19.3.15

Vivir (y morir) en bicicleta o banqueta

 por Diego Petersen/El informador

La muerte de dos destacados miembros de la comunidad de ciclistas puso de nuevo bajo la lupa la inseguridad y el riesgo que corren en esta ciudad quienes se mueven en bici o a pie. 

El nacimiento de la bicicleta pública en Guadalajara, y próximamente en Zapopan, es un gran paso hacia una nueva cultura de movilidad en la ciudad, pero evidentemente no es suficiente. Son muchos los factores que inciden en la inseguridad de quienes se mueven sin automóvil. 


Sin duda el primero y más importante es la falta de cultura vial. Destacan los choferes de transporte público y un sistema que hasta ahora sólo funciona en el papel. En las calles los choferes, incluso de las rutas certificadas y vigiladas con cámaras remotas, siguen rebasando, van a exceso de velocidad y no respetan las paradas asignadas. Pero no es sólo culpa de los choferes (los villanos favoritos) en general automovilistas, ciclistas y sobre todo motociclistas manejamos mal, no respetamos las mínimas reglas de convivencia, y seguimos pensando que ganar el paso es una muestra de inteligencia, de sagacidad y valentía cuando en realidad es sólo una forma de tentar a los accidentes 

El segundo factor es la falta absoluta de voluntad de las autoridades para aplicar la ley. De nada sirve el balizamiento (hecho con pintura de agua, pues cayeron las primeras gotas y se borró todo) que hicieron en el Centro en la zona de la bicicleta pública si nadie vigila que los autos no se estacionen en doble fila, en ambos lados de la calle o incluso sobre la banqueta. ¿Qué pasó con aquella idea de la foto infracción para quienes se estacionaran en lugares prohibidos? Se tiró a la basura con todo y la inversión porque a los gobiernos nos les gusta multar pues “se enemistan” con los ciudadanos. 

El tercer elemento y quizá el más complejo es el estado de las calles y banquetas. La posibilidad de tener un accidente provocado por un bache que tumba al ciclista sobre el arroyo de la calle, o que obliga a los peatones a bajarse la baqueta porque éstas están invadidas o desechas es altísimo: el peatón no está seguro ni en la banqueta, y eso ya es el colmo. 

Mientras seguimos discutiendo sobre movilidad no motorizada y si las ciclovías correctas son estas o aquellas, la ciudad se va llenando de bicicletas blancas, esas que recuerdan a los pedalistas muertos en las calles. Y al menos ellos tienen quién los recuerde porque los patones, los más débiles y numerosos de la cadena de movilidad, a esos no los recuerda nadie, no aparecen en ningún informe de gobierno, nadie los mide y son sólo un número perdido en los informes a la OMS.

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