17.7.15

Decisiones buenas


El problema de fondo es el exceso de automóviles. Simple y llanamente de exceso de automóviles

Felipe Reyes/masgdl.com

Para mucha gente esta columna será difícil de entender. Desgraciadamente nos hemos habituado a juzgar las cosas por su apariencia y solemos emitir juicios desde un punto de vista estrictamente individualista y de beneficio personal. Especialmente en la conservadora Guadalajara. No siempre es así.

Recientemente me ha tocado escuchar argumentos y leer comentarios en medios o en redes sociales que se basan estrictamente en los criterios pro auto prevalecientes.


Si bien es cierto que la ciudad sufre de congestión vehicular prácticamente siempre y en todas partes, el problema no es la falta de espacio vial, ni la sincronización de los semáforos, ni la ausencia de espacios para estacionar autos, ni la inventada necesidad de puentes y túneles vehiculares. El problema de fondo es el exceso de automóviles. Simple y llanamente de exceso de automóviles.

¿Cómo es que llegamos a tener tantos automóviles y cuadriplicamos el parque vehicular en solo dos décadas? La respuesta es sencilla: gastamos nuestros recursos en construir túneles, puentes, estacionamientos, calles; y la gente fue y adquirió nuevos vehículos.

Este fenómeno se conoce como demanda inducida y es común en todo el mundo. El gasto excesivo en infraestructura para autos obligó a disminuir los recursos para otras alternativas consolidando una ciudad para carros y justificándola después con argumentos de oferta y demanda, pero en los casos de movilidad la oferta siempre va antes que la demanda, simplemente no podrían circular autos si no les hubiéramos construido las calles.

Detener la rueda es un proceso traumático para cualquier sociedad. Establecer límites y detener abruptamente los privilegios del automóvil no es exactamente lo más popular y hacerlo requiere técnicos especializados sin interés alguno en su propia figura mediática.

Reducir la disponibilidad de cajones de estacionamiento en una zona y asegurarse de que los que queden sean estrictamente de paga puede convertirse en una guerra campal con vecinos y comerciantes de cualquier barrio.

Reducir un carril de circulación a una avenida para hacer un carril exclusivo para el transporte público –mejorando la velocidad de desplazamiento de la mayoría de los viajes- o para bicis, puede convertirse en un escándalo mediático de proporciones incalculables.

No hay fórmula mágica para reducir la congestión vial, pero si es posible generar las alternativas para recuperar la posibilidad de que la mayoría de la gente se desplace, dependiendo de la razón de ser de su viaje, de manera sustentable.

Para llegar a eso necesitamos, obligadamente, que alguien tome decisiones correctas en materia de movilidad. Pero serán decisiones buenas que parecerán malas, por eso las debe tomar alguien que no necesite popularidad.
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