Automóviles contra ciclovías

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx/El Informador


Hace poco más de 130 años, cuando en pleno porfiriato se construía el ferrocarril para conectar al país, una pequeña población, conservadora y tranquila, en el Estado de Durango, llamada Lerdo, se negó rotundamente a que el monstruo de acero pasara por sus territorios. Decidieron entonces construir la estación del ferrocarril fuera de la ciudad, del otro lado del río, ya en territorio de Coahuila, dentro de un paraje llamado el Rancho del Torreón. Hoy, ahí existe una ciudad pujante llamada Torreón que tiene al lado, como una colonia más, un pintoresco pueblito donde la gente va a comprar helados y solo a eso: Lerdo.

La anécdota viene a cuento por la reacción de muchas colonias tapatías en contra de las ciclovías. Un caso emblemático en la anterior administración en Zapopan fue el de Santa Margarita, donde el problema vial por supuesto que no es la ciclovía, sino el número de cotos cerrados que se han autorizado en la zona y tienen estrangulada la movilidad. Ahora son los vecinos de Marcelino García Barragán (Boulevard a Tlaquepaque) quienes se quejan que la construcción de las ciclorutas le han dado en la torre a la movilidad. Para los habitantes de la zona es la ciclovía lo que estorba al libre flujo de los automóviles.
En realidad lo que estorba, tanto al flujo de automóviles como el de bicicletas, son los autos estacionados. Si quitáramos el estacionamiento de las grandes vías habría espacio para todos, automóviles, transporte público y bicicletas, pero en esta ciudad todos quieren estacionarse justo frente al lugar donde van, sin importar si obstruyen banquetas, paso de personas discapacitadas o incluso si atoran la vialidad porque cierran un carril (las intermitentes, por cierto, no son una licencia para violar reglamento de tránsito, se inventaron para avisar de un auto detenido por alguna emergencia).
Negar las ciclovías es el equivalente contemporáneo al rechazo que hicieron los habitantes de Lerdo al ferrocarril. Las ciudades modernas tienen que cambiar la forma de moverse, y eso requiere abrir espacios a la movilidad no motorizada. En la feroz competencia de la economía de ciudades la movilidad sustentable es una condición sine qua non. Tenemos que crear infraestructura para las bicicletas, tal como hace años lo hicimos para otras formas de movilidad.
Si no cabemos todos en una sola calle, hay que habilitar rutas alternas. Si se requiere más espacio para automóviles hay que quitárselo a los automóviles estacionados, no al peatón, no a la bicicleta. Lo que está en juego es el futuro de la ciudad, no, como creen algunos, una moda pasajera.

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