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Andar en bici es peligrosisimo



Felipe Reyes/máspormás.- Ninguna muerte es aceptable, no pretendo con este texto provocar el más mínimo sentido de tolerancia social hacia los fallecimientos por violencia vial. No hay duda que es obligación de todos trabajar para erradicar por completo los riesgos de habitar la calle. Esa no es la cuestión.

Lo que sí nos concierne es el hecho de que uno de los caminos más eficaces para lograr calles más seguras es provocar el incremento de viajes en medios no motorizados. Está plenamente demostrado que la presencia masiva de bicicletas en las calles, más allá de la infraestructura existente o del nivel educativo, siempre provoca disminución de los índices de accidentes, reduce la velocidad de los automotores e incrementa el nivel de atención de los automovilistas. 


El problema es que, en lo particular en lo que corresponde a viajes en bicicleta, la percepción de peligrosidad sigue siendo el principal factor que inhibe su uso. Todos hemos escuchado el argumento de algún conocido sobre lo peligrosísimo que es rodar en bicicleta en la ciudad y cómo sólo por eso no deberíamos hacerlo. Y hay que decir que sí, andar en bici es peligroso y debemos hacerlo con prudencia y procurar las medidas de seguridad apropiadas. Pero no es más peligroso que, por ejemplo, conducir un auto. Andar en bici genera un riesgo similar que, cruzar una calle, cambiar un foco o miles de actividades que hacemos comúnmente sin ser conscientes del riesgo que corremos.

Veamos los números: aproximadamente 29 ciclistas mueren por violencia vial al año en el área metropolitana de Guadalajara; de un universo de 92 millones de viajes anuales han terminado en deceso el 0.0000003152 de los viajes. Por otro lado, más o menos 1,450 personas pierden la vida al año por accidentes en automóvil; en un universo que casi llega a los 1,500 millones de viajes al año se puede decir que el 0.0000009666 de los viajes terminaron en evento fatal. Es decir el riesgo de fallecimiento por viaje en auto es 3 veces más alto que el de viaje en bici.
Pero nadie dice, no andes en auto porque es peligroso. Máximo escucharemos un “ponte el cinturón” “no tomes cuando manejas” o “maneja con precaución”. En cambio cuando sabemos de alguien que anda en bicicleta descalificamos el acto como algo altamente peligroso y al usuario de la bici se le impone un estigma casi de suicida. Sería diferente si sólo diéramos recomendaciones básicas de seguridad como hacemos con el automovilista: “usa luces y reflejantes de noche” “conduce por el centro del carril derecho” “asegúrate de ser visible a los automovilistas” o un simple “conduce con precaución”. 
He escuchado, decenas de veces, a personas que están convencidas que promover la bicicleta como medio de transporte es parte de una solución de movilidad para el futuro de nuestra ciudad, que sin embargo no la usan, por miedo. El miedo es provocado por una idea colectiva de peligrosidad no fundamentada, es decir, mera superstición.
Debemos vencer al miedo. El mayor riesgo que provoca andar en bicicleta es el de la adicción que desarrollarás cuando te des cuenta de la felicidad que acompaña el hábito de desplazarte con tu propia energía y en contacto directo con el espacio de la ciudad.

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