10.7.15

De Catedral a Basílica


No parece haber mucha creatividad para aprovechar los miles de metros cuadrados de recuperación de espacio público que quedarán debajo de la Línea 3 del Tren Ligero

Felipe Reyes/madGDL


Hay algo en lo que hay un cierto consenso entre especialistas en temas urbanos sobre lo que debería pasar en la avenida Ávila Camacho paralelo a la construcción de la Línea 3 del tren ligero: el incremento de la capacidad y de la calidad de la oferta de transporte, así como el retiro de las rutas paralelas que actualmente saturan la vialidad permiten reducir la avenida de cuatro carriles anchos por sentido a tres más angostos.


Reducir carriles significa desincentivar efectivamente el uso del automóvil y provocar que sean más cómodos los trayectos sustentables que los trayectos en automotor, cosa deseable en toda la ciudad pero que en las avenidas Ávila Camacho, Alcalde y otras del eje de la Línea 3 es perfectamente realizable en el futuro inmediato.

Sin embargo, no parece haber mucha creatividad para aprovechar los miles de metros cuadrados de recuperación de espacio público que significan la reducción de ese espacio vial.

Algunos medios han hecho eco de bosquejos publicitados por algunos consultores en los que proponen la creación de un gran parque lineal al centro de la avenida Ávila Camacho debajo de la estructura del tren. Hay, en el país, decenas de ejemplos de espacios públicos similares fracasados, sin vida urbana real y que acaban siendo espacios muertos, o bien, meramente ornamentales.

Sería lamentable que nuestra ciudad desperdiciara la oportunidad de consolidar una vía vibrante, rodeada de árboles y actividades urbanas y en lugar de eso sólo construyera un parque mediocre, triste y sin personas.

Además las imágenes que han circulado incluyen una pseudo-ciclovía que recorrería la avenida por el camellón, desconectada del contexto urbano y, una vez más cómo si volviéramos a los años 90, entendida como una infraestructura meramente recreativa y no de movilidad.

El espacio central de la avenida, por la misma estructura que lo techa no podría albergar árboles de talla completa. El acceso peatonal tendería a complicarse y acabaría haciéndose necesario una barrera física entre el espacio utilizable y las vialidades. Hay centenas de etcéteras a considerar antes de tomar una decisión tan mala. Si el espacio menos afortunado de la avenida será debajo de la estructura del tren, entonces los automóviles deberían circular por ahí.

Planear el mejoramiento del espacio público recuperando lo mejor de la avenida –que son sus costados– permitiría consolidar banquetas de primer mundo, con plazoletas mucho más utilizables por gente de carne y hueso; podría albergar una ciclovía que respete la estructura vial de la avenida por el lado derecho y conectada al entorno urbano; y podría otorgar el espacio para una gran reforestación del eje con una segunda línea de árboles a lo largo de la avenida que repongan la masa arbórea perdida.

Ojalá los gremios profesionales de nuestro entorno no pierdan la cabeza en el afán de obtener los contratos que generaría esta transformación urbana.
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