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La extravagante disputa de los coches contra Los Colomos

Por Juan Palomar Verea jpalomar@informador.com.mx

¿Alguien se figura que puede llegar en coche a Hyde Park, a las Tullerías, al Bosque de Boloña, al Tiergarten, a Central Park? ¿Y allí ocupar preciosas hectáreas para estacionar su vehículo? Ni de broma se lo plantearían los habitantes de Londres, París, Berlín o Nueva York. Los parques son sagrados, en el sentido etimológico del término: están aceptada y expresamente segregados de los demás espacios de la ciudad. O sea, están exentos de humillaciones, mutilaciones y abusos provenientes de intervenciones ajenas a su espíritu: aportar todas las bondades de la naturaleza al medio urbano. 
 
Entonces: ¿Por qué la quejadera de los que aún quieren ir en su coche a Los Colomos? De hecho, las varias hectáreas ahora destinadas a los coches deberían convertirse en más parque limpio. Exactamente como los parques mencionados. Y el que quiera ir, que se vaya a pie, en bicicleta, en transporte público, o en camioncitos especiales que hagan traslados estratégicos y que, por supuesto, cobren. 

Estamos muy mal acostumbrados, somos muy comodones. Mucha gente piensa que su coche es una parte integrante de su persona y ni sueña en dejarlo en su casa aunque sea para ir por el pan. Esta es una de las raíces de la contaminación, de la congestión vial, de la creciente gordura de la población, de las galopantes deseconomías. Si va a catedral, su ilusión sería un cajón listo para recibir su coche contra la fachada misma del monumento. Si acaso, a media cuadra, bajo el Dos de Copas. Véase el caso del Hospital Civil y los abusos que comete mucha gente que tiene “apartado” todo el día un cajón contra la fachada misma. 

Y la solución no es construir (aunque sea enterrado) un enorme estacionamiento en Los Colomos. Al revés: se deberían quitar los estac ionamientos, salvo los de los discapacitados y los de los servicios indispensables. ¿No van los usuarios en busca de su salud? Pues el trayecto hasta el bosque –en muchísimos casos- sería un complemento de esa salud: caminando, transportándose en bicicleta, o en una combinación de lo anterior con transporte público. Ya es tiempo de que seamos como cualquier ciudad civilizada, no un pueblote gobernado por el coche y sus exigencias extravagantes.

Asombra entonces que la acertada medida que implantó el Ayuntamiento de cobrar 20 pesos por coche encuentre tanto airado rechazo. ¿Dónde dice que los parques –y particularmente Los Colomos- estén obligados a prestar servicio de estacionamiento a precios ridículos? En cambio, la entrada ahora es gratis. Y ni así. Es necesario apoyar a la autoridad cuando realiza un acto como este. Hay que desalentar el uso del automóvil: es ya un asunto de salud pública, de cordura, casi de sobrevivencia. 

Así que, gradualmente, las 4 hectáreas ahora destinadas a estacionamiento en los Colomos deben ser ganadas para la naturaleza y para el esencial disfrute de todos. Y que, luego, se le quite al Bosque todas las bardas, que se vigile bien, y que sea finalmente un espacio democrático, realmente abierto permanentemente a la ciudadanía.

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