14.10.16

CUANDO LOS GOBIERNOS HABLAN DE BICICLETAS



Felipe Reyes.- La realidad es que no es sólo aquí. En todo el mundo, en alguna u otra medida, las bicicletas han ido recuperando su posición como un medio para transportarse. Hoy son muchos los gobiernos del mundo que por moda, o por pose, o por un interés de tipo ambiental, o por dar una determinada imagen, implementan políticas públicas orientadas a promover la bicicleta.
El problema es que, ante el cambio de paradigma en la transportación urbana, la inmensa mayoría de la gente simplemente no entiende bien a bien de qué se trata, incluidos, claro, políticos y funcionarios públicos.
La última década nos ha mostrado lo difícil que ha sido vencer los prejuicios sobre la bici y aún hoy hay quien cree que la bici es un juguete infantil, o que hay que vestir con ropa deportiva ajustada, o que el uso de casco debiera ser obligatorio. La última década nos ha regalado una enorme base de datos para hacer memes de políticos y personajes públicos que quieren verse a sí mismos pedaleando; desde asientos demasiado bajos, caídas abruptas, y los más ridículos vestuarios -del “pants” a la licra-; hasta el inolvidable casco ciclista volteado de una senadora mexicana.
Pero la bici no puede ser sólo una pose para la foto. De hecho, la prisa protagonista de muchos gobiernos ha resultado nociva para la bicicleta ya que el desarrollo de propuestas fallidas y disfuncionales ha abonado, en muchos casos, a generar una percepción equivocada sobre lo que una política pública integral de desarrollo del uso de la bicicleta puede significar.
Pareciera que la bici se adapta a cualquier agenda política superficialmente, pero no es necesariamente así. Aunque los gobiernos de derechas en el mundo han promovido a la bicicleta como una herramienta de libertad, salud y empoderamiento individual, la realidad es que las políticas a favor de la bici invariablemente están insertas en una agenda política incluyente que promueve una cierta igualdad social y que busca proveer condiciones de equidad a su ciudadanía. La bici en sí misma representa la posibilidad de muchos de tener a su alcance un cierto nivel educativo, empleo o desarrollo social.
A pesar de lo confuso que pueda ser, especialmente en nuestro país donde a veces los políticos de derecha quieren parecer de izquierda y viceversa, la realidad es que la promoción de políticas públicas orientadas a mejorar e incrementar el tránsito ciclista debe estar respaldada ideológicamente por el resto de las políticas en su conjunto de un gobierno determinado.
Es decir, no se puede encabezar un gobierno homofóbico, machista o simplemente elitista y en paralelo pretender hipócritamente impulsar condiciones de equidad en la vía pública.
Y el impulso a la bicicleta es, en el fondo, eso.
Una agenda para el ciclismo urbano debe estar inserta en programas que apuntan a consolidar redes de movilidad sustentable -en conjunto con el transporte público y el tránsito peatonal-; debe responder a la necesidad de reconocer el derecho de la gente a habitar su ciudad; debe tener una visión profundamente social que reconoce a las personas, como personas con iguales derechos y obligaciones; y debe promover un gran proceso de renovación del espacio público, de la manera en que la ciudadanía hace uso de las vías urbanas y de la manera en que regulamos ese uso.
El problema es que muchos gobiernitos, luego quieren disfrazar cierta inoperancia en otros rubros y pues suele ser fácil y popular salir a tomarse la foto en bici. Si bien es cierto que el que muchos se tomen la foto puede ser positivo, ya que crea una cierta proclividad a buscar promover la bici -o a enterarse sobre cómo hacerlo- también ya es hora de hacer distinciones claras entre aquellos que sólo buscan ganar imagen y aquellos que en realidad buscan promover condiciones de equidad social.
Y eso sólo se lee en las letras chiquitas.

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