14.11.14

Quitarle un carril al automóvil


El futuro de las ciudades depende, además del suministro de agua y alimento, de la capacidad que tengamos para eliminar nuestra dependencia del auto

Felipe Reyes/masgdl

Explicarle al mundo que la tierra es redonda implicó en sí mismo terminar con la edad media. Solo el ejercicio de imaginar lo difícil que era de entender cómo es posible que la gente del otro lado del globo terráqueo no se cae al vacío desde una realidad que consideraba todo plano, nos alumbra sobre la dificultad del cambio que vivió la humanidad en ese periodo.

Todo cambio trae procesos igual de difíciles: La abolición de la esclavitud en sociedades cuya economía dependía de la fuerza laboral esclava; los derechos de las mujeres y el accidentado proceso de integración que han vivido en las sociedades occidentales; el matrimonio entre personas del mismo sexo; la paulatina y exacerbada incorporación de las tecnologías de información a nuestras vidas y los cambios que aún estamos por descubrir al respecto.


De destacarse es el hábito tan fuertemente arraigado en las últimas décadas del uso masivo del automóvil.

Pareciera que siempre ha estado ahí, pareciera que no hay otra manera de desplazarnos y que toda nuestra vida, nuestra seguridad, nuestra eficiencia y en general todo nuestro modelo de vida depende exclusivamente del uso del automóvil. No es así.

Las décadas de uso masivo de autos han servido para analizar profundamente las externalidades nocivas que trae consigo: ambientales, saturación de las calles, desigualdad, pérdida de patrimonio, agotamiento de recursos energéticos, desuso del espacio público y muchas más.

Dedicarle en las ciudades espacios al automóvil, de circulación o de estacionamiento, invariablemente ha traído consigo a más autos, provocando los problemas de congestión que hoy enfrentan nuestras metrópolis. El único remedio es buscar la creación de medios alternativos de transporte que mitiguen efectivamente el uso de autos en viajes determinados y esto implica, nos guste o no, dedicar metros cuadrados de las calles con que contamos a carriles exclusivos para el transporte público y para bicicletas.

Cuando se le quita un carril al automóvil es perfectamente normal que un grupo de personas resulte escéptico al respecto. El “si de antemano hay congestión, imagínate ahora con menos carriles para circular” es muy parecido al “las personas en el lado bajo del mundo se caerían al vacío”.

El futuro de las ciudades depende, además del suministro de agua y alimento, de la capacidad que tengamos para eliminar nuestra dependencia del auto. Esto implica densificar para construir vínculos de cercanía, mejorar el transporte público y generar las condiciones para el uso de bicicletas. Nada de esto posible si seguimos respetando los millones de metros cuadrados que nuestras ciudades dedican a automóviles, es fundamental que tengamos el valor de quitarle espacio y devolvérselo a la ciudad.

Quitarle un carril de circulación a los autos en 3 o 4 avenidas es muy poco en relación a todo lo que hemos perdido. Un carril menos para el auto es, siempre, un carril más para la ciudad.
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