28.10.16

>DE GENERACIONES




Felipe Reyes.- Hace unos tres o cuatro meses, un amigo de unos 30 años y que se dedica al cine me preguntaba hacia dónde crecerá el sistema Mibici. La razón de su pregunta no era mera curiosidad aleatoria, me explicó que estaba buscando mudarse de departamento y buscaba encontrar una alternativa de vivienda en donde pudiera moverse con facilidad en la ciudad sin usar un automóvil y como todos sus destinos habituales ya son cercanos a alguna estación de bici pública, pues vivir dentro de los polígonos haría más simples sus desplazamientos.
Esta lógica no es circunstancial. En las ciudades donde se implementan sistemas de bicicleta pública los barrios y colonias que cuentan con servicio suelen sufrir un aumento en la demanda de renta tanto para fines comerciales, como para habitacionales. En la medida que la bicicleta se va consolidando como un elemento habitual en las calles de la ciudad y las personas van comprendiendo los beneficios de contar con un sistema de bicicleta pública, los valores de las fincas en zonas con bici pública y su rentabilidad suele incrementarse paulatinamente en relación a zonas que no cuentan con el servicio.
Sin embargo aún no se entiende así aquí. La lógica de la bicicleta parece estar a años luz del entendimiento de un grupo generacional mayor que simplemente no entiende cómo es que creen que alguien podría realizar sus actividades diarias a bordo de una bicicleta.
En Guadalajara ya hay decenas de miles de personas, especialmente jóvenes, que aun pudiendo hacer uso de un automóvil, prefieren trasladarse en bicicleta para hacerlo de manera más eficiente, no sólo en temas ambientales o éticos, sino también de productividad.
También es de destacarse un cierto entusiasmo colectivo y satisfacción al conocer las políticas que han venido visibilizando a la bicicleta en la ciudad que se puede percibir como una constante entre personas menores a 35 años, en ambientes laborales jóvenes y en centros universitarios o bachilleratos.
Pero a pesar de esta evidente aceptación de las generaciones emergentes, también es de destacarse la oposición de grupos vecinales, habitualmente conformados por personas con promedios de edad rondando los 55 años o más, en círculos habitualmente conservadores.
Hace unos meses también, una señora mayor que renta un inmueble para espacios comerciales me externaba su preocupación de que al colocar una estación de bici pública en la calle afuera de su finca no podrá rentarla por la falta de estacionamiento en la zona. Le expliqué que la estación favorecía los viajes que no demandan espacio y que es justo una respuesta a esa problemática que se padece prácticamente en toda la ciudad. La estación ahora funciona y su finca está rentada. Probablemente aún no sea obvio el beneficio de tener una estación enfrente, pero muy pronto lo será en la medida que generaciones ya habituadas al uso de la bici vayan tomando el control de empresas, entidades productivas y gobiernos.
La diferencia generacional también se nota en medios de comunicación. Mientras los medios orientados a jóvenes suelen celebrar la infraestructura ciclista y las políticas en torno a la bicicleta, los medios más tradicionales, algunas estaciones de radio y diarios de corte más conservador o resistente a los cambios, suelen cuestionar con dureza los espacios ganados recientemente por las bicicletas.
Lo bueno es que la ciudad está debatiendo y pensando el futuro. El tiempo dirá.

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