4.11.16

LA OCURRENCIA DE LAS BICICLETAS




Felipe Reyes.- Poco más de 2 millones de automóviles se mueven en la ciudad de Guadalajara generando prácticamente 4 millones de viajes en carro todos los días. Cerca del 85% de las emisiones contaminantes que respiramos los tapatíos provienen de autos particulares. La congestión en la ciudad ha reducido la velocidad de los desplazamientos en automóvil a menos de 14 kilómetros por hora afectando la productividad de la ciudad y condenando a millones de tapatíos a pasar años de sus vidas encerrados en un automóvil.
Todas las zonas urbanas con alguna actividad económica regular padecen de una constante invasión de autos estacionados donde se dan vicios como, invasiones a banquetas, bloqueos a cocheras, dobles filas de estacionamiento, etc.
Los automóviles han deteriorado alarmantemente la calidad de vida en la ciudad -sin que nos demos mucha cuenta de ello- y a pesar de las decenas de miles de millones de pesos que la metrópoli ha invertido en infraestructura para agilizar el tránsito vehicular o para albergar estacionamientos; el crecimiento del parque vehicular ha rebasado toda expectativa, consumido todo recurso y ocupado cada espacio disponible.
En prácticamente toda la ciudad uno puede escuchar vecinos quejándose del tráfico, de los problemas de estacionamiento, de los bloqueos a sus cocheras, de la dificultad para entrar o salir de algún punto, del ruido en zonas que solían ser tranquilas, del caos en general.
Y tienen razón. Pocas cosas me parecen más correctas que un buen ciudadano buscando, sinceramente, mejorar el contexto en que habita. El problema es cómo.
Por otro lado, pocas ciudades en el mundo cuentan con condiciones tan favorables como Guadalajara para el uso de bicicletas: una topografía prácticamente plana, una población mayoritariamente joven, un clima apto casi todo el año, una concentración focalizada de las áreas de actividad económica que provoca que la mayoría de desplazamientos de los tapatíos sean menores a los 5 kilómetros y un 70% de desplazamientos unipersonales y sin carga realizados por personas perfectamente sanas.
Pero sobre todo, Guadalajara posee un gran movimiento de organizaciones de la sociedad civil que han promovido y promueven desde los paseos dominicales de las vías recre-activas –la segunda más grande del mundo- y recorridos nocturnos de apropiación de la calle; hasta congresos, foros de análisis de la movilidad y estudios que han generado un amplio conocimiento en la materia.
Desde hace más de 10 años, la metrópoli y el estado de Jalisco han realizado estudios para la movilidad ciclista que parten desde el Plan Maestro de Movilidad no Motorizada que contempla casi 1500 kilómetros de posibles corredores ciclistas, y que hoy están sintetizados en el Programa Metropolitano de Vías Ciclistas que prioriza la consolidación de la primera red de 200 kilómetros.
El sistema de bicicleta pública ya facilita la movilidad humana en zonas que, de antemano, tienen problemáticas fuertes de accesibilidad en automóvil y que seguramente serán aún mayores en la medida que se siga incrementando el parque vehicular. Además se han analizado barrios, calles y corredores secundarios donde, con tipologías y presupuestos más modestos se han agregado señaléticas que faciliten el tránsito de bicicletas y su conectividad en red.
Hace poco, la legislatura actual, con la misma visión de futuro que el gobierno ejecutivo estatal y los municipales, modificó la ley para dar seguridad a la bicicleta, garantizar los derechos y obligaciones del ciudadano que se desplaza en bici y generaron obligatoriedad a los gobiernos para dar cabida a la bici en todas, sí, en todas las calles de la ciudad.
El espacio ganado por las bicicletas en la ciudad no es una ocurrencia, es un proceso largo de estudios técnicos y gestión ciudadana que se ha venido consolidando lentamente, que ha representado el esfuerzo de muchísimas personas y que ofrece una alternativa real a la ciudad.
Ciertamente falta “socialización”, que por cierto significa “proceso mediante el cual los individuos pertenecientes a una sociedad o cultura aprenden e interiorizan un repertorio de normas, valores y formas de percibir la realidad” y no el vulgar “aviso” que pueda creer algún pseudo-reportero de dudosa reputación.
Pero la socialización que viene no sólo depende del gobierno; si bien requiere de la existencia de un mínimo de infraestructura ciclista que conecte las zonas más importantes y que permita una buena experiencia ciclista para el ciudadano y que se cuente con las normativas apropiadas; depende más de una sociedad civil que logre contagiar a otros la voluntad por pertenecer a una mejor ciudad y que tengamos conciencia real de las distancias y lo eficiente y cómodo que puede llegar a ser moverse a bordo de una bicicleta.

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