1.12.14

La ciudad que soñamos


Felipe Reyes/masgdl

La última década, Guadalajara ha estado marcada,más que nunca, por la aparición,perseverancia y consolidación del deseo de ser una ciudad más sana, con un mejor futuro, con condiciones que brinden a todas y todos la posibilidad de desarrollarse, de vivir plenamente y de obtener felicidad.

Si bien una parte importante de este nuevo modelo urbano depende de soluciones tangibles, de fondo, la ciudad que soñamos cae en el ámbito de lo intangible. De aquello que no podemos ni tocar, ni hacer aparecer mágicamente, ni edifiar, así sea con toda la disponibilidad económica.


Por mera matemática, la nueva ciudad tendrá que incrementar sus niveles de densidad poblacional para crear vínculos de cercanía, tendrá que ganar espacios públicos de convivencia humana y tendrá que contar con infraestructura para medios de transporte alternativos al automóvil sufcientemente atractiva para modifiar hábitos de la población. La Guadalajara del futuro que soñamos tendrá que tener transporte público digno, redes de vías ciclistas y banquetas accesibles a todas y todos. Lo que hoy se empuja desde el sistema de bici pública MiBici es apenas la punta de lanza de lo que debería consolidarse por toda la ciudad.

Por justicia, la nueva ciudad deberá garantizar a sus habitantes los derechos de acceso a su ciudad de manera igualitaria, sin distinciones de condición económica, mucho menos de género, raza, preferencia sexual o cualquier otra posible discriminación.

Deberemos modifiar paulatinamente las leyes y los reglamentos que sean necesarios para otorgar esas condiciones. En términos de vialidad, las leyes deben explícitamente favorecer a los usuarios más frágiles incrementando normativas a los usuarios que provocan mayores riesgos y desregulando al máximo posible a los medios más nobles.

Hoy, tras años de esfuerzo de muchísimas personas en aras de que esto suceda, se empiezan a vislumbrar soluciones reales encaminadas a transformar, poco a poco, nuestra caótica Guadalajara en la ciudad que soñamos. Pero son apenas pequeños avances que para seguir requerirán de muchos esfuerzos más de muchas más personas. El futuro de la ciudad no solo depende de la existencia del sistema de bici pública o de vías ciclistas o de un mejor transporte público.

No seremos la ciudad del futuro solo por contar con espacios públicos amables y condiciones de accesibilidad en cada esquina. Ni los más impecables reglamentos garantizan que seremos una mejor ciudad per sé.

El futuro de la ciudad depende fundamentalmente de que nos respetemos unos a otros en el día a día: de la manera en que circulamos y estacionamos nuestros autos, de nuestro andar en la bicicleta, de la manera en que cruzamos una calle, de las consideraciones que tengamos para el otro.

La ciudad que soñamos no es solo una ciudad llena de bicicletas, en una ciudad donde todas y todos nos respetamos entre sí. Y todas y todos podemos aportar a su construcción.
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