20.11.15

Del transporte publico y el confort…


Germán Tirado S/más x más.- Moverse en transporte público es una práctica responsable. Hacerlo en la ciudad representa además un compromiso para el beneficio común, es lógica la acción: a menos viajes en vehículos de transporte privado, y mas ciudadanos desplazándose en transporte público, menos automotores en rutas y avenidas. 

Menor congestionamiento vial, menor contaminación, menor consumo energético, menor mantenimiento a calles y avenidas, menor requerimiento espacial para automotores, menor gasto público, menores tiempos muertos.

A cambio podemos tener mayor calidad ambiental, mayor espacio para peatones, mayor gasto público destinado a la movilidad no motorizada, mayor optimización del tiempo, de los recursos monetarios, energéticos y humanos… Mayor calidad de vida.

El problema surge cuando nos enfrentamos al diseño y la ausencia de confort del sistema de transporte, ser usuario del “chato” puede ser verdaderamente un sufrimiento urbano, un viacrucis al que pocos se exponen poseyendo un automóvil o la posibilidad de tenerlo. 

Cruda realidad enfrentan las ciudades mientras no cuenten con un sistema de movilidad colectivo digno y confortable, será difícil la migración del uso privado, al uso del transporte público. La evolución de la sociedad camina siempre hacia una búsqueda de la comodidad en todos los sentidos, solo filósofos ascetistas sacrifican el confort por motivos espirituales.

Rutas mal planeadas, ignorando la debida interacción entre ellas. Paradas y estaciones ausentes, insuficientes, e incongruentes con la utilidad deseada. Cero conectividad entre líneas y rutas. Unidades anti ergonómicas, sucias, con mantenimiento deficiente. Operadores sin conciencia de su oficio, sin la menor consideración a los ciudadanos que transportan en sus modos de conducir. Es notoria la falta de lineamientos y estandarización en los procesos de operación y servicio al usuario. Algo fácil de calificar y controlar desde el Estado, sólo la falta de voluntad, los compromisos políticos y la falta de responsabilidad institucional provocan la situación actual del transporte concesionado.

Tren Ligero y Macrobús aunque ofertan mayor comodidad a sus usuarios, manifiestan también limitaciones, la forma de pago es una de ellas, aunque promueve y cuenta con el sistema de prepago mediante tarjeta de debito, hacerlo en efectivo es cruelmente limitado: sólo acepta el pago personal y exacto, no es posible pagar dos o más entradas juntas, sólo acepta monedas, no da cambio, y no hay ventanilla o maquina para hacerlo… una verdadera calamidad que a diario sufren los usuarios. 

La movilidad interna en ambos sistemas es también susceptible de mejora, en la mayoría de las estaciones el cambio de andén sin cargo es imposible, siendo necesario salir, y volver a pagar para poder cambiar de dirección. 

Concientizar de lo valioso del cambio y generar una experiencia positiva en el uso del transporte público es el camino para lograr una movilidad eficiente, bien administrada en los diferentes tipos de moverse: Espacio equilibrado para todas las formas, públicas y privadas, motorizadas y no motorizadas… democracia desde la movilidad.

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