10.11.15

Incluir para educar

La inclusión es un proceso que parte del concepto de que lo normal es lo diferente. Con base en esto, expertos se reunieron en el Paraninfo Enrique Díaz de León para hablar sobre los retos de la universidad incluyente, una que brinde atención a la diversidad y ofrezca oportunidad de aprendizaje a todos los alumnos
 
Por Karina Alatorre/gaceta UDG
9 Noviembre 2015
 
La inclusión significa que un alumno —independientemente de sus características físicas, culturales o cognitivas—, esté presente, que participe y sobre todo que aprenda. Si solamente se logra la primera parte, entonces la institución educativa  no está incluyendo sino sólo integrando, afirmó Mónica Carbonell Casadesús, durante el pre Congreso de Orientación Educativa “Desafíos para una Universidad Incluyente”, organizado por la Universidad de Guadalajara (UdeG).


En una mesa de discusión realizada en el Paraninfo Enrique Díaz de León, Carbonell Casadesús, experta en educación inclusiva; Raúl Medina Centeno, especialista en psicología social; así como María Elena Chan Núñez, investigadora del Sistema de Universidad Virtual de la UdeG, plantearon los retos que las instituciones tienen que afrontar para ser verdaderamente incluyentes.
Mónica Carbonell explicó que la inclusión significa, sobre todo, brindar atención a la diversidad, que la educación inclusiva es ofrecer la oportunidad de aprendizaje a todos los alumnos, otorgándole los medios necesarios para acceder a él y evitando de esa manera el fracaso y el abandono escolar.
“A diferencia de la educación integradora, la inclusiva considera que lo normal es que todos seamos diferentes y que eso es lo que nos hace únicos y especiales, que la diferencia nos enriquece a todos y nos hace crecer como personas”.
En esto coincidió María Elena Chan Núñez, quien desde su experiencia investigando sobre el tema de ambientes de aprendizaje, dijo que éstos se enriquecen una vez que se reconoce que la diversidad es el principio fundamental del aprendizaje.
“Entre más diversidad hay en un ambiente de aprendizaje, éste es mucho mayor, porque hay un reto continuo de entender al otro, de ayudar, de tolerar, y eso genera una conversación productiva”.
La investigadora del SUV, explicó que las herramientas informáticas favorecen la inclusión, especialmente de estudiantes que habitan zonas alejadas o poblaciones indígenas, pero que es necesario ir más allá de sólo brindarles acceso, ya que “se puede afirmar que se les ha dado acceso pero no necesariamente ha redundado en inclusión, porque siguen sentándose a parte, discutiendo a parte, trabajando a parte”.
Añadió que en el proceso de reconocer que todas las personas son diferentes, también se debe reconocer que todas tienen aspectos en común, situación que permite generar un intercambio cultural y de enriquecimiento.

Exclusión igual a abandono escolar
En todos los niveles educativos, pero en mayor medida en el medio superior —cuando el estudiante se encuentra todavía en la etapa de la adolescencia—, la inclusión es un tema fundamental, que si no se atiende de la manera adecuada puede terminar en abandono escolar, afirmó Raúl Medina Centeno.
El investigador del Centro Universitario de la Ciénega, habló sobre la percepción que se tiene —en ocasiones equivocada— de la etapa de la adolescencia, en la que el docente debe ser especialmente empático para lograr que el joven se sienta aceptado y con ello evitar el abandono escolar.
Medina Centeno expuso el concepto de nutrición relacional, el cual consiste en una construcción de la identidad del adolescente por medio de elementos como el sentirse aceptado, querido, reconocido y valorado.
“Sentirse aceptado es el nivel más básico para generar un diálogo, si el joven no se siente aceptado, no habrá diálogo y por tanto no habrá aprendizaje. Además debe sentirse reconocido por los pequeños logros y valorarlo como persona, eso no es fácil, implica una destreza extraordinaria para un maestro”.
El especialista informó que de acuerdo con datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), el abandono escolar aumenta a partir la edad de quince años.
“La mejor manera de prevenir el problema está en incluir a los jóvenes que abandonan. No es un hecho inevitable, se puede, y se debe hacer algo contra el abandono para prevenirlo”.
Entre sus propuestas está el transitar de una práctica docente fiscalizadora, interesada solamente en evaluar, hacia una positiva, profesionalizada y formada para la inclusión.
Sobre este tema, Carbonell Casadesús comentó que en su experiencia trabajando en la Escuela Normal de Especialidades de Jalisco, pudo observar que los alumnos que luego serían maestros no estaban siendo formados para la educación inclusiva.
“Si el maestro no sale con información desde su carrera, no puede incluir, porque le faltan realidades, les faltan estrategias. Trabajar en inclusión es hacerlo sistémicamente y no atender sólo necesidades concretas y particulares de un alumno”.
La especialista originaria de España, indicó que el objetivo de este tipo de educación es que todos los alumnos saquen el potencial que tienen y finalmente evitar discriminaciones sociales, fomentando la cohesión, además de brindar el derecho que todas las personas tienen a recibir educación.
“La educación inclusiva lo que está haciendo es generar cambios a nivel social, porque además de cultivar aprendizajes, estamos cultivando personas que se van a integrar a una sociedad adulta y diversa”.

Pasos para una educación inclusiva
Para lograr una universidad inclusiva, enfatizó Carbonell Casadesús, primero se tiene que tomar la decisión de ser inclusiva, lo que se le conoce como el salto de paradigma, además de tener una visión educativa externa, reorganizar los recursos de la escuela, así como capacitar y apoyar a los maestros.
“Recalco aquí el apoyo, porque el hecho de que un maestro reciba un curso de Trastorno de Déficit de Atención (TDA), no significa que pueda trabajar la inclusión en el aula, necesita más recursos para incluir dentro del grupo clase”.
Dijo además que es necesario crear una Comisión de atención a la diversidad, que sea responsable del tema de la inclusión en toda la escuela, que desde el inicio diseñe las estrategias, haga un diagnóstico de los alumnos en base a los recursos con los que cuenta.
“La comisión debe estar integrada por el director de la escuela, los directores de etapas educativas, maestros de educación especial y equipos psicopedagógicos”.
Los especialistas coincidieron en que para lograr una educación incluyente es necesario que haya articulación en todos los grados educativos, para evitar esfuerzos aislados que no tendrían el impacto social que se espera.
“Si no hay una reforma académica desde el kínder hasta la universidad, una reforma no funciona, esto está probado, lo vemos en Finlandia, en Gran Bretaña, se tiene que diseñar todo un modelo de país, de un modo fragmentado no se puede”, comentó Raúl Medina Centeno.
Por su parte, Mónica Carbonell puso el ejemplo de Cataluña, donde una escuela que decide ser incluyente recibe todo el apoyo del Departamento de educación, brindando recursos como libros, información, material pedagógico y asesoramiento de un equipo psicopedagógico.

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