6.10.16

Apuestan al modelo ruta-empresa para modificar hábitos de pasajeros



Los usuarios maltratan los camiones (grafiti, sillas y vidrios dañados son el factor común) por el deficiente servicio. EL INFORMADOR / F. Atilano

  • Ante el mal servicio, se desquitan con las unidades
Los transportistas manejarán sus unidades en flotilla y habilitarán centros de monitoreo. Con eso se pretende que los usuarios respeten las unidades y se mejore el servicio
GUADALAJARA, JALISCO (06/OCT/2016).- Una vez que todas las empresas de transporte en el Área Metropolitana de Guadalajara transiten al modelo ruta-empresa, los hábitos de los pasajeros cambiarán. Bajo ese esquema, las rutas funcionarán como flotillas y los empresarios del ramo establecerán medidas efectivas para evitar el vandalismo.
De acuerdo con el director de Transporte Público de la Secretaría de Movilidad, Gustavo Flores Delgadillo, al trabajar bajo ese esquema los camioneros tendrán justificado un centro de monitoreo que estará estrechamente ligado a las autoridades, lo que inhibirá no sólo los asaltos sino todas las malas prácticas que se realizan actualmente adentro de las unidades.

En su opinión, la diferencia que muestran los usuarios tapatíos al abordar un camión y un vagón del Tren Ligero, incluso el Macrobús, radica en la videovigilancia que hay en estos últimos, pues a diferencia de las cámaras habilitadas en algunos autobuses o camiones, los pasajeros están monitoreados desde que ingresan a las estaciones; no sólo al vagón o autobús.  
“Son disuasivos, totalmente. Generan esa sensación de sentirse vigilado y un efecto preventivo en cuanto al estado de las unidades. Por lo que ve a los exteriores del Tren y el Macrobús, prácticamente es imposible generarles un daño porque van en un carril confinado, con sus paradas en las estaciones, y por las noches se mantienen en zona de resguardo”.
Otra de las características está entre los choferes, pues ni en el Tren Ligero ni en el Macrobús cobran a los pasajeros. Y al cambiar eso en los camiones, no sólo los asaltos sino los accidentes, reducirán también. Además se habilitarán herramientas de posicionamiento satelital para alertar si el camión salió de ruta o está detenida por más tiempo de lo habitual.
El funcionario asegura que la meta es aplicar el nuevo modelo de transporte en el 100% de las unidades de transporte público de Guadalajara antes de que concluya el periodo gubernamental de Aristóteles Sandoval. Hoy, afirma, el 70% de las rutas en la ciudad le han expresado su interés por aplicar las nuevas medidas.  
Pero hay una traba: la cantidad de camiones que tienen los concesionarios. “Hay quienes tienen sólo una o dos unidades, y no ven conveniente hacer una inversión grande para adaptar toda la tecnología (…) Sí hay unos que desgraciadamente no se mentalizan ni se aplican y se aletargan”.
TESTIMONIO
Las batallas contra el “chemo”
A veces es sólo uno. A veces suben en grupo. Pero no hay excepción: siempre suben.
No importa el camión, la ruta, el horario, el día o el punto exacto de la ciudad: habrá alguien que aborde el camión acompañado con un fuerte aroma a solvente.
Pagará sus siete pesos y tomará asiento hasta el fondo. Esperará un par de minutos y buscará el material de entre sus ropas. Llenará su estopa con líquido y la acercará a su nariz.
Transcurrirá otro par de minutos y el conductor recibirá las primeras quejas. Al menos tres pasajeros se acercarán a él y le pedirán que haga algo. Él atenderá la petición.
Detendrá el vehículo en la primera oportunidad para llamar la atención del señalado. Los pasajeros dejarán todo lo que hacen o piensan para observar y escuchar a detalle.
El chofer le pedirá que desista, que lo guarde, que baje de la unidad. Los pasajeros observarán con cautela.
El individuo aquel obedecerá. Quizás oponga resistencia, pero al final de cuentas se verá obligado a regresar el “chemo” al bolsillo y, molesto, descenderá del camión.
Una vez abajo llamará la atención del conductor. Le gritará por llamarle la atención cuando, seguro está, ni una huella había de su idilio con el solvente.
Es una escena de la Ruta 30 del transporte público en la Colonia Parques de Santa María.
Los malos usuarios
Tras el volante de un camión no sólo se lidia contra el tráfico y los horarios. También contra los malos ciudadanos.
Ramón Ureña Pérez, por ejemplo, siempre detecta nuevos rayones con plumón indeleble en las sillas, paredes y cristales de su unidad. Salvador Rodríguez García, por su parte, reconoce que no hay día en que no retire latas vacías de cerveza al concluir sus viajes.  
Ambos son trabajadores de las rutas alimentadoras del Macrobús. Ambos consideran esos como los menores problemas con los que lidian durante su jornada laboral.
Intrascendentes, coinciden, si se comparan con prestar primeros auxilios a un pasajero que fue alcanzado con una piedra en la cabeza. Porque sucede: hay personas que encuentran divertido arrojar objetos  desde algún punto ciego para evitar ser detectadas.
¿Y la jornada después de un ataque así? “En primer lugar lo reportamos a la base, esperamos al que viene detrás, le pasamos la gente y nos regresamos con la persona golpeada para que la lleven al servicio (médico). Tanto entorpece la jornada como nos pone de malas; tenemos que cambiar de unidad y hacer muchas cosas porque esa unidad ya no está en condiciones de seguir laborando”, dice Salvador Rodríguez.
Su colega, Ramón Ureña, explica que los agresores particularmente se han ensañado con la Ruta Alimentadora 8. “Están entre las calles. Lo peor es que nos han descalabrado usuarios; tanto niños como señoras (…) Deben creer que su mamá, sus hermanos, sus tíos, sus parientes, tienen carro y no utilizan el servicio público. Se deberían de dar cuenta que también ellos utilizan el medio de transporte y una pedrada que ellos lancen hacen pueden herir a sus familiares”.
No son las únicas historias adentro de un camión. Los casos de acoso, principalmente a mujeres; las personas que suben alcoholizadas, o a beber; los asaltantes armados, e incluso los grupos de jóvenes que se animan a encender un cigarrillo de mariguana adentro, son el dolor de cabeza diario de los choferes del transporte público en el Área Metropolitana de Guadalajara.
CLAVES
Quejas
2015. En ese año, Sistecozome fue la empresa que acumuló más quejas por la prestación del servicio: mil 837 denuncias. Muy por debajo, en segundo lugar, está Servicios y Transportes: 426, y en tercero la Alianza de Camioneros: 272.
Reprobada. La ruta con más reportes interpuestos por los pasajeros de la ciudad es la 51-C (161 quejas). Luego están la 646 (135), la 371 (129), la 629 (96) y la 19 (91).
Causas. En su mayoría, los usuarios se quejan por la deficiencia en el servicio. Después porque los conductores no respetan las paradas o simplemente no la dan y luego por el “mal trato” que reciben de éstos.
Calificaciones. En una evaluación aplicada a mil 275 usuarios de todas las modalidades de transporte público, el Tren Ligero recibió la mejor calificación: 4 sobre 5 puntos. Después están el Macrobús y el SiTren, con una evaluación “buena”. Abajo están tanto las rutas alimentadoras del Macrobús como el servicio normal, calificados como “regulares”.
Opinión. Según los ciudadanos encuestados, los autobuses con características especiales y los de servicio suburbano prestan un servicio “malo”.
Propuestas. Para mejorar el servicio, los sujetos de muestra propusieron mejor capacitación para los conductores, más unidades para un paso más frecuente y respetar las paradas. En esa escala quedó después el mantenimiento de las unidades, conducir adecuadamente y tanto la limpieza como la comodidad y el precio.
Sistema de indicadores
• Según el Monitoreo de Indicadores del Estado (Mide Jalisco), en 2012, el 90% de las unidades del transporte público en circulación cumplía con el requisito de una antigüedad no mayor a 10 años.
• El corte más reciente (junio de 2015) revela que apenas se avanzó al 91.5% en este tenor.
• El dictamen presentado por el Instituto de Movilidad en diciembre pasado, durante la última sesión de la Comisión de Tarifas, expone que hay 1.5 millones de usuarios del sistema de transporte público en el Área Metropolitana de Guadalajara.
NUMERALIA
El parque
270 rutas del transporte público convencional hay en la zona metropolitana.
5 mil 200 unidades del transporte público convencional (camiones) hay en la ciudad.
empresas de transporte.
organismos públicos descentralizados en la materia.
LA VOZ DEL EXPERTO
Tapatíos actúan en función de cómo observan los vehículos
Luis Álvarez (director del Centro de Estudios Metropolitanos de la UdeG).
Mantener los entornos urbanos en buenas condiciones disminuye el vandalismo. Así lo establece la teoría de la ventana rota. Y los tapatíos actúan exactamente igual: si las unidades que los transportan se encuentran en mal estado, sus usuarios las tratarán igual.
Así se explica que el Tren Ligero y el Macrobús se encuentren limpios y libres de grafiti en términos generales, y los camiones estén abarrotados de éstos.
En la opinión del experto, la videovigilancia no sólo no incide en un buen comportamiento del ciudadano, sino que es “provocador”.
“Cuando algo parece olvidado y sucio, sin un trato adecuado, la gente lo maltrata. Así operamos. Más que un tema de cultura como comportamiento general, es una respuesta a las instituciones, si éstas cuidan lo que es público, los ciudadanos actuarán igual”.
Por eso, los concesionarios del servicio deben obligarse a mantener las ventanas limpias. A la larga, expone, los costos por mantenimiento se irán reduciendo.
“Más que llevar policías a todas las unidades, lo que la autoridad debería hacer son mecanismos de certificación de limpieza”. Y en éstos, sugiere que se involucre la Secretaría de Movilidad.  
Entonces, la respuesta debe ser institucional por todas las partes.
INSTITUTO LUIS GARIBAY
Gana concurso ecológico
Por su dedicación y esfuerzo en la constante aportación de plásticos y material reciclable, recientemente los usuarios de la Ruta 380, que recorre todo el Periférico, fueron “reconocidos” con el primer lugar en un concurso ecológico que realizó el Instituto Luis Garibay, ubicado en la Colonia Las Pintitas, de El Salto.
Allí estudia Ariel, hijo del conductor Adrián Álvarez, quien contribuyó para lograr ese primer puesto sólo haciendo su trabajo: recoger todos los desechos que arrojan los pasajeros a su unidad durante cada viaje.
Los organizadores del certamen le entregaron de inmediato el primer lugar a Ariel cuando colocaron en la pesa todo lo que el conductor obtuvo al limpiar su camión.
“Fue mucho. No sé exactamente cuánto dio en la báscula, pero nos lo llevamos (el triunfo) fácil”, recuerda Adrián Álvarez. Sin saberlo, los pasajeros de la Ruta 380 (y sus hábitos de arrojar desperdicios adentro del camión) lograron que Ariel gozara de una función exclusiva de cine, unas palomitas y un jugo.
Pero la basura que arrojan los pasajeros y el grafiti que invade las unidades es el menor de los problemas para los choferes de la Ruta 380. Adrián, por ejemplo, acude a su trabajo armado de paciencia, pues sabe que recibirá muchos insultos durante su jornada. “Y eso nomás sobre los insultos que escucho… ¿Imagínate de los que no me entero?”.
Como conductor de la Ruta 380 no es necesario cometer infracciones, sólo detenerse y abordar pasaje.
“Los pasajeros se enojan porque el que iba adelante no les dio la parada del camión. Pero siempre vamos llenos y muy seguido es imposible detenerse y subir a más personas”.
En un viaje “tranquilo”, Adrián viaja acompañado con 40 personas adentro del camión. Y durante las horas pico la cifra queda a poco de los 80. Por eso las fricciones son constantes.
“Un día se subió un señor chaparrito. Iba con su esposa. Me retó a los golpes porque los de adelante no se habían detenido y cuando se subió le pedí que se recorriera para que le permitiera subir a más gente. Lo ignoré. Le dije: ‘Señor, viene con su esposa, mejor no dé espectáculo’. Igual siguió insultándome”.
Hay una regla no escrita en la 380. Los conductores de la ruta más solicitada en el Área Metropolitana de Guadalajara tendrán decenas de oportunidades para un enfrentamiento con los pasajeros.
“Por eso trato de controlar la presión, el estrés. Compro unos chicles o juego con una pluma o un lápiz en la boca. Y pues mantener la calma; no responder a cualquier agresión del pasaje. Porque en un turno, si uno fuera bueno para los golpes, creo que sí me pelearía unas 20 veces”.
Adrián Álvarez habla únicamente por las confrontaciones con los pasajeros. En esa probabilidad de un conflicto físico no incluye los altercados con otros vehículos ni el estrés por el tráfico.
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