25.5.15

Las nuevas amazonas andan en bicicleta



Puede parecer una moda, pero transportarse en este vehículo de dos ruedas está cambiando la vida de muchas personas en diversas ciudades. Sin embargo, no es reciente que las mujeres, en particular, experimenten un nuevo tipo de libertad al montar este medio de transporte que reafirma su independencia, su seguridad y la total intrascendencia de las opiniones de quienes consideran que rodar no es modo de comportarse para una chica.

David Santa Cruz/la jornada

El ciclismo urbano en la ciudad de México se puso de moda hace tres o cuatro años, lo cual coincide justo con la moda en Bogotá, Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo y en otras capitales del continente. Las mujeres no fueron ajenas a este movimiento que cobra fuerza cada día reclamando derechos, apropiándose de la vía pública y que se encadena con otras causas como la lucha contra el calentamiento global, la violencia de género o el acoso callejero.

Pero también lucha contra los estereotipos, que continúan insertos en lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu llamó el habitus. Argelia Corona, miembro del colectivo de mujeres en bici llamado Insolente, cuenta que sus vecinitas de tres y cuatro años de edad le dicen que ella es un niño porque anda en bicicleta. Así pensaba la gente en el siglo XIX, época desde la cual estos vehículos de dos ruedas y la lucha feminista han hecho mancuerna. En 1896, la líder del movimiento estadounidense que buscaba el derecho al voto de las mujeres en Estados Unidos, Susan Anthony, dijo al diario New York World que el ciclismo “ha hecho más por la emancipación de las mujeres que ninguna otra cosa en el mundo. Les dio un sentimiento de libertad e independencia”.

Las aseveraciones de Susan Anthony no eran exageradas: con el nuevo invento se modificó la vestimenta: apareció la falda-pantalón y las mujeres se deshicieron de las fajas, los corsés y todo aquel implemento que les quitara movilidad para moverse cómodamente. Además, al igual que a los hombres, les permitió cubrir largas distancias en menor tiempo.


Alma guerrera
Existe un deporte llamado Bike Polo, esto es jugar polo pero en bicicleta dentro de una cancha de futbol rápido. La regla principal es que los ciclistas no deben poner los pies en el piso mientras le pegan a la pelota, así que se vuelven uno con la bici. El juego es vertiginoso y violento, de ello da cuenta una hermosa raspadura café –recién hecha– de dos dedos de ancho que le surca a la chilena Flavia Leguizamón todo lo largo de la cara interna del muslo izquierdo.

Su espíritu es el de una guerrera. Cuando tenía 21 años escogió una bicicleta italiana Bianchi –considerada una de las marcas más antiguas del mundo– para acompañarla todos los días a la escuela. Igual que muchos otros, desde que aprendió siendo niña sólo usaba la bici como un juguete. Pero cuando compró la Bianchi se lanzó sin pensarlo al arroyo vehicular. Tomó el carril de la derecha y se aferró al manubrio. Cuando llegó a la escuela temblaba de miedo y emoción, mientras que el corazón se le salía del pecho estimulado por la adrenalina.

En México, Gorety Crespo “Chinitos”, otra de las integrantes del colectivo Insolente, me presume sus hazañas. Su complexión es media y nada nos haría pensar que ya recorrió en bicicleta de Tijuana a Los Cabos, ni que hizo la famosa Ruta Chichimeca que atraviesa el país de Tamaulipas a Belice. Lo cuenta con modestia y hasta se sonroja al ver mi cara de sorpresa y admiración. Aunque lo parezca, su hazaña no es novedad, en 1896 Dora Rinehart, considerada la mayor ciclista de Estados Unidos, pedaleó 160 km diarios durante 20 días, que equivale a ir y venir de Cuernavaca a la ciudad de México. Además lo logró en una bicicleta sin velocidades.

A pesar de su pasión por las largas distancias, Chinitos sostiene que tampoco es necesario disfrazarse de ciclista –con ropa de licra y zapatos especiales– ni tener una bicicleta súper profesional; vamos, ni siquiera ser la gran deportista, simplemente tener ganas de pedalear. Cada mes –más o menos– el colectivo Insolente publica la convocatoria para toda chica que quiera empezar como ciclista urbana. Trazan una ruta segura de su casa al trabajo o a la escuela, la primera vez van con ella un fin de semana para calcular el tiempo del recorrido, la segunda vez lo hacen en una situación real.

Rodar en las calles
Andar en bici produce un estado de bienestar, mezcla de adrenalina, endorfinas y algo de magia, porque la bici nos permite sentirnos niños otra vez. Un día, nos damos cuenta de que no queremos dejar de pedalear, que no queremos renunciar a esa sensación de libertad que produce sentir el viento sobre la cara. María Camila Pérez lo sintió el semestre pasado. Se compró su primera bici porque vio que muchos de sus compañeros de la Universidad de los Andes (en Bogotá) ya la usaban como medio de transporte.
Por un asunto práctico optó por una plegable. Con el paso de los días notó que llegaba más relajada, fresca y despierta a clases, pero sobre todo llegaba temprano y de buen humor. A veces siente que es muy tarde y decide irse en taxi o en autobús, pero siempre se arrepiente.

Esa felicidad que María Camila experimenta al ir a la escuela en bici ha producido fenómenos colectivos de apropiación de los espacios públicos. Las llamadas masas críticas y los bici-paseos existen hoy en todo el continente. Tan solo en México llegaron a existir 70 grupos que cada semana salían a pasear. En Argentina, por ejemplo, la cosa es más espontánea aunque todos los día haya varios grupos de gente que sale a pedalear por la ciudad sin que falten los pretextos. Y en toda Latinoamérica existen más de 80 asociaciones ciudadanas de ciclistas, formalmente constituidas.

Angélica Pava tiene su teoría al respecto. Desde su programa radial Diálogos en bicicleta se ha preguntado ¿qué significa ser ciclista urbano? Las aristas son muchas, pero ella cree que la que sujeta las demás es su capacidad para crear tejido social, algo que Colombia –el país donde ella vive– necesita tras 50 años de guerra civil. Tanto, que Medellín, la segunda ciudad más importante del país, recibió entre febrero y marzo de 2015 el 4° Foro Mundial de la Bicicleta (FMB4).

El ciclismo ha demostrado tener un componente casi místico que opera de la misma manera que en las religiones, por lo que muchas veces el ciclista se transforma en un creyente y hasta fanático de la bicicleta. Es como cuando uno se enamora: hay un punto donde la pareja –en este caso con dos ruedas– es perfecta y no importa que llueva o relampaguee –literal–, queremos estar con ella. Pero también intentamos convencer a los demás de que es perfecta y entonces vamos por el mundo esparciendo el evangelio de las bicicletas. Se crea una dicotomía bicis contra autos y la lucha puede ser frontal.

Este comportamiento es más común entre los hombres, tanto que en todo el mundo le llaman el club de la testosterona. “Ese tipo de empoderamiento del ciclista es un poco estúpido”, me dice la fotógrafa mexicana Eli de Bicla, quien decidió quitarse el apellido de soltera y adoptar el de la bici. “Ahora que somos tantos ciclistas debemos involucrarnos en construir una visión compartida”, comenta.

Eli es la primer mujer en México en armar cuadros para bicicletas de manera profesional –reconocida como tal en la exposición “La vuelta a la bici” del museo Franz Mayer. Para ella, pedalear es ser autosuficiente –no se necesita más que la fuerza de las piernas–, es oposición a todo. Es, por ejemplo, que una mujer se meta de lleno a una profesión dominada por hombres y proponer que el ciclista se involucre en el proceso de construcción y armado de su propio vehículo, que además estará hecho sobre medida. Y es que tarde o temprano las bicicletas terminan por convertirse en una extensión de sus dueños: los colores, la forma, el diseño del cuadro, el tipo de frenos o el mecanismo que usa dicen mucho de ellos.

Andar en bici por la ciudad permite ser espontáneo y romper con la rutina, decidir cambiar de camino o detenerse en la casa de una amiga o a tomar un café solo porque hacía un bello día, algo prácticamente imposible con un auto y muy difícil de lograr en el transporte público. Además uno puede ir vestido de cualquier forma, con jeans o con minifalda, con tenis o tacones. “Sí, a veces puede que se le vea a uno la ropa interior, pero no es gran problema”, asegura Argelia, quien al igual que todas las chicas entrevistadas coincide en que lo mismo que les gritan en la calle cuando van en bici se los dicen cuando van caminando, así que como en otras tantas circunstancias no se trata de lo que ellas hagan sino de enseñar a los hombres a respetar a las mujeres. Incluso coinciden en sentirse más seguras en la bici que en el transporte público, donde todas han sido acosadas y más de una manoseada.

Ellas se apropian de las calles
La moda por el uso de la bicicleta ha sido bien recibida y apoyada por los gobiernos latinoamericanos. De acuerdo con la versión preliminar del informe “Biciudades 2014”, creado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la American University en Washington, DC, de 50 ciudades distribuidas en 14 países de América Latina y el Caribe, el 40 por ciento ha impulsado campañas para promover el ciclismo, 63 por ciento cuenta con ciclovías permanentes, aunque sólo 23 por ciento tiene un sistema de bicicletas públicas y apenas 15 por ciento permite a los usuarios ingresar con sus bicis al transporte público.

De 2006 a 2012 Martha Delgado fue la secretaria de Ecología de la Ciudad de México. En ese periodo iniciaron una red de bicicletas públicas que para 2018 se espera que lleguen a 16 mil unidades. “Nosotros empezamos implementando el programa Muévete en Bici, que cierra el Paseo de la Reforma –una de las principales avenidas de la ciudad– los domingos por la mañana para el uso recreativo de bicicletas y modos no motorizados. Estas acciones sirven para sensibilizar a la sociedad sobre la viabilidad del uso de la bicicleta y del espacio público de una forma distinta”, comenta la ex funcionaria.

Estos espacios que existen en otras ciudades de la región, junto con los sistemas de ciclovías, incentivan a la gente a utilizar la bicicleta como medio de transporte. También ayudan a vincular a las personas y que éstas se organicen. A la fecha los ciclistas del mundo se han acercado a otras causas además de la suya. Una de las principales es la ecologista. Así, Greenpeace organiza rodadas para salvar el Ártico, el movimiento antitaurino (contra las corridas de toros) se montó en la bici, incluso se organizan rodadas canábicas que promueven la legalización de la marihuana.

De acuerdo con lo establecido por la comisión de Logística y Urbanismo Táctico del FMB4, las políticas públicas básicas con las que debería contar una ciudad con la finalidad de incentivar el uso de las bicicletas son: “Educación y seguridad vial desde temprana edad, multas elevadas para infractores, la no expedición de licencias para reincidentes, penas de prisión severas a quien atropelle a personas o ciclistas en las vías, límites de velocidad radicales para automotores dentro de las ciudades, peajes por congestión, peatonalización de los centros de las ciudades, desestimular el uso de automotores particulares y compensación de quien utilice la bici como su medio de transporte cotidiano”.

Claro que eso sucedería en un mundo ideal, pero mientras llega ese momento, las mujeres están tomado la bandera, o mejor dicho, el manubrio, y poco a poco se van apropiado de las calles, montadas en bicicletas como modernas amazona.


http://www.jornada.unam.mx/2015/05/07/ls-central.html

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