7.11.14

Los errores de siempre


las décadas de políticas proauto, las ampliaciones de avenidas y la ausencia de criterios que garanticen la accesibilidad han generado limitantes urbanos por toda la ciudad que nos tomará décadas recuperar.

Felipe Reyes/masgdl

En un escenario completo, en el que la ciudad es la protagonista, no es posible promover una ciudad humana en la que el peatón es respetado a rajatabla y donde se impulsan los medios de transporte sustentables, y al mismo tiempo desarrollar infraestructuras que promuevan el uso del automóvil y generen barreras urbanas que reduzcan la accesibilidad y el derecho a circular por la ciudad.

La consolidación de una ciudad accesible, humana y sustentable en el tiempo depende no sólo del impulso que logremos dar a programas orientados a cambiar los hábitos de desplazamiento de la mayoría, sino también de que suspendamos aquellos proyectos, programas o políticas públicas que promuevan lo opuesto.


Cualquier proyecto o solución vial en la actualidad, debiera pasar por una estricta consideración de lo que sucederá con peatones, ciclistas y transporte público. Cualquier propuesta debería garantizar la permeabilidad de los espacios públicos y garantizar que cualquier ciudadano pueda cruzar la calle, a pie, en cualquier parte.

Desgraciadamente, las décadas de políticas proauto, las ampliaciones de avenidas y la ausencia de criterios que garanticen la accesibilidad han generado limitantes urbanos por toda la ciudad que nos tomará décadas recuperar. La avenida Periférico, por ejemplo, no permite su cruce por kilómetros generando distancia entre vecinos inmediatos y rodeos -en algunos casos de kilómetros- de los usuarios de medios sustentables; Colón y Federalismo norte dividen barrios enteros con una línea de tren a nivel segregada; la avenida Lázaro Cárdenas es un monumento a la modernidad pro-auto que se convierte en una enorme cicatriz urbana que todos los días debe ser sorteada por peatones y ciclistas. Y obligar a peatones y a ciclistas a trasladarse un par de kilómetros para cruzar una calle puede ser la gran diferencia entre la ciudad conectada y humana que buscamos y la decisión de simplemente mejor usar un auto más.

En septiembre del 2007 una decisión de la entonces Secretaría de Vialidad determinó que la Av. López Mateos se conformaría como viaducto y reduciría los cruces peatonales a nivel de calle justamente provocando otra barrera urbana en la ciudad. En aquel entonces aparecieron nuevos puentes peatonales para suprimir semáforos y poco a poco ir consolidando otra cicatriz urbana que silenciosamente fue ganando terreno hasta ser lo que es hoy: una mega avenida que ha costado miles de millones de pesos en túneles y puentes, que ha separado un lado del otro y que de todas formas esta sobre saturada de tráfico en un proceso que no parece tener fin.

En 2007 un grupo de ciudadanos nos opusimos al ejercicio de agilización de vehicular, provocando el nacimiento de diversas organizaciones que con tiempo pusieron la palabra movilidad en boca de periodistas y políticos. Al menos un par de pasos peatonales aún quedan frente a Plaza del Sol, la pregunta de fondo es ¿buscaremos la manera de revertir los daños que se han ocasionado a lo largo de la Av López Mateos o seguiremos cometiendo los mismos errores de siempre?
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