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La equidad en las vías públicas, El derecho a la movilidad

Fernando J. Alcocer Ávila (*) / yucatan.com.mx

La movilidad —poder trasladarse de un lugar a otro sin importar el medio— es, desde hace algunos años atrás, tema de moda porque, como pasó con la sustentabilidad, se convirtió en el sufijo favorito: presupuestos sustentables, vialidades sustentables, el arte como actividad sustentable y así muchas otras.

Desde su fundación, las ciudades albergan el espacio que reúne personas y familias, espacios públicos, lugares de trabajo y áreas de convivencia; aquí las personas deben ser el eje central de un diseño urbano y éstas requieren trasladarse para ubicarse, satisfacerse o adquirir algo, la movilidad es intrínseca a la ciudad, pero pocas veces reconocida.

En 1542, cuando se funda Mérida, los españoles trazaron una ciudad que se regía de vías y lotes. Las calles o vías han existido, lo que no hemos sabido es ser justos para todos, respetando y otorgando espacios dignos, seguros, limpios y accesibles para todos, sólo hemos sabido cumplir normas y éstas no contemplan ni incluyen a todos, lo que las hace injustas y discriminatorias.


La movilidad no se trata del transporte público ni del uso de bicicleta, se trata de incluir a todos en las vías públicas, con el mismo respeto, el mismo derecho y el reconocimiento a la libertad de elegir su medio de transporte, donde quien decida usar autobús o automóvil particular sea tan respetable como los demás; ninguno es malo ni eres el bueno por cambiar.

Holanda se conoce como un país donde la gente usa bicicleta, 31% de los viajes se hacen así, pero también es importante conocer que el 48.5% de los viajes es en automóvil (“European Commission Future of Transport Report 2001”); por lo tanto, el término correcto es “el país donde más gente se mueve en bicicleta”. Aquí lo malo, es el traslado horizontal de algunas costumbres, sin conocer o tener en nuestro país las mismas condiciones físicas, legales y económicas; de este modo, sólo está destinado al fracaso. Las medidas por decreto no logran nada, debemos conocer los modos y recursos que existen ahí para entonces plantear mejores soluciones.

Afirmar que el transporte público es la solución es mentira; en un congreso internacional en 2008 en Monterrey, expertos en el tema —de Chile, España, Argentina y Colombia, entre otros— así lo afirmaron, es parte de la solución, pues quien ha decidido tener un vehículo difícilmente lo dejará a un lado para cambiar. En Estados Unidos el departamento del transporte, en un estudio realizado, encontró que sólo el 10% de los usuarios de autos cambió al transporte masivo; no nos ceguemos por pasiones, pero identifiquemos el mal para encontrar respuestas.

Decir que el futuro es la bicicleta también es una mentira; es un excelente medio de transporte para muchas personas, pero no es la solución, sino parte de un gran diseño de políticas públicas y en Mérida éstas se limitan a pequeñas intervenciones; tenemos ejemplos donde se han hecho mejoras viales, nada para ellos.

No podemos ni debemos ser extremistas, el uso de medios de transporte es un derecho y una libertad, y nadie debe decidir por los demás; tampoco lleguemos al punto de que si no es como deseamos los demás están equivocados; tanto derecho tiene de moverse una persona en auto que en bicicleta. Lo correcto es que todos exijamos a las autoridades que en las vialidades haya espacios necesarios para cada uno, sin anteponer uno a otro, iniciando por las aceras, pues lo importante aquí son las personas y su movilidad, y que éstos decidan qué medio usarán. Si iniciamos desde ahí, siempre habrá aceras generosas y carriles de transporte para cada medio, en el porcentaje necesario, nunca más para el auto que la bicicleta o viceversa, pero siempre privilegiando los medios masivos.

Si existiera un programa de mejoramiento, o al menos la conciencia del deber, desde hace ya más de dos años, en vez de pavimentar cambiar calles deberíamos estar reestructurando las vialidades para garantizar y reconocer el derecho de cada persona, y eliminar del diálogo público, las acusaciones o señalamientos a quien desee usar un autobús o un auto. Hoy parece el malo de la película quien usa un automóvil, sólo porque la moda es otra y es muy riesgoso llegar al punto de decretar que una persona no podrá aspirar a algo diferente, que no podrá pensar nunca que decide comprar un auto como medio de transporte.

Apoyamos y defendemos el derecho de las personas a moverse con seguridad, pero también defendemos y apoyamos que el medio de transporte correcto es el que cada uno decida; asimismo, igual debemos de manera inmediata rediseñar la ciudad, incluir la señalética necesaria y educar a todos para respetarnos en la vía pública, que es la que todos usamos y compartimos. Si nos toleramos y reconocemos todos no sólo mejorará la movilidad, sino además el país que grita por ello.— Mérida, Yucatán.

fa.arqtos@gmail.com

Arquitecto del Colegio de Especialistas en Diseño Urbano

Movilidad no se trata del transporte público ni del uso de bicicleta, sino de incluir a todos en las vías públicas con el reconocimiento a la libertad de elegir el medio de transporte
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