16.4.16

Una historia que merece ser contada

Parte 4 de 4
Felipe Reyes/masgdl.com.- Si bien es cierto que la mera voluntad política no basta para transformar la movilidad de una ciudad, en el caso tapatío, la prisa de los actores políticos por incorporar en su discurso temáticas progresistas y de sustentabilidad provocó una relativamente noble asignación presupuestal a temas vinculados con movilidad sustentable, la incorporación al servicio público de diferentes actores provenientes de organizaciones de la sociedad civil que trabajan el tema y la promoción de nuevas leyes, reglamentos y normativas tanto estatales como municipales orientadas a la construcción de una mejor ciudad.


Durante los últimos años han aparecido instituciones dedicadas a concretar las transformaciones que nuestra ciudad necesita. La secretaría de vialidad pasó a llamarse Secretaría de Movilidad, en el entendido de que ahora analiza el desplazamiento de personas y no sólo de objetos o mercancías. Se creó a nivel estatal el Instituto para la Movilidad y el Transporte del Estado de Jalisco, y a nivel intermunicipal se creó el Instituto Metropolitano de Planeación. Los 2 municipios metropolitanos más grandes han visto emerger sus respectivas direcciones de movilidad.

También las organizaciones de la sociedad civil se han transformado a lo largo del tiempo. El Observatorio Ciudadano para la Movilidad, que agrupa a organismos y académicos, se ha convertido en un factor de presión constante para la mejora de temas de transporte con una fuerte resonancia mediática, los organismos vinculados a temas urbanos participan en diferentes consejos ciudadanos y han aparecido decenas de nuevas organizaciones ciclistas y promotoras de movilidad sustentable, la mayoría de jóvenes o estudiantes universitarios con un fuerte empuje que han venido aportando nuevas ideas de ciudad y planteando nuevas problemáticas.

Todo esto ha enriquecido los debates. Si bien el movimiento para la movilidad sustentable comenzó con una fuerte tendencia a temas urbanos y ambientales, la incorporación de jóvenes con vocaciones más sociales, y de alguna manera radicales, ha provocado que hoy este más fuertemente sustentado en discursos que se construyen en torno al derecho a la ciudad y la construcción de sociedades más justas e igualitarias. La ciudad ha dejado de ser un asunto de arquitectos y urbanistas para pasar a ser un tema de sociólogos o psicólogos sociales. Los últimos años han visto emerger, por ejemplo, la demanda de la seguridad vial de los usuarios de la vía pública por encima de temas ambientales de contaminación del aire o de congestión y pérdida de horas productivas de los habitantes de la ciudad.

Hoy, las temáticas vinculadas a la seguridad de ciclistas y peatones aunada al derecho que tienen de hacer uso de las vialidades de manera segura y con prioridad sobre automotores se han convertido en la principal demanda de las organizaciones de la sociedad civil.

Gracias a toda esta serie de factores algunos proyectos han podido materializarse o están en proceso de hacerlo. La ciudad construye ahora su tercer línea de tren ligero, cuenta con planes para integrar el transporte público, se han consolidado zonas de tráfico reducido y se planean más, se consolida una red de vías ciclistas y ya se tiene operando y en proceso de crecimiento un sistema de bicicletas públicas de primer nivel.

Esto no significa que se deba cantar victoria. Lo hecho e incluso lo planeado no cubren ni un mínimo porcentaje de todas las modificaciones que debe tener nuestra ciudad para transitar hacia un modelo de sustentabilidad real, pero sí es señal de que se camina en el sentido correcto.

Los años que vienen serán clave en la consolidación de un modelo que permita pensar el futuro y que demuestre que, como sociedad, pudimos prevalecer en el tiempo y construir en conjunto una Guadalajara sana y sustentable.

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