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BOCA DE LOBO, TRAMPA CICLISTA


MÁS POR MÁS GDL GDL 16/02/2016
Alejandra Guillén.- A mediados de enero, un ciclista compartió en redes sociales que lo habían golpeado y robado al pasar avenida Niños Héroes en su cruce con Inglaterra: “Sucedió al subirme en la bicicleta, pasando las vías, embestido por dos sujetos, me confié porque era de día y vi niños pasando con uniforme por el lugar, lo pensé, no lo hice, pero es mejor bajar por el paso a desnivel ubicado en esa zona, espero que siendo ciclistas no les suceda algo por el estilo”.


Su comentario provocó que otros relataran historias similares: “ése es un hoyo negro para los ciclistas”; “a mí me robaron en el mismo lugar”; “a mí también”, “Pueblo Quieto es de riesgo, a quien pasa, lo asaltan”; “conozco a más de 10 ciclistas que han sido asaltados en esa zona, con armas de fuego, picados con alambres o golpeados”; “Yo vi cuando dos tipos robaron a unas chavas”, se podía leer.

Una mujer compartió que vive por la zona y que de diez vecinos, a ocho los han asaltado “caminando, en carro o en bici, traen pistolas, navajas, (por ahí) se oyen balazos, corretean chavos y demás”.

En los cruces de Inglaterra con Niños Héroes y Mariano Otero hay pasos a desnivel y en ninguno se diseñó un espacio seguro para el tránsito de ciclistas y peatones. Los ciclistas tienen que arriesgarse yendo por abajo del paso a desnivel, pedaleando entre los vehículos, o yéndose por arriba con el riesgo de que los roben. Los peatones sólo tienen la opción peligrosa de cruzar por las vías del tren.

La Secretaría de Seguridad Ciudadana del ayuntamiento de Guadalajara recibió en enero de este año dos reportes de robo a personas, sobre avenida Inglaterra en los cruces con avenida Niños Héroes y con la calle Lluvia (del lado de la colonia Jardines del Bosque). Del lado de la colonia Arcos, por la calle Mexicaltzingo, también se registró un robo de vehículo. Pero las autoridades advierten que pocas personas denuncian.

Durante el trimestre de octubre a diciembre de 2015, las denuncias de robo a personas se concentraron en el cruce de Inglaterra y Mariano Otero y en calles aledañas, en el polígono que comprende el lugar conocido como Pueblo Quieto, un asentamiento levantado en la zona federal de la vía del ferrocarril y en un predio privado que comprende el cuadrante de las calles Lluvia, La Noche, Tormenta y avenida Inglaterra.

También hubo robos a negocio, a vehículos y a casas, pero del lado de la colonia Arcos.

La historia de inseguridad en la zona ya es vieja, pues incluso la denominación de “Pueblo Quieto” se dice que es una ironía por lo peligroso que es ese polígono.

Una pedrada en la cara

Alonso vive por Plaza del Sol y pedalea por avenida Mariano Otero cuando se dirige a la zona de Chapultepec o al Centro de Guadalajara. En el verano de 2012 acudió a una manifestación contra el PRI. De regreso a casa tomó la misma avenida y en su cruce con avenida Inglaterra se fue por arriba. Iba en bici, con luces, una mochila, un iPod y su celular.

“En ese entonces yo tenía años de ir a la colonia del Fresno y pasaba por Inglaterra y Enrique Díaz de León, me paraba con los migrantes, siempre tranquilos, buena onda, nunca tuve ningún problema. No me la pensaba en pasar por Mariano Otero porque siempre cruzan muchas familias del Fresno, niños de la escuela, gente que va de compras”.

Hasta ese día que en las vías se le atravesaron dos jóvenes. Alonso los saludó, ellos le pidieron un peso pa’ un taco y con esa frase cayó en cuenta de que no eran migrantes. “Se me cerraron y me tuve que bajar de la bici porque las piedras son muy grandes y vas muy despacito. Me bajé y les dije ‘ahí tienen 20 pesos pa que coman’. Traté de abrirme y me pidieron mi discman. Uno de ellos me quería convencer, que lo quería, yo le decía que no, y el otro trataba de salirse de mi campo visual. Creo que me amenazaron con sacar un cuete y grité ‘¡no! ¡auxilio!’ En eso me llovió una piedrota en la mandíbula y me tumbó (…) El fulano agarró la bici y sus cosas hacia Pueblo Quieto, iba con la luz prendida, delatándolo, hasta despacito”.

Alonso salió de ahí para pedir ayuda, marcó al 066 con su celular (no se lo robaron porque lo traía en el pantalón), se alejó del lado de Pueblo Quieto, iba sangrando, se sentó a descansar frente a la bodega de Corona. Los guardias le hicieron el favor de llamar a la policía, éstos llegaron “molestos”, le pidieron sus datos, se burlaron y cerraron el caso: “Han de haber sido los del Fresno, allá hay mucho malandro”. Él les dijo que no, que los ladrones se habían metido a Pueblo Quieto, pero los elementos ahí terminaron su trabajo.

“Es una zona muy oscura cuando podrían iluminarla y reducir el riesgo. Yo pienso que ahí en Pueblo Quieto esconden algo. No puede ser que a espaldas de donde ocurren muchos asaltos, esté el edificiote del gobierno (de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco) y no sean capaces de evitar los asaltos. Es un indicio de que los protegen. La verdad me quedé con un sentimiento muy amargo, con mucho rencor”.

Pasó el tiempo, Alonso agarró confianza, compró otra bici y se dirigió hacia Chapultepec. El tráfico estaba cargado, era peligroso bajar por el paso a desnivel. Era de día, había muchos niños y personas caminando y se animó a cruzar por arriba. Justo en ese momento el tren estaba haciendo operaciones y entre los vagones salieron dos jóvenes que empezaron a forcejear con un señor. Alonso trató de ayudarlo, pedaleó más rápido y otro fulano se le puso enfrente. Le apuntó con una pistola, “del shock brinqué y caí en las piedras. Le tiré la bici, no me quise arriesgar y tanto el señor como yo, corrimos afuera de las piedras”.

Alonso ya no se arriesga a irse por arriba, siempre pedalea por el paso a desnivel, pero trae una bici ligera, tiene buena condición y sabe que de cualquier manera es peligroso. Su perspectiva es que se tiene que intervenir el espacio de las vías, meter iluminación, espacios de convivencia que disminuyan los riesgos de un atraco.



Más vigilancia

El ayuntamiento de Guadalajara asegura que se reforzó la vigilancia en ese perímetro, lo que ha disminuido el número de delitos.



La Crónica personal de un intento de atraco

No sé en qué momento la lluvia de piedras me empieza a caer, pero las veo nítidas y lentas a pesar de que no hay un solo arbotante en esa cuadra. Las esquivo con la facilidad de Neo, el de Matrix: a una le pongo el antebrazo al calcular la trayectoria; a otra, del tamaño de un ladrillo, le antepongo el rin de la bicicleta; otra, por fin, me alcanza en la rodilla de rozón porque también la muevo antes que me deshaga la rótula.

Los sigo imprecando con vehemencia. Aprovecho un momento de vacilación en el cual no me avientan más piedras para montarme en la bici e intento andar. La pierna derecha, que da el primer impulso, se va en banda, la cadena está suelta. Un segundo intento y me doy cuenta que el rin está estropeado. Aún sin comprender mucho, mi primer impulso es dejar la bici y seguir corriendo. Sin embargo, cargo con la bici y corro en retirada. La rodilla empieza a dolerme, pero corro con todas las fuerzas.

En esa parte de avenida Inglaterra no hay dónde pedir ayuda. Intento llegar a la parte más iluminada, que es la siguiente esquina. Veo las piedras rebotar en el pavimento, pero ninguna me alcanza. Por fin llego a la esquina, pero sigo caminando hasta plantarme en uno de los postes de alumbrado público. Les grito que se vengan de a uno, que son unos pinches putos, que se vengan a la luz. Por respuesta, recibo una metralla de piedras que no me cuesta trabajo esquivar. Estoy más lejos y ellos no se mueven de las sombras protectoras de un árbol situado a un lado de las vías. Finalmente, me gritan que vaya por ellos.

La adrenalina me corre a raudales, quiero seguirlos, machacarles el cráneo contra las vías, pero decido seguir corriendo, en retirada, cojeando y con la bici rota. El tren ha dejado de pasar y las luces de los autos parpadean. Todavía hay gente en las esquinas esperando el camión. Es fin de semana y la vida nocturna apenas empieza, pero no para mí, que tendré que rumiar el dolor de la rodilla alcanzada por una piedra anónima en un cruce ferroviario.
Víctor César Villalobos, ciclista

Versión completa en:
www.masgdl.com

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