18.5.15

Fin de la era del coche

Por Juan Palomar Verea jpalomar@informador.com.mx 

Impensable, podrán decir algunos. ¿Cómo prescindir de la herramienta cotidiana que es el coche? ¿Dónde quedará materializado lo que para muchos es la señal de su relevancia social, a veces de su misma existencia? ¿Cómo se las arreglará el exorbitante sistema “económico” que gira alrededor de los autos? 

Y sin embargo, Stephen Moss acaba de publicar, hace algunos días, un extenso y muy bien documentado reportaje en The Guardian (*), uno de los periódicos más respetados del planeta, que lleva como título, como sumaria conclusión, el que encabeza esta columna. 

Las eras se van diferenciando por los grandes cambios que caracterizan su duración. Desde principios del siglo XX hasta ahora hemos vivido bajo el cada vez más férreo reinado del automóvil. Los resultados, al día de hoy, son desastrosos. Ni Los Ángeles, la ciudad que fue supuestamente planeada para los coches y en la que más se ha invertido en esa infraestructura, logra tener una movilidad adecuada. La pérdida de fracciones cada vez más considerables de la vida de centenares de millones de gentes a bordo de sus vehículos sumada a los incuantificables daños ambientales es una verdadera historia de horror de nuestros tiempos. 


Ya se ha dicho: de aquí a algunas décadas las generaciones futuras verán con conmiseración y franca ironía a la nuestra, aferrada a sus bromosos y contaminantes aparatos con llantas, invadiendo y monopolizando una proporción muy alta del espacio vital, gastando una parte irracional de su tiempo y sus haberes para medio moverse. Y prefiriendo el daño ambiental y humano que ese sistema implica sobre otras alternativas. 

Porque las alternativas ya están aquí. Y las ciudades más inteligentes ya están aplicándolas. En algunas de ellas la gente ya se empezó a deshacer de sus coches porque, realmente, ya no los necesita. Empezar con lo contrario a lo que tanto tiempo se ha acostumbrado: no tener que realizar largos trayectos a los destinos requeridos sino hacer que los destinos requeridos estén cerca. El término clave es: vida de proximidad. Esto involucra una evolución muy significativa de las ciudades: volver a la vigencia del vecindario, del barrio, del distrito urbano. Conformar ciudades policéntricas, con una adecuada mezcla de usos. 

La proximidad implica conformar entornos integrados en los que la habitación, el trabajo, el estudio, el comercio y el recreo (los destinos) sean fácilmente asequibles a pie y/o en bicicleta. En los que el espacio público sea seguro y ameno. Implica potenciar la enorme herramienta que significan los avances cibernéticos para trabajar desde las casas y hacer que la información y los bienes circulen de manera eficaz y económica. Y, para los trayectos más largos que resulten indispensables (que serán muchísimos menos), disponer de un eficiente transporte público, de coches con racionales sistemas de alquiler, de coches compartidos. Como se ve, los autos no van a desaparecer: serán utilizados de forma inteligente y sustentable (y serán así muchos menos). 

El fin de la era de la tiranía del coche está a la vista. Ojalá que no tengamos, como mexicanos, que esperarnos a que todo el ciclo suceda primero en lugares desarrollados, mientras nosotros seguimos pagando un altísimo costo. No tenemos tiempo que perder.
(*) http://www.theguardian.com/cities/2015/apr/28/end-of-the-car-age-how-cities-outgrew-the-automobile?CMP=share_btn_fb

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