27.7.16

LA DEMOCRACIA DEL OZONO QUE NOS MATA

Más x más GDL

Vanesa Robles.- Iba a escribir sobre baches, lo juro, pero acabé escribiendo sobre coches, porque no sé qué es peor: si nuestros demasiados baches o nuestros tantos coches.
En el fondo lo sé. Son peores nuestros muchos coches.

En principio, porque todos sabemos que son los causantes de los miles de agujeros en el pavimento (sólo en la ciudad de Guadalajara se estiman en 21 mil; su reparación nos costará ocho millones de pesos este temporal). También, porque nos damos cuenta de que cada día circularán más carros, aparecerán más zanjas y habremos perdido por los ocho millones, más las llantas que se acumulen.
Hemos construido —permitido que eso ocurra— una ciudad en la que es-imposible-circular-sin-auto-propio. Y una cultura local en la que tener un vehículo propio significa sentirse un poco más arriba en la pirámide social que los que viajan en camión.
Por eso todos tenemos un coche, aunque sea en la cabeza (de preferencia, uno de ocho cilindros). Lo tenemos y enceramos en la imaginación, aunque sepamos que nuestro deseo tiene patas arriba a una urbe donde dos terceras partes de los paisanos sobrevive sin automóvil, según los datos del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática y, para que se les quite, tienen que aportar impuestos para que nuestros autos circulen sin abollarse las llantas.
Nuestras autoridades. Ellas también conocen que según la tasa por habitante, la capital de Jalisco, incluyendo a sus municipios conurbados, es la más motorizada de México y una de las que albergan más vehículos en América Latina (2.5 por cabeza), como arrojó el estudio Costos económicos y ambientales de los autos en el Área Metropolitana de Guadalajara.
Es curioso: nuestros diputados levantan el índice, presurosos, cuando deben votar contra los fumadores y miran a otro lado cuando se enteran que 96 por ciento de la suciedad del aire proviene de los autos motorizados como los suyos.
Deberían saber que en 2012, por la contaminación del aire pasaron a mejor vida 3.7 millones de personas de cánceres en el pulmón y la vejiga, según la Organización Mundial de Salud (OMS). Que el problema ha hecho de la Ciudad de México la segunda de América Latina más mortal por su mala calidad del aire, con unos 14 mil fallecimientos por año, sólo superados por Sao Paulo, Brasil, que entierra a 23 mil por la misma causa. Que Guadalajara no puede curarse en salud; otro organismo, el Clean Air Institute, calcula que la concentración de ozono en la perla tapatía —la perla negra— rebasan 150 por ciento los niveles de aire saludable que ha establecido la OMS.
Nuestras autoridades deberían saberlo porque, hasta donde se sabe es su obligación, y porque ellas, sus hijos y sus nietos respiran el mismo aire que el resto de los habitantes de la ciudad. Un aire que en su desaseo profundo ejerce una democracia que ningún sistema político ha logrado: todos lo respiramos en algún momento del día.
Quiero pensar que nuestras autoridades —tan nuestras como los baches y los autos aunque sean ajenos— han pensado alguna vez en la calidad del aire, y quizás olvidaron el tema en cuanto se subieron a su gran coche y encendieron el acondicionado.
Quiero pensar que la próxima vez que visite a una llantera después de haber tropezado con un bache, le mentaré la madre a mi coche y con eso a mi propia comodidad.

No hay comentarios.: