29.8.16

Sensibilizan a los infractores viales









  • Una de las actividades del taller de educación vial organizado por el Ayuntamiento de Guadalajara fue que los infractores caminaran con los ojos vendados en la Plaza 18 de Marzo. Foto: Maricarmen Galindo



    César Rubio/Mural

  • Guadalajara, México (29 agosto 2016).- Caminito de la escuela, apurándose a llegar... con sus folios bajo el brazo, va todo el infractor vial.




    A diferencia de la canción de Cri Cri, el ánimo ayer no era de alegría; más bien de enfado y molestia.


    La cita fue a las 9:00 horas, en la biblioteca de la Plaza 18 de Marzo, mejor conocida como antigua penal. Ahí se dieron cita al menos 70 personas que asistirían a un taller de educación vial a cambio de un descuento de 50 por ciento en su multa.



    "La falta que se supone que cometí cuando me infraccionaron fue porque me estacioné sobre la rampa para entrar a un estacionamiento, sólo me tardé un minuto", dijo con molestia y resignación Luis Abundis.


    Él recibió una multa de 3 mil 276 pesos como parte del programa Banquetas Libres y participó ayer durante cuatro horas en el curso organizado por la Dirección de Movilidad y Transporte de Guadalajara.


    La voz de los instructores resonaba en las dos aulas de la biblioteca, como si se tratara de maestros de educación básica.

    "Tanto alboroto por una multa, pero bueno, de algo habrá de servir", se escuchó decir a un participante, a quien no le quedó otra opción ante la "flaqueza" de su cartera.

    A los 70 infractores les explicaron las razones de la sanción y experimentaron en carne propia las consecuencias de invadir banquetas, ciclovías, cajones exclusivos para personas con discapacidad y para bomberos.

    Así, pequeños grupos podían verse caminar con los ojos vendados y guiándose sólo con un bastón alrededor de la biblioteca.

    "No entiendo por qué hacemos esto", cuestionó Jorge Suárez, mientras sujetaba por el hombro a otro de sus compañeros al andar por la banqueta y sentir desesperación, frustración y ansiedad por no poder ver.

    "Es para que conozcan los obstáculos que una persona que no puede ver tiene que pasar cuando camina", respondió uno de los instructores.

    Al quitarse la venda, el rostro le cambió a más de uno.

    Eran las 13:00 horas cuando empezaron a salir y, a diferencia del ingreso, ya no hubo ceños fruncidos ni rostros de disgusto; todo lo contrario, había satisfacción y tranquilidad, y no era sólo por el descuento.

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