16.10.15

Ni una más

Felipe Reyes/más x más GDL.- inicios de agosto del año 2009 un grupo de poco más de 30 ciudadanos iniciamos la que sería una tarea enorme que permitiría visibilizar los riesgos, incluso de muerte, del ciclista común al transitar en las calles de Guadalajara. La colocación de la primera bicicleta blanca marcó un hito en el tiempo para comenzar a darnos cuenta, como sociedad, la problemática de seguridad que enfrentan las personas al desplazarse en la ciudad. Hoy el grupo que sigue dando seguimiento a esa tarea ha contabilizado desde esa fecha 175 muertes de ciclistas en incidentes de tráfico, pero no son solo ciclistas, las cifras de fallecimientos por violencia vial son alarmantes también en peatones y automovilistas.

Los mayores riesgos en las vialidades son provocados por un sistema de transporte público desordenado, por una laxa predisposición histórica a otorgar licencias de conducir a casi cualquiera y por una casi ausente educación vial en la mayoría de la población. 
 
Quizá el tema más fuerte sea cumplimiento de la normatividad. La tolerancia cero a quien incumple las normas de tránsito y el incremento de las sanciones han demostrado amplia eficiencia en muchas ciudades del mundo para abatir la peligrosidad en las calles. Esta normatividad debe garantizar que un conductor de un vehículo de motor, esa arma mortal que corre por las mismas calles en que cruzan nuestros niños, demuestre ser estrictamente responsable y capaz de conducirse de manera que no provoque ni el más mínimo factor de riesgo en el espacio público. Las licencias deberían retirarse a las personas que incumplan recurrentemente con la ley.
Desde luego, debe existir una infraestructura adecuada que garantice, no solo la circulación segura y preferencial de peatones y ciclistas, sino que también tienda a disminuir los factores de riesgo que los automotores provocan, ya sea reduciendo la velocidad posible, estrechando avenidas con carriles más estrechos o reduciendo radios de giros en las esquinas que obliguen al conductor a mantenerse cauteloso mientras circula. La calle debe entenderse como el espacio natural para circular de las bicicletas y es el automotor el que paulatinamente debe entender que al circular por las calles de la ciudad debe respetar las reglas de los vehículos no motorizados.
Tenemos que encontrar fórmulas, todos, sociedad y gobiernos, para poder difundir masivamente los criterios de educación vial que debemos respetar y hacer que sea parte de la identidad colectiva y de la manera en que entendemos el uso de nuestras calles. Nada nos hace más comunes que el uso que hacemos de nuestro espacio público. Ninguna aspiración que podamos tener como ciudad es más digna que la de lograr ser una sociedad donde unos se respetan a otros.
El camino ha sido y seguirá siendo cansado, no hay fórmulas mágicas para detener la violencia vial de la noche a la mañana. Quien se asuma como paladín de la seguridad vial o diga que una sola fórmula hará que la peligrosidad de nuestras calles desaparezca, simplemente miente.
La construcción de un espacio público más seguro pasa por todos y requiere de un gran consenso de sociedad y gobiernos. Nuestra ciudad no merece, no solo ni una bici blanca más, sino ni una sola muerte, de cualquier tipo, ocasionada por la violencia vial.

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Arreglan avenida; quitan ciclovía