31.7.15

Una ciudad para el futuro


A la ciudad le urge acelerar el paso hacia la creación y consolidación de alternativas de transporte que favorezcan el desarrollo equitativo de sus habitantes

Felipe Reyes/masGDL

Perder de vista las metas de una agenda para la movilidad sustentable podría ser grave.

Los diferentes actores; tanto de la sociedad civil, como de diferentes gobiernos o empresariales; que durante los últimos años han tenido a bien adoptar como causa la transformación de la movilidad en la ciudad, debieran estar conscientes de las dificultades que sin diferencia se presentarán en el camino.


Si bien la concientización sobre las modificaciones de hábitos en los desplazamientos de las personas ha logrado permear a un sector importante de la sociedad, aún es difícil convencer a comerciantes y vecinos de cualquier barrio sobre el retiro de cajones de estacionamiento. La implementación de los benignos estacionómetros sigue siendo entendida como nociva, la reducción de carriles viales y todo criterio que disminuya las condiciones de privilegio de los automóviles suele ser infartantemente polémica.

Las condiciones presupuestales suelen ser limitantes habituales; las reglamentaciones –sobre todo las municipales– suelen contener criterios pro auto que limitan las posibilidades de obtener licencias sin privilegiar indirecta pero constantemente a su majestad el auto.

A todo esto habrá que agregar la prisa por la imagen pública de cada gobierno. Es claro que la búsqueda de imagen puede derivar en una necesidad constante de contrastarse al otro que a su vez construiría un entorno de confrontación innecesario y perjudicial para la agenda.

A la ciudad le urge acelerar el paso hacia la creación y consolidación de alternativas de transporte que brinden la posibilidad de transformar efectivamente los hábitos de la ciudad para transitar hacia una Guadalajara del futuro, ordenada, limpia, sana y sustentable, que favorezca el desarrollo equitativo de sus habitantes.

Pero esta transformación debe ser impulsada por la sociedad en su conjunto, entendiendo pausadamente la inmensa cantidad de nudos que paulatinamente debemos deshacer, y contando con la complicidad sincera de gobiernos de todos los niveles y de todos los colores.

No hay duda que en el futuro inmediato habrá decenas de debates públicos y que la mayoría estarán encabezados por personas bien intencionadas y de probado compromiso con la ciudad.

Pero debemos distinguir las argumentaciones inteligentes y constructivas de aquellas orientadas a la popularidad o a la simulación. Al final el objetivo debe ser un consenso social de dimensiones mayúsculas que permita la gran transformación que nuestra ciudad necesita.

Y un consenso honesto solo lo podemos construir entre todos.
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