11.11.16

NO ESTAMOS CONSTRUYENDO CICLOVÍAS




Felipe Reyes.- Ha tomado años gestar y promover la idea de otorgar a nuestra ciudad la alternativa real de desplazarse masivamente en bicicleta. Organizaciones civiles, académicas y todo tipo de manifestaciones desde lúdicas hasta de confrontación han sido parte de esfuerzos colectivos para comunicar los beneficios de ser una ciudad apta para pedalear, acompañada por un transporte público de calidad que disminuya y retire la prioridad histórica que hemos otorgado a los automóviles.
Hoy parece haber un acuerdo, al menos en lo general, de todos los gobiernos municipales y estatales y organizaciones ciclistas y pro movilidad sustentable, tanto al respecto de la necesidad de impulsar la infraestructura ciclista, como de los cómo deben ser las vías ciclistas. A pesar de ese acuerdo digamos implícito, que hace unos años parecía imposible, los vecinos directos en diferentes proyectos suelen cuestionar con dureza lo que está pasando.
Los escenarios y las reacciones son diferentes en diferentes partes: hay barrios en los que una simple línea pintada en el piso es respetada de inmediato y genera dinámicas que propician compartir la calle sin mayor problema, sucede en Santa Tere, por ejemplo, donde ante el borrado de la pintura de alguna señalética horizontal un grupo de vecinos se organizó para repintar y asegurarse que el espacio otorgado a la bici no fuera a perderse. En otros casos los balizamientos simplemente se han respetado a la primera, sin mayor problema, modificando dinámicas de calles enteras estructurando un orden inmediato para todos los usuarios de la calle.
Pero no en todas partes es así. Aunque son significativamente minoritarios los casos en los que los vecinos rechazan la nueva señalética y reparto de la calle, estos vecinos suelen llamar la atención con más fuerza y ocupar notas en medios que propician una percepción equivocada de la infraestructura para las bicicletas.
Por eso es importante comunicar hasta el cansancio y a fondo, tanto la problemática que padece la ciudad en materia de movilidad, como los beneficios que las infraestructuras y las redes ciclistas generan. Y atender, en específico a las personas que piensan que una ciclovía les quita algo, o les provoca alguna afección. Hay que dejar claro que en ningún caso es así.
Para eso habría que escuchar con paciencia los argumentos de ciudadanos –justamente cansados por la misma problemática de movilidad que todos enfrentamos- y distinguir los que tienen razón de ser y los que no.
No es lo mismo que a una persona con algún tipo de discapacidad tenga que enfrentar nuevos obstáculos por alguna infraestructura nueva, que el argumento típico de algún comerciante que cree –equivocadamente- que al tener más cajones de estacionamiento obtendrá mejores ventas.
Gran parte de los sectores inconformes simplemente ignoran los problemas de fondo y puede ser relativamente fácil explicarlos y sensibilizar al entorno de las necesidades reales de consolidar una alternativa ciclista. Para esta alternativa es fundamental el apropiamiento de los ciudadanos ya que la voluntad de modificar hábitos de movilidad tiene que ser personal.
No es lo mismo si un grupo intransigente o politizado simplemente busca bombardear un proyecto por ser de algún gobierno, o si su oposición responde a intereses económicos, mero egoísmo a la incapacidad para compartir la calle.
Los problemas son reales: la pérdida de tiempo humano en el tráfico es real, la contaminación atmosférica, los problemas de salud por sedentarismo y el cambio climático –aunque Trump crea que no- son reales. Y como tales requieren una serie de respuestas firmes de parte no sólo del gobierno sino de toda la sociedad.
Pero en el caso de las bicis es importante que lo hagamos de la mano de la gente. Aunque es importante la existencia de infraestructura y señalética, también lo es dialogar incluso con los mayores detractores y tratar de entender sus posturas y comunicar los beneficios. La promoción exitosa del uso de la bicicleta depende del entendimiento ciudadano que lleve a la decisión paulatina individual de hacer viajes a bordo de una bicicleta.
Debemos entender que no estamos construyendo ciclovías sino transformando el paradigma de movilidad.

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