6.11.15

Lo inconveniente de las conveniencias


Felipe Reyes/más x más.- A estas alturas casi todo el mundo entiende que los hábitos de comodidad excesiva que los modelos de consumo han ido consolidando en el mundo durante las últimas décadas acaban siendo, no sólo nocivos para el ambiente, sino que en muchos casos podrían poner en riesgo la sustentabilidad misma de nuestra especie. 

Algunos de esos hábitos pueden simplemente pasar inadvertidos y para generaciones enteras están tan consolidados que pareciera que así han sido las cosas siempre. El uso del auto, y las comodidades que ofrece, se ha consolidado, ante la evidencia que poseemos, como uno de los mayores generadores de externalidades negativas en la calidad de vida de las personas. Debemos distinguir las situaciones que lo incentivan y buscar mitigar el impacto que generan. Uno de estos casos es el concepto de “tienda de conveniencia” paradójicamente nada conveniente para nuestras ciudades.

Por décadas, las normativas municipales se han creado bajo el criterio de permitir e incluso promover el uso del automóvil en todas nuestras actividades, buscando atender sólo las externalidades. Bajo este criterio se ha considerado históricamente que los usos comerciales debieran proveer los cajones de estacionamiento que su clientela requiera para evitar los autos estacionados sobre la vía pública. La inmensa mayoría de las normativas establece espacios mínimos de cajones que los comercios debieran proveer. Pero ninguna normativa es suficiente cuando los hábitos han desbordado a la ciudad, Oxxos y Seven Elevens se instalan sobre terrenos donde la superficie para estacionarse suele duplicar la superficie de la tienda, mucho más que lo que las normas exigen, y explicable porque su mercado depende de lograr una ubicación donde el automovilista pueda detenerse fácilmente y realizar alguna compra sin desviarse de su camino.

La demanda de cajones de estacionamientos está desbordada en todos los ámbitos urbanos. Los edificios de oficinas duplican las exigencias normativas para lograr clasificaciones que provoquen rentabilidades más altas del espacio utilizable, es común que en una inversión inmobiliaria el estacionamiento cubra casi la misma área que el espacio rentable. Los centros comerciales hacen esfuerzos por aumentar su disponibilidad de cajones con el fin de atraer clientes e incrementar el valor rentable de sus espacios. Hamburgueserías, cafeterías y tiendas de conveniencia buscan proveer servicios a la pasada donde el automovilista ni siquiera tenga que bajarse del vehículo.

Aun así, la realidad funciona a la inversa. Tantos privilegios y cuidados para el automóvil han provocado su proliferación y prácticamente en todas partes, estacionarse es un problema evidente sin solución visible. El error sería optar por la solución fácil de construir más y más cajones en todas partes, escalando el problema de manera mayúscula.

Si bien hay que consolidar alternativas de movilidad, hoy la solución debe pasar por tomar determinaciones fuertes que reduzcan la disponibilidad de cajones y privilegios que compliquen los viajes en automóvil. Quizá sea hora de que pensemos nuestras normativas de manera que establezcan máximos de cajones permitidos y no mínimos.

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