21.11.14

Una bicicleta llamada deseo


En términos reales, el problema a resolver se reduce a la alta cantidad de autos en nuestras calles

Felipe Reyes/masgdl

La problemática de movilidad en nuestras ciudades no es de usuarios de uno u otro modo de transporte, es de todos. Todos los habitantes de la ciudad tienen que resolver, desde su propia perspectiva y necesidades personales, cómo desplazarse de un lugar a otro.

Los gobiernos deben garantizar el libre tránsito y a su vez impulsar medios que permitan, por más trillado que suene, generar condiciones de desarrollo y bienestar.

En términos reales, el problema a resolver se reduce a la alta cantidad de autos en nuestras calles. El impulso que se dio al uso del automóvil durante el siglo pasado ha provocado toda una serie de situaciones nocivas para las ciudades y una tendencia de crecimiento del parque vehicular con la que es difícil lidiar para cualquier ciudad en la actualidad.


Las nuevas políticas de movilidad e impulso al uso de la bicicleta, no deben entenderse como políticas que generan beneficios para las comunidades ciclistas. Si bien el tema de la seguridad genera beneficios reales al ciclista común, la política general no debe centrarse en temas específicos a resolver, sino en la posibilidad real de incrementar trayectos en bici y la consecuente sustitución de viajes en automóvil.

Es decir, toda política de movilidad no motorizada, ya sea el desarrollo de infraestructura, campañas de concientización, de cultura vial, normativas viales o de tipo educativo o social debe estar orientada a provocar que, quien no tiene el hábito de pedalear o caminar en sus trayectos, encuentre las condiciones apropiadas para modificar sus hábitos.

Esa parte, quizá sea la más difícil ya que requiere estimular la voluntad del ciudadano común y no puede imponérsele a nadie. La transformación que viene tiene que contar con el visto bueno de la gente y con el esfuerzo de muchísimas personas en sus procesos personales de cambios de hábitos, en algunos casos quizá, estimulados por conciencia e interés real por la ciudad, en otros por mera eficiencia en tiempo o en dinero, en otros por imagen o moda. Pero en todos los casos el ciudadano debe desear ese cambio.

Por eso es importante comunicar eficazmente los beneficios que la bici trae a las ciudades, y trabajar con la complicidad paulatina de los habitantes, de todos los sectores sociales, pero especialmente con usuarios de automóvil completamente ajenos al mundo de las bicicletas.

Es fundamental contar con una estrategia publicitaria, de carácter social, que convierta el uso de la bicicleta en algo aspiracional, en moda, en algo que brinda reconocimiento y estatus social; y acompañar con fórmulas que generen beneficios económicos a individuos o empresas que estimulen los trayectos en bici, al final el punto es que el usuario desee sinceramente andar en bici.

Paradójicamente, el mejor ejemplo a seguir está en la publicidad de automóviles con la que hemos sido bombardeados las últimas décadas.
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