en el intercambio, la exploración, la investigación; la conversación donde se coincide en un espacio entre iguales y libres adquiriendo cada cual a su manera los saberes que le hacen falta (Illich, 1979).
En su análisis, Ilich evoca y revalora a las redes de aprendizaje que aparecen en todo su esplendor mientras se construyen comunidades de intercambio y enriquecimiento mutuo. Crear comunidad sin afán de lucro, sino comprometida en el enriquecimiento mutuo, emergente, solidario. Tal era el sueño de Ilich a ese respecto. (Garrigós, 2004) ¿Llegaremos a alcanzarlo; quién lo sabe?
¿Qué quiere conseguir el que aprende? ¿Cómo lo conquista? Quien quiere aprender se hace coprotagonista de su formación; no la recibe solamente.
Para continuar con esta discusión propongo la consideración de un caso en el que se aclara la alternativa radical a la educación por la que propugna Iván Ilich. Yo impartía un taller de escritura de ensayos en una escuela para personas con capacidades diferentes. Después de días de trabajo noté que afincado en la puerta aparecía un joven en silla de ruedas cuya movilidad era limitada al cuello y a unos brazos extraviados.
Lo que pasó enseguida es que al cruzarse en su camino me tomó con sus dedos fuertemente y no me soltaba hasta que lentamente me «comunicó» que quería escribir sus pensamientos (según me lo «tradujo» su mamá). Juntos trabajamos para adaptarle una varilla a una diadema para que pudiera escribir en el teclado. Ahora escribe dos páginas por día. Hoy escribe libros. En este contexto, es fundamental recuperar esos impulsos del que aprende. Es elemental descubrir cómo quiere aprender alguien (Ilich, 1970).
Ilich nos hizo pensar en la necesidad de apreciar que aprendemos en las redes. Aprendemos en medio de una interacción. Aprendemos en comunidad. Adicionalmente, aprendemos mientras construimos comunidad. La que propone Ilich no es una experiencia hedonista, sino en común respeto, en común aprecio, en común enriquecimiento.
Estas redes posibilitan las relaciones horizontales donde la experiencia fuerte de compartir cada uno con lo que tiene a mano y entrega al otro. Es así que Ilich relaciona el concepto de convivencialidad como una estrategia de acción común y disponible a todos que posibilita una interacción que enriquece conforme se la practica.
«Bajo convivencialidad entiendo lo inverso de la productividad industrial… El paso de la productividad a la convivencialidad es el paso de la repetición de la falta a la espontaneidad del don. La relación industrial es reflejo condicionado, una respuesta estereotipada del individuo a los mensajes emitidos por otro usuario a quien jamás conocerá a no ser por un medio artificial que jamás comprenderá. La relación convivencial, en cambio siempre nueva, es acción de personas que participan en la creación de la vida social. Trasladarse de la productividad a la convivencialidad es sustituir un valor técnico por un valor ético, un valor material por un valor realizado. La convivencialidad es la libertad individual, realizada dentro del proceso de producción, en el seno de una sociedad equipada con herramientas eficaces» (Ilich, 1988).
La convivencialidad resulta en una categoría que ayuda en la comprensión del fenómeno educativo y en general capitalista. Es la grieta que posibilita la convivencia de los iguales en similares condiciones de oírse y hablar (Hornedo, 2004). En este contexto, cuenta lo mismo un testimonio que una ironía o un aforismo. Así, la sentencia y la burla encuentran aquí su asidero ideal. Son bienvenidas las referencias a historietas o informaciones de las redes electrónicas lo mismo que algún pasaje telenovelero en el que se quedó pensando el interlocutor y lo comparte. Coadyuvan todos a la mejor comprensión y aprendizaje de uno u otro tópico. Se abre así a la posibilidad de la escucha (Ilich, 1988). Que la escucha se suceda como experiencia y práctica que incide en la constitución de una mejor atmósfera de aprendizaje que nos incluye y considera a todos. Ilich ataca la idea peregrina de que necesitamos la administración de tales secretos (Ilich, 1970).
«El mundo es un lugar lleno de secretos que alguien tiene que administrar. Frente a esta situación, Illich aboga por la apertura de todas las puertas, por permitir el acceso a todos los lugares de la ciudad, hacer de todos ellos una posibilidad de educación» (Masip Moriarty, 2004).
El pensamiento topológico de la educación marca la reflexión de Ilich. Los lugares de aprendizaje se multiplican. Se suscitan encuentros y desencuentros donde las ideas confluyen y se prueban.
Es así que cada uno participa, colabora, nos hace parte de sus descubrimientos, hace aporte a los otros de lo que le parece valioso, digno, pertinente. De esta forma, se construyen relaciones contra productivas alternativas a la educación capitalista. Es una atmósfera de enriquecimiento mutuo emergente a la educación capitalista.
Aquí importa escucharse, valorar la posibilidad de que cada cual aporte a los demás sus consideraciones, sus ideas, sus impresiones, su granito de arena en la estructuración común de saberes.

Conclusiones

La alternativa fundamental al transporte capitalista se descubrió hace mucho: es la bicicleta. La alternativa radical a la educación está entre nosotros también hace tiempo. Es en la constitución de relaciones horizontales, entre iguales, donde se encuentra la posibilidad crítica a la educación capitalista. Así se hace la experiencia formativa de unos y otros.
Esta crítica de Ilich a la educación no se asienta en alguna institución, ni en prácticas específicas, sino en la raíz que fundamenta y estructura la educación capitalista.
De acuerdo con este orden de ideas, la premisa del pensador desprofesionalizado abre radicalmente el horizonte educativo: Todo podemos saberlo entre todos, dirá Alfonso reyes, otro de nuestros cómplices.



Bibliografía

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– Garrigós, Alfons. Convivencialidad y equidad en el pensamiento de Ivan Illich. Reflexiones de un maestro. CF+S, 2004.
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– Hernández Aja, Agustín. Editorial. Boletín CF+S 26, 2002: s/p.
- Hornedo, Braulio. Ivan Illich. Hacia una sociedad convivencial. CF+S, 2004.
– Ilich, Iván. La Convivencialidad. México: Joaquín Mortíz, 1988.
—. La sociedad desescolarizada. México: Joaquín Mortíz, 1970.
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– Illich, Iván. Profesiones inhabilitantes. México: Joaquín Mortíz, 1979.
– Márquez Muñoz, Jorge (comp.). El otro titán: Iván Ilich. México: La Sociedad Abierta, 2003.
– Masip Moriarty, Adrián. Compañeros de viaje para la sociedad desescolarizada. Boletín CF+S 26, 2004: s/p.
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– Robert, Jean. La escuela obligatoria, un instrumento de segregación social programada. Ivan ilich.org, 2012.
– Sbert, José María. Los nuevos humanistas. Ixtus, 2005: 49, año XII, 11-15.
– Sicilia, Javier, Robert, Jean y Cárdenas, Noé. Iván Ilich. Semblanzas. Cuernavaca: Instituto de Cultura de Morelos, 2007.
– Zaid, Gabriel. Ilich el removedor. Letras libres, 2011.
– Zaid, Gabriel. La tertulia y el saber. Cuadernos del Colegio Nacional, 1996.
– Zaid, Gabriel. Las instituciones de la conversación. Letras libres, 2006.


Arturo Gutiérrez Luna Villanueva, Zacatecas (1963) Filósofo, escritor, ensayista, poeta y editor independiente.
Por más de 36 meses, escribió la columna semanal de periodismo cultural Bifurcario. Durante un lustro, fue redactor de la columna semanal de periodismo cultural El gozne literario.
Autor de la investigación Morelos en su ensayo (VI volúmenes). Autor de siete libros agotados. Ha colaborado en revistas y suplementos culturales en Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Morelos, Oaxaca y Zacatecas. Ha fundado y dirigido Suplementos culturales y revistas literarias. Ha publicado avances de sus obras on line.
Coordina un foro de aprendizaje on line gratuito, autónomo y libre. Editor independiente con Entretexturas editores. Ganador de premios nacionales de poesía y cuento breve. Ganador de becas de investigación de ensayo. Ganador de Becas para escribir un libro. Finalista al premio estatal de crónica en Morelos. Finalista al Premio Internacional de ensayo Malcom Lowry. Premio en España a su foro on line de formación gratuita.
Actualmente, escribe la columna Paralajes.
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