10.12.14

La ciudad de los cafres


Guadalajara es una ciudad motorizada, quizás una de las peor motorizadas del país. Los cálculos conservadores indican que hay un vehículo particular por cada dos y cacho habitantes

Vanesa Robles/masgdl

La discusión se repite cada vez que un ciclista malandro, irresponsable o distraído atropella a un congénere. Pinches ciclistas, ojalá les den almorranas, postea alguien y recibe felicitaciones por decenas. Otros tantos defienden al de la bici y se arma la rebatinga.

Esta no es una defensa de los ciclistas que atropellan. Es una diatriba contra los que no se quejan de los automotores particulares con la misma vehemencia.


Guadalajara es una ciudad motorizada, quizás una de las peor motorizadas del país. Los cálculos conservadores indican que hay un vehículo particular por cada dos y cacho habitantes, mientras aquí mismo dos terceras partes de los ciudadanos se mueven sin la necesidad de un automóvil. Al buen entendedor, una minoría de automovilistas le fregamos los oídos, pulmones, vista, espacio y hasta la capa de ozono a una mayoría deseosa de tener su propio coche.

También es cierto que seguido los ciclistas invaden las banquetas; el espacio vital de los peatones que mientan madres, a veces con justa razón –a veces–. Aunque más seguido, todos los días a todas horas en todos los barrios, camionetas de cuatro por cuatro, autos ecológicos y chocolatas invaden las banquetas, de las que los peatones se bajan con la cabeza gacha y la expresión de pos ya qué.

Por último, a mediados de 2014 el Consejo Estatal para la Prevención de Accidentes (CEPAJ) calculaba que para entonces 360 personas habían muerto, en Jalisco, como consecuencia de accidentes viales. Que se supiera, los atropellamientos que causaron los ciclistas no fueron notoriamente sangrientos.

Los que critican a los que critican la Guadalajara motorizada argumentan que se trata de una discusión de moda y no, nada más falso. Ya en 1973 el tema ocupó al filósofo y periodista austriaco-francés André Gorz, quien cuestionaba: “Un automóvil, igual que una finca con playa, ¿no ocupa acaso un espacio que escasea? ¿Acaso no priva a los otros que utilizan las calles (peatones, ciclistas, usuarios de tranvías o autobuses)? […] El automovilismo de masa […] funda y sustenta la creencia ilusoria de que cada individuo puede prevalecer y beneficiarse a expensas de todos los demás”. El conductor, continúa Gorz, “a cada minuto asesina simbólicamente a los demás, a quienes ya no percibe más que como estorbos materiales y obstáculos que se interponen a su propia velocidad” (Letras Libres 132).

Para André Gorz, la paradoja de los muchos carros es que crean más distancias de que acortan y que “cuando todo el mundo pretende circular a la velocidad privilegiada, todo se detiene”. Es razonable pensar que Gorz habría vuelto a estirar la pata si viera que el París de hace 41 años era una broma comparado con la Guadalajara de hoy.

El problema de las discusiones al vapor, como muchas de ciclistas vs automovilistas es que muchas veces ven tanto las consecuencias que dejan de ver las causas; sobran vehículos y falta de planeación de un modelo de movilidad sostenible en una ciudad con más de cuatro millones y medio de personas.
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