18.1.16

En tus zapatos, ciclista


Iba circulando en su auto por el segundo carril cuando vio a un chico montado en una bicicleta chaparra, alargada, rodando al margen del carril derecho. Humberto lo miró hasta que una camioneta pasó rápido entre ambos, solo por segundos perdió visibilidad del juvenil ciclista.

Tan pronto como la camioneta los rebasó a los dos, Humberto vio al chico de la bici volar hacia la banqueta, fue una caída leve, pensó, pero no por eso iba a dejar de ayudarlo. Así que se orilló y se acercó al chico para ver cómo estaba. La camioneta se siguió.

 
Al acercarse descubrió al muchacho tendido boca arriba, pálido, sobre un creciente charco de sangre. Esa caída que a Humberto le pareció “leve”, había matado al ciclista. Se golpeó en la nuca y fue todo, al instante perdió la vida.

Fue tan rápido que lo sucedido parecía no tener sentido para Humberto. No supo si la camioneta que circulaba rápido golpeó al muchacho, o si le pasódemasiado cerca y se desequilibró. Nunca supo qué pasó, pero no daba crédito.

“He visto caídas peores, yo mismo he tenido caídas más aparatosas, él nada más se cayó y murió”, me repetía él, desconcertado todavía por el terrible suceso que le tocó atestiguar hace dos años.

Su relato me hizo recordar que el año pasado 27 ciclistas en Guadalajara corrieron con la misma suerte que este chico de la bicicleta chaparra. Me hizo pensar que los automovilistas o camioneros relacionados con la muerte de estas personas, no tenían en cuenta que la vida de una persona es extremadamente frágil al circular en dos ruedas. Una caída puede ser suficiente para no levantarse más.

El problema radica en el egoísmo de los automovilistas, que ven asfalto y se lo apropian, cuando en realidad un ciclista tiene el mismo derecho de circular sobre él.

Invadir una ciclovía urbana para no pasar por los topes de las zonas 30, presionar con el claxon a un ciclista que va en medio de un carril, no guardarle espacio cuando uno de ellos avanza al margen de la calle o utilizar como vía rápida el acotamiento de una carretera colapsada de tráfico, es equivalente a aumentar la posibilidad de que un usuario de la bici sufra un accidente en cualquier nivel de gravedad.

Cualquiera de las anteriores formas de utilizar el carro es centralizar el uso de la calle, es pensar que sólo los autos tienen derecho sobre ella y que los demás pueden quedarse con las sobras, o sea, con las callecitas que no le gustan a los carros.

Compartir la calle porque es de todos es un pensamiento que no nos gusta tener presente porque nos imprime responsabilidades, pero que si no lo asumimos condenamos a Guadalajara a ser la hostil y caótica ciudad donde no cabe un alfiler más, pero más allá de que eso sea o no cierto, la verdad es que no estamos dispuestos a tolerarlo.

Este 2016 es un capítulo en blanco que, lamentablemente, es precedido por otros llenos de tragedias urbanas originadas en la negligencia, descuido, distracciones y falta de responsabilidad. Pero si apretamos estas tuercas, quizá consigamos un cierre de año más alentador para los amigos ciclistas, cuya movilidad nos libra a los tapatíos de respirar un tanto menos de contaminación.

vmc@ntrguadalajara.com

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