8.9.15

Con los pies

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx 

A ver qué dicen los escolásticos, tan celosos de la argumentación lógica, del siguiente razonamiento: 

1.- Cuando a Guadalajara se le llamaba —despectivamente, hay que reconocerlo— “pueblo bicicletero”, en sus calles, en efecto, había ciclistas en cantidades industriales.
2.- A los ciclistas de aquella Guadalajara no se los tragó la tierra; ni, como los dinosaurios y demás reptiles descomunales que poblaban el planeta hace millones de años, fueron destruidos inopinadamente por la caída de un metrorito gigantesco: se transformaron en usuarios del transporte público, en los años en que ese servicio era digno y eficiente..., o, a medida que sus posibilidades económicas se los permitieron, en automovilistas.
3.- Meter reversa a las ruedas de la historia es imposible. En consecuencia, para que Guadalajara vuelva a ser el emporio de los ciclistas que fue antaño (“La Ámsterdam de América Latina”, se diría), se requiere generar las condiciones culturales que vuelvan idóneo o apetecible el uso de la bicicleta como medio alternativo de transporte. 


-II-
Salvo adquirir una costosa flotilla de bicicletas y de acondicionar los “puertos” en que se encuentran ostensiblemente subutilizadas, expuestas a las inclemencias tanto de los elementos naturales como de los vándalos, muy poco fue lo que se hizo para generar las condiciones que hicieran viable el programa MiBici. 

Las pruebas están a la vista. Más allá de datos duros como el de que hay poco menos de cuatro mil 500 usuarios del programa en Guadalajara, contra 173 mil registrados en el programa EcoBici que opera en el Distrito Federal, el reportaje de ayer en EL INFORMADOR pone en letras de molde, dolorosas realidades ostensibles. Por ejemplos, que la otrora Perla Tapatía “está lejos de ser una ciudad amigable para el ciclista”; que aunque quizá no llegue a ser imposible circular en bicicleta por arterias importantes como Mina-Juárez-Vallarta, 16 de Septiembre-Alcalde, Hidalgo o la Calzada Independencia, ciertamente es temerario hacerlo por la agresividad sistemática y la falta de respeto de automovilistas y camioneros hacia los ciclistas, “a los que ven como un estorbo”, y que el único oasis para el ciclista es la banqueta... en detrimento de la seguridad y los derechos del peatón. 

-III-
Colofón: si ese programa no ha muerto es porque está, desde que nació, en terapia intensiva. Y todo porque —¡como tantas “ideotas” que se conciben en oficinas gubernamentales y se llevan a la práctica, a capricho, con dineros del pueblo!— se hizo, desde el principio, con los pies.

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