25.9.16

La ley de la bici

 por LA QUINTA | Fernando Casas de la Peña / ntrguadalajara.com  25 de Septiembre 

El 22 de septiembre fue declarado como el Día sin automóvil para promover el uso de otros sistemas de transporte y desincentivar el carro en las ciudades. En principio, ¿quién podría objetar estos nobles fines? El problema está más bien en la adopción de consignas sin establecer las condiciones que permitan su correcto funcionamiento. Me explico:

El automóvil ha pasado a ser el villano favorito. Ya en otra columna escribía el por qué: es más fácil imponer multas, sanciones e impuestos a un grupo que no tiene cohesión: los automovilistas. Intenten poner sanciones a grupos con poder de cabildeo como los transportistas, los dueños del transporte supuestamente público o a los dueños de empresas contaminantes y verán que nuestros políticos no son tan receptivos. Además el automóvil es un elemento muy visible por todos, y no sólo por quienes sufren por la contaminación de determinadas industrias. Es curioso que en su origen el automóvil fue la solución a un grave problema ambiental causado por ¡los caballos! En ciudades como Nueva York a principios del siglo pasado, el exceso de estiércol generado por una población de más de un millón de caballos tirando carruajes en la ciudad la afectó al grado de alterar sus edificios; en esas circunstancias el automóvil eliminó los desechos y sacó a los caballos de las calles.

Ahora, el éxito de los automóviles ha causado a su vez un impacto muy fuerte en las ciudades y es innegable su contribución a la contaminación, pero también hay que reconocer que es una de las maneras más eficientes para una persona para trasladarse, y que también ha sido una manera relativamente cómoda para los gobiernos de pasar el problema de los traslados a las personas: el estado pone las vialidades (finalmente es parte de la infraestructura por la que se pagan impuestos) pero el ciudadano es quien tiene que comprar un transporte, pagar combustibles, impuestos y otros derechos (como el emplacamiento, que afortunadamente no pudieron extender a las bicicletas). El transporte público en realidad es privado porque está subrogado, es malo, deficiente, insuficiente y hasta peligroso. Las bicicletas son bonitas y muy ecológicas, pero no resuelven el problema de transporte de muchos, ya sea porque se tienen que trasladar grandes distancias, o porque llevan carga o no quieren arriesgar la vida; ¿qué queda? Ahorrar para conseguir un auto que permita llevar a los hijos a la escuela y llegar a tiempo al trabajo.
Un problema derivado de la demonización del automóvil es que se ha sobre compensado en su contra. Las vías recreativas son muy populares pero en realidad son una especie de discriminación a la inversa: quítate tú para ponerme yo. Lamentablemente eso no fomenta la convivencia de distintos tipos de transporte, no sólo un día, sino todos.
Por último, me parece muy bien la promulgación de la ley ciclista, pero ésta debe ir acompañada de un cambio en la infraestructura en la ciudad: carriles bien delimitados, ciclovías interconectadas y no aisladas, señalética apropiada, transporte público multimodal eficiente, un adecuado mantenimiento de las vialidades, sanciones a quienes no respeten la ley (incluidos peatones y ciclistas), establecimiento de horarios para el transporte de carga, renovación de las aceras para peatones y un largo etcétera.

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