22.5.15

Una sociedad informada


Transformar la movilidad de cualquier ciudad implica arrancar una gran campaña informativa que logre concientizar a la mayoría de los ciudadanos de la magnitud del problema
Felipe Reyes/masGDL

Habitualmente el tomador de decisiones o diseñador de la infraestructura vial suele considerar para efectos de análisis del problema por resolver, todos los factores que afectan o podrían afectar a la posible solución de la manera más razonable posible. De entre estos factores, la sobrepoblación de automóviles y los problemas derivados de esta; demanda de estacionamiento, falta de cultura vial o malos hábitos; suelen jugar un papel fundamental.


Bajo las premisas de demanda de tráfico o bien de resignación ante la ausencia de cultura vial tan común en nuestra sociedad, el diseño de un cruce peatonal suele terminar siendo un puente que, si bien puede ser justificado en términos de la seguridad que otorga al peatón, ejerce una forma de discriminación entre diferentes medios de desplazamiento otorgando ventaja, invariablemente, al automóvil. No sería posible, por ejemplo, concebir un carril confinado de uso exclusivo para el transporte público si sólo se toman en cuenta los números que arrojan los análisis de demanda de tráfico específicos de la calle que se pretende intervenir.

Transformar el paradigma de diseño hacia uno que contemple transitar hacia una movilidad sustentable implica, entre otras cosas, entender el problema desde la óptica del total urbano y no desde el problema específico, implica apostar por el tránsito paulatino hacia la transformación de hábitos de movilidad de la ciudadanía y no solo de la infraestructura física, implica entender el problema desde campos del conocimiento como la educación o la sociología y no desde el mero postulado tradicional del diseño urbano. Transformar la movilidad de nuestra ciudad implica la toma de decisiones valientes y polémicas tanto por parte de los diseñadores como por parte de los líderes políticos. Tren ligero, autobuses de tránsito rápido, vías ciclistas, zonas 30 con accesibilidad preferencial, mejores banquetas, reducción de cajones de estacionamiento son todas decisiones difíciles de tomar y de entender el cómo ejercerlas.

Todos y cada uno de los proyectos de movilidad implican una inevitable polémica por alguna u otra causa y requieren de un acompañamiento de comunicación, sensibilización y delicada labor de gestión social y negociación política que en algunos casos, pareciera imposible.

Las necesarias políticas de desincentivo del uso del auto particular en paralelo a la creación de alternativas de transporte. Impuestos al uso del automóvil y la propagación de estacionómetros orientados a elevar el costo al usuario y a financiar las inversiones en movilidad no serán, nunca, populares.

Transformar la movilidad de cualquier ciudad implica arrancar una gran campaña informativa que logre concientizar a la mayoría de los ciudadanos de la magnitud del problema. Que explique, con peras y manzanas, lo mucho que hemos perdido, tanto en términos de competitividad como ambientales, por desarrollar una fuerte dependencia al uso del auto particular durante las décadas pasadas. Urge comunicar los riesgos que corre la ciudad si no se da un cambio significativo de rumbo.

Hay decenas de estudios desde diferentes áreas del conocimiento que han explorado el tema. Pero urge comunicarlos apropiadamente. Solo una sociedad profundamente informada de la problemática podrá desarrollar empatía con las transformaciones que necesita nuestra ciudad.
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