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Seis razones para ir en bicicleta al trabajo


O a la clase o a hacer cualquier recado. Digamos adiós a coger el coche, la moto, el autobús, el tren, o ir caminando

KEVIN LAMARQUE | REUTERS
KEVIN LAMARQUE | REUTERS
Cuenta la leyenda que cuando el coche o la moto era un lujo al alcance de unos pocos, el transporte público aún no funcionaba cómo tenía que funcionar o no llegaba a donde teníamos que ir, y el trayecto andando era demasiado lejos, muchos recurrían alegremente a la bicicleta. Este panorama fue así hasta la Segunda Guerra Mundial y les daba igual que fuese para ir a trabajar, a clase, a la compra o a hacer cualquier tipo de recado. Sin embargo, la comodidad se impuso a las buenas costumbres y terminamos abandonando el vehículo a pedales o relegándolo del día a día y marginándolo a los días festivos. Años después, y ya en la actualidad, la mentalidad de desarrollo sostenible que se ha impuesto por el cambio climático y los altos niveles de polución ha devuelto el transporte de dos ruedas a las calles. Y a la rutina.
Sin embargo, aunque la moda ha cuajado bastante, aún quedan muchas personas que son incapaces de desplazarse sin hacer uso de un motor. Explican, según ellos, que ir en bici supone un esfuerzo físico muy elevado para comenzar el día, o para terminarlo. Pero, como el mundo evoluciona más rápido de lo que nosotros nos adaptamos a él, ya ha llegado la solución a este argumento: las e-bike, más conocidas como bicicletas eléctricas -como las que ponemos encontrar en El Corte Inglés-. ¿Y en qué consisten? En añadirle a los modelos tradicionales una batería que se recarga en la red eléctrica o con un panel solar. La autonomía suele ir de los 50 a los 70 kilómetros -como en este modelo Hybrid B-Pro, ya sea para mujer o para hombre- dependiendo del uso y del nivel de ayuda utilizado. Aunque podríamos creer que son la hermana pequeña de las motos, nada más lejos de la realidad. En realidad, la esencia sigue vigente y solo proporcionan asistencia mientras se pedalea. Eso sí, si vivimos en una localidad con muchas cuestas, nos ayudará a superar este tipo de terrenos con mucha más facilidad y sin cansarnos tanto evitando que lleguemos a nuestro destino ahogados por el esfuerzo.

Nos decantemos por un modelo tradicional o por uno eléctrico, existen motivos para aferrarse con fuerza a esta idea bucólica que, sobre todo, abre nuevos horizontes y una larga lista de beneficios para la salud, nuestra economía y nuestro espíritu.

1. Ayudamos al medio ambiente
Las bicis no contaminan, los coches sí. Si bien es cierto que mucha gente se aferra al transporte público como medios sostenibles, la verdad es que ellos contaminan, aunque en una cifra mucho menor porque en un coche solo viajan entre una o cinco personas y en autobús o en tren el número se eleva hasta la decena y más allá. Sea cual sea el racionamiento, lo único claro y en lo que coinciden partidarios y detractores es en que pedalear no contribuye a emitir más gases contaminantes y le ahorra emisiones de carbono al planeta. Y punto.
 
2. En contacto con la naturaleza
Vale, a lo mejor las bicicletas no son el mejor medio de transporte para los días de lluvia. Pero para el resto de jornadas, montarse en este vehiculo de dos ruedas nos permite estar en contacto con la naturaleza y ser más conscientes del medio que nos rodea. Se termina así lo de mirar el paisaje a través de un cristal.

3. Es saludable
Que no tenemos tiempo al salir de trabajar o de la universidad para ir al gimnasio, a la piscina o salir a correr. No hay problema. Ir en bicicleta nos permite llevar a cabo una buena dosis de ejercicio que mejorará nuestro estado físico al desentumecer los músculos. Incluso los expertos recomiendan el ciclismo como un buen deporte para mantenerse en forma ya que es un ejercicio moderado que nos ayuda a cuidarnos sin apenas esfuerzo.

4. Para ser más felices y sin estrés
La bicicleta mejora nuestro estado físico, pero hace más por nosotros. Nos pone de buen humor y nos quita el estrés. ¿La razón? Al realizar deporte diariamente segregamos más serotonina, dopamina y endorfinas, o lo que viene siendo las hormonas responsables del bienestar. Con esta formula tan sencilla de un par de pedaleos empezaremos el día con una sonrisa, con el pie derecho y liberados de las tensiones del día a día.

5. Para ahorrar tiempo
La máxima de que en bicicleta nos lleva menos tiempo llegar a trabajar o a clase es una verdad a medias. Lo hacemos cuando nos aprovechamos de los tediosos atascos, tan habituales en las horas puntas a las que nos movemos en los viajes de ida y también en los de vuelta. Cierto, no vamos motorizados, pero se gana en movilidad y en paradas innecesarias en parar a repostar o en ir recogiendo a nuevos pasajeros en el caso del transporte público.

6. Para gastar menos dinero
Pensémoslo un momento. Si bien es cierto que al iniciarse en esta moda se tiene que hacer un desembolso económico y adquirir una bicicleta -no obstante, cabe señalar que en muchas localidades existen las de uso municipal-, hay se quedaran los gastos, es decir, no hay que echarle gasolina o comprar billetes o bonos para subirse en ella. Aunque, hay que tener en cuenta que siempre requerirá algunos gastos de mantenimiento, pero no tan elevados como los de un coche. Se podría incluso afirmar, que es un transporte casi gratuito. Y lo gratis, tira, y mucho.

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